China respondió con dureza ante la victoria de Sanae Takaichi en Japón, en las recientes elecciones anticipadas. En este contexto, advirtió que cualquier modificación del marco pacifista vigente desde la posguerra podría alterar la estabilidad regional. Además, acusó a la nación insular de enviar señales preocupantes sobre su política de defensa.
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El triunfo del Partido Liberal Democrático, que logró una supermayoría en la Cámara Baja, permite iniciar el proceso para reformar la Constitución japonesa vigente desde 1947, en particular el artículo 9. Este punto es central en el debate sobre el alcance militar del país y su rol en la seguridad del Indo-Pacífico.
Japón: por qué es tan relevante el triunfo oficialista en las elecciones anticipadas
El oficialismo consiguió 316 bancas en la Cámara de Diputados y alcanzó así la mayoría de dos tercios necesaria para iniciar una reforma constitucional. Ese número es clave porque abre una posibilidad que hasta ahora no estaba garantizada en el Parlamento.
En el centro de la discusión aparece el artículo 9, la cláusula pacifista adoptada después de la Segunda Guerra Mundial, que limita el uso de la fuerza a fines defensivos. Cualquier modificación implicaría redefinir formalmente el rol militar del país.

No es un debate nuevo, pero sí es la primera vez en años que el escenario legislativo permite avanzar con mayor margen. Los sectores conservadores sostienen que el marco legal quedó desactualizado frente al actual equilibrio de poder en Asia y en el mundo.
Durante la campaña, Sanae Takaichi, actual primera ministra japonesa, insistió en que el contexto regional exige fortalecer la capacidad de disuasión. El crecimiento militar de China y la presión sobre Taiwán fueron parte central de ese planteo.
China y sus advertencias diplomáticas a su vecino asiático
La respuesta de China no se hizo esperar. El Ministerio de Relaciones Exteriores convocó al embajador japonés en Pekín y expresó su “firme oposición” a cualquier iniciativa que, según su postura, implique abandonar el compromiso pacifista asumido tras la Segunda Guerra Mundial.

En ese sentido, el gobierno chino sostuvo que Japón debe respetar los acuerdos bilaterales firmados desde la normalización de relaciones en 1972 y mantener una posición clara respecto de la política de “una sola China”. Por lo tanto, cualquier referencia a un eventual involucramiento en el Estrecho de Taiwán es considerada una línea roja.
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En paralelo, se registraron advertencias comerciales y controles sobre materiales estratégicos, una herramienta que China ya utilizó en otros momentos de tensión diplomática. Hoy, según Pekín, el fortalecimiento de la política de defensa japonesa, sumada a la alianza con Estados Unidos y a los ejercicios militares en el Indo-Pacífico, forma parte de un escenario de competencia estratégica que trasciende lo bilateral.
Al respecto, analistas regionales coinciden en que, aunque el proceso de reforma constitucional podría demorar, la señal política ya está dada. La relación entre ambos países entra en una etapa de mayor fricción, en un momento sensible para la estabilidad asiática.




