El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que prometió ejercer mayor presión sobre el gobierno de Irán, ahora incentivó a los manifestantes a “tomar control de las instituciones” y prometió ayuda en el corto plazo.
El gobierno iraní reconoció en las últimas horas que la cifra de muertos escaló a los 2.000 fallecidos, producidos en el marco de la represión de las fuerzas de seguridad tras la expansión descontrolada de las protestas de ciudadanos en las grandes ciudades.
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Irán: 2.000 muertos en una semana de protestas
Un alto cargo iraní aseguró de forma anónima a Reuters que alrededor de 2.000 personas murieron en las protestas que sacuden el país, una cifra muy superior a la manejada hasta ahora por organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales que informaban entre 500 y 600 fallecidos.
El funcionario atribuyó las muertes de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad a “terroristas”, aunque el número de casos excede por mucho a manifestaciones como las ocurridas en 2009 y 2019, cuando cientos de miles de personas salieron a las calles a reclamar por el precio del combustible.

Esta vez, las protestas iniciaron el 8 de enero de 2026 con una motivación económica: la alta inflación que habría llegado al 42% en 2025 y la devaluación del Rial, que erosiona los ingresos de millones de familias iraníes.
Rápidamente, los reclamos se extendieron a más de 27 ciudades en distintos puntos del país, incluyendo Teherán. El régimen realizó más de 10.000 detenciones y ordenó un apagón de internet y telefonía para evitar la coordinación de los manifestantes, así como la reproducción de imágenes en el extranjero.
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Estados Unidos presiona a Irán por la represión
Tras amenazar con una intervención si Teherán reprimía a los manifestantes, Donald Trump anunció en sus redes sociales que, con efecto inmediato, cualquier país que realice transacciones comerciales con Irán pagará un arancel del 25% en sus negocios con Estados Unidos.
Esta estrategia forma parte de una campaña de “máxima presión” para debilitar al régimen iraní, que enfrenta las sanciones internacionales por su programa nuclear, las consecuencias de los ataques de Israel y EE. UU. a sus instalaciones nucleares en 2025 y ahora las protestas masivas que comenzaron hace semanas.

La medida arancelaria busca aislar aún más al régimen de Teherán y presionar por cambios políticos ante la creciente violencia estatal contra manifestantes, pero pone en alerta a las principales economías con vínculos comerciales con Irán, como China, Turquía, Emiratos Árabes Unidos e Irak, que podrían verse afectadas por las nuevas sanciones económicas.
Pekín reaccionó rápidamente y advirtió que protegerá sus “legítimos derechos e intereses”, y que una guerra arancelaria perjudica el comercio global y no beneficia a ninguna parte.
La Casa Blanca señaló que, aunque no descarta opciones militares, por ahora prioriza la diplomacia y las sanciones económicas como herramientas para forzar cambios políticos en Teherán.




