El Departamento de Salud de los Estados Unidos y los CDC, bajo la influencia de Robert F. Kennedy Jr., quedaron en el centro de una fuerte controversia internacional por la financiación y el impulso de un ensayo clínico masivo sobre la vacuna contra la Hepatitis B en recién nacidos de Guinea-Bissau, en África Occidental. Diversas organizaciones de salud pública, entre ellas la Organización Mundial de la Salud, y expertos bioeticistas han calificado la iniciativa de profundamente antiética, al punto de compararla con oscuros episodios de la historia médica moderna.
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El caso de Hepatitis B en África: cómo impacta
La Hepatitis B es un virus letal que ataca gravemente el hígado. Cuando un bebé se contagia al nacer o en sus primeras semanas de vida, existe hasta un noventa por ciento de probabilidades de que la infección se vuelva crónica y derive con los años en cirrosis o cáncer. Para prevenir este escenario, el estándar mundial recomendado por la OMS desde hace décadas consiste en administrar la dosis al nacer dentro de las primeras veinticuatro horas de vida.

El ensayo, liderado en el terreno por investigadores daneses del Bandim Health Project y respaldado económicamente por agencias sanitarias estadounidenses, busca analizar supuestos efectos no específicos o riesgos colaterales de aplicar la vacuna el primer día de vida. Para llevar a cabo el experimento, el diseño del estudio contempla inscribir a unos catorce mil bebés: a la mitad se le administrará la dosis de nacimiento habitual, mientras que a la otra mitad se le retendrá la vacuna durante sus primeras semanas para comparar la evolución de ambos grupos.
La polémica detrás del ensayo de Robert F. Kennedy Jr
Las críticas de la comunidad internacional se concentran en la privación intencional de un tratamiento preventivo cuya eficacia ya está probada. En una región con altísima prevalencia de Hepatitis B, negar la vacuna a miles de recién nacidos los expone de forma innecesaria a una enfermedad que puede resultar mortal. Además, bioeticistas y diplomáticos señalan una evidente doble moral, ya que este tipo de diseño experimental sería jurídicamente inaceptable en Estados Unidos o Europa por violar la Declaración de Helsinki.
Diversos infectólogos advierten que se está aprovechando la falta de recursos de un país en desarrollo para poner a prueba teorías escépticas sobre la inmunización, destinando millones de dólares a sembrar dudas en lugar de garantizar el acceso universal a las dosis.

El rechazo de las instituciones médicas fue rotundo, e incluso algunos científicos calificaron la iniciativa como una versión contemporánea del Experimento Tuskegee, aquel estudio del siglo pasado donde se privó de tratamiento a hombres afroamericanos con sífilis para observar la evolución natural del cuadro.
La intervención de Robert F. Kennedy Jr. en la política sanitaria global reaviva los antecedentes de su actuación en Samoa en 2019, cuando sus campañas contra la vacunación coincidieron con un desplome en las coberturas y un posterior brote de sarampión que provocó más de ochenta muertes infantiles. A pesar del rechazo de sectores locales y de las suspensiones previas del proyecto, los intentos por reestructurar los protocolos y reanudar las pruebas mantienen en alerta a las organizaciones de derechos humanos.




