La guerra en Medio Oriente comenzó a surtir efecto en la economía de China. Si bien los datos oficiales reflejaron una expansión de la actividad industrial, tanto expertos como relevamientos privados independientes detectaron que los precios de los insumos escalaron y los tiempos de entrega se alargaron. Esto se debe a que el petróleo está más caro y a que las disrupciones en el transporte marítimo se trasladan a los costos de la segunda mayor economía del mundo.
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El efecto de la guerra en Medio Oriente: los precios industriales chinos en alza
El índice de Gestión de Compras Manufacturero (PMI) de China, que es el principal indicador del estado de la industria que publica el gobierno cada mes, mostró una nueva expansión, lo que se traduce en el crecimiento del sector productivo. Sin embargo, cuando los analistas miraron en detalle los subíndices que componen ese número, encontraron datos que generan preocupación.
Los precios de compra de materias primas treparon hasta su nivel mensual más alto desde 2022, que fue el momento en que la guerra en Ucrania había disparado los precios de los commodities a escala global.

Los precios de fábrica, es decir, lo que cobran los fabricantes por sus productos, alcanzaron su punto más alto en cuatro años. Al respecto, advierten que esta dinámica sugiere que la presión inflacionaria se va a intensificar en los próximos meses.
En consecuencia, la principal advertencia es que unos precios altos sostenidos en el tiempo podrían empezar a frenar la actividad económica de manera más significativa.
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Por ahora, los analistas reconocen que China está en una posición relativamente sólida para absorber este obstáculo en el corto plazo. Pero si los precios de la energía siguen altos y las disrupciones en el transporte marítimo persisten o empeoran, la situación podría volverse bastante más difícil.
China en la guerra de Medio Oriente: de beneficiado a gran afectado
En los primeros meses del conflicto, la situación parecía favorable para China. Con el petróleo en alza y la demanda global de manufacturas sostenida, sus exportaciones se mantuvieron y el país logró posicionarse como un proveedor estable en un contexto de incertidumbre internacional.
Además, China había diversificado en los últimos años sus fuentes de abastecimiento energético, lo que le permitió mitigar en parte el impacto directo del conflicto sobre su suministro de petróleo. Esa capacidad de adaptación le dio al gobierno chino cierto margen de maniobra inicial frente a la crisis.

Sin embargo, expertos describieron un cuadro concreto de deterioro. La inflación de los insumos se aceleró hasta su nivel más alto en tres años, los precios de los productos finales subieron al ritmo más veloz en cuatro años y los plazos de entrega de los proveedores se alargaron a un mayor ritmo desde finales de 2022. Ese último punto es especialmente relevante, porque cuando las entregas se demoran, toda la cadena de producción se complica y las fábricas pierden eficiencia.
La guerra en Medio Oriente sigue siendo el principal motor detrás de estas presiones. El petróleo caro y la volatilidad en los precios de las materias primas no son fenómenos pasajeros mientras el conflicto continúe. De hecho, es probable que ese factor inflacionario represente una carga cada vez más pesada para los fabricantes chinos durante los próximos meses.




