Irán atraviesa un período de tensión interna marcado por manifestaciones masivas y un fuerte despliegue de las fuerzas de seguridad como herramienta represiva. Este escenario se desarrolla bajo un sistema político vigente desde la Revolución Islámica de 1979, en el cual el poder real está estructurado en torno a un liderazgo religioso que condiciona las principales decisiones del Estado.
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De hecho, entre los factores que motivan las protestas aparece el propio régimen político, junto con el deterioro económico y la negativa ante las respuestas represivas del aparato estatal iraní.
Irán: qué es y cómo surgió el régimen de los ayatolas
El régimen de los ayatolás es un sistema político-religioso en el que la autoridad del Estado se basa en la interpretación del islam chiita y está supervisada por el clero. A diferencia de una teocracia clásica, Irán combina instituciones electas con órganos no electivos que responden al liderazgo religioso y tienen poder de veto sobre el sistema político.

El ayatolá, en concreto, significa “señal de Dios”, y es el título de mayor jerarquía dentro de la pirámide de poder religiosa del islam chiita. Se considera una élite religiosa e intelectual, por lo que, para ser reconocido como tal, un clérigo debe completar estudios avanzados, conocidos como Dars-e-Kharej, y demostrar su capacidad para interpretar leyes sagradas. No existe una cifra fija de cuántos hay en el mundo.
Este modelo se consolida tras la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah Mohammad Reza Pahlavi y puso fin a la monarquía apoyada por Estados Unidos. A partir de ese proceso, Irán pasó a definirse como una república islámica, donde la religión dejó de ser un ámbito separado del poder político.
La nueva Constitución, aprobada ese mismo año, incorporó el principio de la Vilayat-e Faqih, o tutela del jurista islámico. Esta doctrina establece que un clérigo con amplio conocimiento religioso debe ejercer la autoridad suprema para garantizar que el Estado se rija por los principios del islam chiita.

El liderazgo religioso adquirió así un rol institucional permanente, con capacidad de supervisar a los poderes del Estado y de intervenir en la vida política. El régimen se presentó como un modelo alternativo tanto a las monarquías regionales como a los sistemas democráticos occidentales.
Desde entonces, el sistema político iraní se mantuvo con cambios limitados, preservando el predominio clerical como eje central de su organización estatal.
Cómo se estructura el poder en Irán y quién toma las decisiones clave
En la cúspide del sistema político iraní se encuentra el Líder Supremo, actualmente Ali Jamenei, máxima autoridad religiosa y política del país desde 1989. Su figura concentra un poder amplio, ya que tiene control sobre las Fuerzas Armadas, la Guardia Revolucionaria, el Poder Judicial y los principales organismos de seguridad e inteligencia.

Debajo de esa estructura funciona el gobierno electo. El presidente, hoy Masoud Pezeshkian, elegido por voto popular, encabeza el Poder Ejecutivo y administra el día a día del Estado, pero su margen de acción es limitado. No tiene control directo sobre el aparato militar ni sobre las grandes líneas de la política exterior, áreas que responden al liderazgo religioso.
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Un actor clave en este esquema es el Consejo de Guardianes, integrado por 12 clérigos y juristas vinculados al sistema. Este organismo revisa las leyes aprobadas por el Parlamento y decide si son compatibles con la Constitución y la ley islámica. Además, tiene la facultad de habilitar o bloquear candidaturas en los procesos electorales.
La Asamblea de Expertos es el último escalafón de la estructura. Está compuesta por 88 clérigos elegidos por voto popular y tiene la función de designar y supervisar al Líder Supremo.




