La relación entre la realeza y las Fuerzas Armadas es todavía una constante en varias monarquías de Europa. En los últimos años, distintos miembros de la nobleza participaron activamente en formaciones militares, servicios obligatorios o actividades institucionales vinculadas a la defensa de sus respectivos países.
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En este contexto, la reciente incorporación de la reina Máxima a las actividades del Ejército de Países Bajos se suma a una serie de casos protagonizados por herederos al trono y jóvenes miembros de la realeza europea, quienes mantienen vigente el vínculo histórico entre la Corona y el Ejército.
Realeza europea: quienes integraron recientemente las fuerzas militares
Uno de los casos más relevantes de hoy en día es el de la princesa Leonor de España, quien se encamina como la heredera al trono. Desde 2023, la futura reina realiza una formación militar completa en todas las áreas del Ejército como parte de su formación institucional para asumir en un futuro la jefatura del Estado y, por ende, de las Fuerzas Armadas españolas.

En una situación similar está la princesa Ingrid Alexandra de Noruega, quien se encuentra segunda en la línea de sucesión. Recientemente, completó su servicio militar obligatorio tras más de un año de instrucción en una unidad operativa del norte del país. Su formación se dio bajo el régimen regular de conscripción, compartiendo entrenamiento y condiciones con el resto de los soldados.
Otro caso actual es el del príncipe Christian de Dinamarca, heredero al trono, quien inició su servicio militar en los últimos años. Su instrucción se inscribe dentro de una tradición que la monarquía mantiene desde hace generaciones y que apunta a la formación en disciplina y liderazgo. Además, al concluir su formación como teniente, en junio de 2026, se incorporará como comandante de pelotón en la Guardia Real.
En el caso de Países Bajos, la princesa Amalia, hija de la reina Máxima y heredera al trono, participa de programas de formación vinculados a defensa y seguridad nacional. Si bien no cumple un rol operativo, su preparación incluye contacto directo con las Fuerzas Armadas como parte de su formación institucional como futura jefa de Estado.

A su vez, en Bélgica, la princesa Isabel, también heredera al trono, recibió formación militar básica y entrenamiento en liderazgo dentro de estructuras de defensa, en línea con el rol constitucional que deberá ejercer en el futuro como jefa de las Fuerzas Armadas del país.
La realeza y el Ejército: una tradición histórica que se mantiene en la actualidad
La participación de miembros de la realeza en instancias militares responde, ante todo, a una razón constitucional. En la mayoría de las monarquías europeas, el rey o la reina es formalmente el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, una función que se consolidó a partir del siglo XIX con la formación del Estado moderno y la profesionalización de los ejércitos nacionales.
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En ese esquema, la formación militar cumple un rol institucional. No apunta al mando operativo ni a la participación en combate, sino a que el jefe de Estado y los herederos al trono conozcan de primera mano la estructura, el funcionamiento y los valores dentro de las Fuerzas Armadas, una de las instituciones centrales del Estado.
A esto se suma un factor de legitimidad y representación. La presencia de la realeza en el Ejército busca reforzar el vínculo simbólico entre la nobleza y las Fuerzas Armadas. En concreto, quieren proyectar una imagen de compromiso con la defensa nacional, demostrando cierta cercanía con quienes integran esas estructuras.




