NASA lanzó una misión robótica sin precedentes para salvar al telescopio espacial Swift, que está perdiendo altura de forma acelerada y corre riesgo de desintegrarse en la atmósfera terrestre. El operativo, bautizado Swift Boost y valuado en 30 millones de dólares, envió una nave robótica equipada con tres brazos mecánicos capaces de capturar y remolcar al observatorio hacia una órbita segura, en lo que constituye la primera misión de este tipo en la historia espacial.
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La nave, llamada LINK y desarrollada por la startup Katalyst Space Technologies, despegó el 3 de julio desde un atolón en las Islas Marshall, en el Pacífico, a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, lanzado desde el avión Stargazer. El Observatorio Swift, operativo desde 2004 y valuado en 250 millones de dólares, estudia estallidos de rayos gamma, las explosiones más poderosas del universo. La intensa actividad solar registrada desde 2024 expandió la atmósfera terrestre y aceleró la caída del satélite, que sin intervención se habría desintegrado antes de fin de 2026.
Cómo fue la misión robótica de la NASA
LINK pesa unos 425 kilos y cuenta con paneles solares de 6 metros que generan 4 kilovatios de energía, motores iónicos de xenón de bajo consumo y 16 propulsores de orientación. Tras el lanzamiento, la nave pasará varias semanas realizando controles de sus sistemas de navegación antes de iniciar el acercamiento a Swift. Luego fotografiará el telescopio desde distintos ángulos para identificar el punto óptimo de sujeción, ya que el deterioro del aislamiento térmico del satélite –similar al que sufrió el Hubble en sus misiones de servicio– genera incertidumbre sobre su estado real tras dos décadas en órbita.

Una vez ubicado el punto de agarre, LINK usará sus tres brazos robóticos para acoplarse a una brida estructural no operativa del telescopio. A partir de ahí, sus motores iónicos comenzarán un remolque lento y progresivo, de entre 10 y 12 semanas, para elevar a Swift unos 300 kilómetros hasta devolverlo a su altitud original de aproximadamente 600 kilómetros, extendiendo su vida útil una década más.
Un antecedente para futuras misiones
Katalyst tuvo apenas nueve meses, desde su selección por NASA en septiembre pasado, para diseñar, construir y lanzar una nave capaz de ejecutar una maniobra de acoplamiento nunca antes intentada sobre un satélite que no fue diseñado para ser reparado en órbita. Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de NASA, calificó la operación como “una acumulación de primeras veces” y remarcó que la agencia no cuenta con presupuesto para construir un reemplazo de Swift.
Si la maniobra resulta exitosa, sentará un precedente clave para la industria espacial comercial: Katalyst ya proyecta una próxima generación de robots de servicio capaces de operar hasta 36 mil kilómetros de altura, reparar, reabastecer y hasta ensamblar infraestructura en órbita. Entre los próximos candidatos a un rescate similar figura el propio telescopio Hubble, que enfrenta un proceso de caída orbital comparable al de Swift.




