Especial para DEF – Por el Capitán Médico Agustín Folgueira, especialista en Neurología / Medicina del Sueño. Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad de la Defensa Nacional.
La planificación militar moderna suele priorizar el calibre de la munición, la autonomía de los vehículos o la sofisticación de las comunicaciones y de los sistemas de puntería, entre otros muchos factores. Sin embargo, el pasado 3 de enero, durante la operación “Resolución Absoluta“, en Venezuela, entró en juego un sistema de armas mucho más complejo y determinante: el cerebro del combatiente.
- Te puede interesar: Fuerzas Armadas y medioambiente: ¿qué implicancias tiene el debate sobre cambio climático en Defensa?
En ese sentido, como académicos e investigadores en rendimiento militar, desde la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) observamos que este operativo no solo fue un choque de fuerzas, sino un ensayo natural de cronobiología aplicada porque, sin lugar a duda, el descanso probablemente se convirtió en el multiplicador de fuerza decisivo.

El punto crítico: el nadir de las 3 de la mañana
Las funciones del ser humano están regidas por ritmos circadianos, unos ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas, coordinados por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo del sistema nervioso central. Tanto el sueño, como la temperatura, la actividad cardiovascular y las funciones cognitivas presentan este ritmo como mecanismo adaptativo a la vida en el planeta, con un nivel de rendimiento físico y mental elevado durante el día y reducido por la noche.
Cuando se llevó adelante el operativo, por la madrugada (entre las 2 y las 4.30 horas), el personal militar se encontraba en lo que denominamos el “nadir circadiano”: el punto más bajo de la temperatura corporal central y de la eficiencia cognitiva.
En ese horario, la presión del sueño (somnolencia) alcanza su máximo exponente: operar en esta ventana temporal sin una preparación adecuada equivale a combatir bajo los efectos de una intoxicación alcohólica. Es decir, está demostrado que permanecer despierto por más de 17 horas, genera un nivel de alerta similar al que se presenta con una intoxicación moderada por alcohol (0,5 g/l).

Al respecto, las investigaciones de la UNDEF, junto al Colegio Militar de la Nación y las Tropas de Operaciones Especiales del Ejército Argentino (Cazadores de Montaña), demostraron que la privación de sueño degrada la atención sostenida de tal manera que un soldado puede experimentar microsueños; es decir, desconexiones cerebrales de pocos segundos donde el individuo parece estar alerta, pero su cerebro ha dejado de procesar información visual y auditiva.
En un entorno de combate, esos cinco segundos son la diferencia entre identificar una amenaza o caer en una emboscada.
La asimetría biológica: atacante vs. defensor
Probablemente, una de las claves de la operación “Resolución Absoluta” haya sido la asimetría de descanso entre las fuerzas, bajo la óptica de la ventaja del atacante descansado: las tropas en actitud defensiva suelen sufrir una vigilia prolongada debido a la tensión de la espera, la vigilancia constante o fallas en el sistema de rotación de guardias.
En resumen, un defensor que permanece despierto más de 18 o 20 horas, presenta una corteza prefrontal (la zona del cerebro encargada del juicio crítico y la toma de decisiones) severamente fatigada. Lo cual se traduce en una incapacidad severa para mantener la atención sostenida y procesar órdenes complejas, tomar la decisión correcta y una ralentización de los tiempos de reacción motora y de atención sostenida.

Por el contrario, si la fuerza atacante ejecutó una planificación detallada e implementó estrategias de gestión de riesgos asociados a la fatiga -como las elaboradas en el “Manual de gestión de sueño y riesgos asociados a la fatiga para las Fuerzas Armadas”, de UNDEF- su rendimiento será superior al adversario, incluso sin considerar la superioridad tecnológica.
La aplicación de “siestas tácticas” preventivas (breves periodos de sueño de 20 a 90 minutos previos al despliegue) permiten limpiar la acumulación de adenosina en el cerebro, devolviendo al soldado una capacidad de discriminación de blancos que el defensor ya perdió.
| Capacidad Cognitiva | Atacante (Con Siesta Táctica) | Defensor (Vigilia Prolongada) |
| Tiempo de Reacción | Óptimo: <250 ms. | Degradado: >500 ms (doble de tiempo). |
| Precisión de motilidad | Mantiene control motor fino. | Disminución de precisión y puntería. |
| Juicio y toma de decisiones | Alta discriminación amigo/enemigo. | Alta probabilidad de errores de juicio. |
| Comunicación | Clara, uso de protocolos estándar. | Errores en la interpretación de órdenes. |
Cronobiología: el sueño como arma en la operación “Resolución Absoluta”
Para que un operativo de esta magnitud sea exitoso, los mandos militares deben valorar al sueño como una función logística más. Durante “Resolución Absoluta”, eventualmente el uso estratégico de sustancias estimulantes (como la cafeína administrada antes del momento circadiano de menor rendimiento), puede servir como una contramedida temporal para mitigar la inercia del sueño, aunque nunca como un sustituto del descanso real. La degradación del rendimiento físico es notable, pero la degradación cognitiva es catastrófica.

Un soldado fatigado no solo dispara peor; lo que es más grave, deja de entender por qué dispara. Pierde la conciencia situacional y la capacidad de trabajar en equipo, transformándose en un eslabón débil en la cadena de mando. Entonces, se puede especular que el éxito en la operación que Estados Unidos llevó a cabo en Venezuela, “Resolución Absoluta”, no estuvo signada únicamente por el valor, el entrenamiento y la superioridad tecnológica, sino también por quién gestionó mejor su fisiología.
Una mirada estratégica sobre el cerebro del combatiente
A propósito, y consultado para este artículo, el Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNDEF, coronel (retirado) y Veterano de Guerra de Malvinas (condecorado con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” por su actuación en las Islas), doctor Daniel Esteban, destacó que la operación “Resolución Absoluta” permite extraer una enseñanza particular: la superioridad combativa no se define exclusivamente por la tecnología, el armamento o el entrenamiento; hay que mantener una adecuada gestión del sueño y la fatiga.

Para él, la cronobiología, tradicionalmente relegada al ámbito de la salud o el bienestar, emerge aquí como un factor operativo concreto, capaz de inclinar el balance táctico en escenarios de alta exigencia. En este contexto, detalla que una asimetría de descanso entre atacante y defensor puede convertirse en una ventaja estratégica, especialmente cuando una de las partes logra mitigar la fatiga mediante doctrinas de gestión del sueño y contramedidas planificadas.
- Te puede interesar: El mundo secreto de las fuerzas especiales argentinas: quiénes son y qué misiones cumplen
En esa línea, el coronel Esteban es contundente: el descanso deja de ser una variable secundaria para constituirse en unrecurso logístico y doctrinario de primer orden. Por eso, explica que incorporar la gestión del sueño al planeamiento operativo no solo incrementa la eficacia individual, sino que fortalece la cohesión de la cadena de mando, reduce errores de juicio crítico y preserva la conciencia situacional en momentos decisivos.
De hecho, en el campo de batalla moderno, donde la velocidad de la información y la precisión de las decisiones son vitales, quien logra sostener la lucidez cuando el reloj biológico ordena dormir posee una ventaja tan real como cualquier sistema de armas avanzado.
En definitiva, la ciencia del sueño se aprecia como un multiplicador de fuerza, por lo que integrarla de manera sistemática en la formación, el adiestramiento y la conducción de operaciones constituye un desafío ineludible para las Fuerzas Armadas del siglo XXI. Además de una oportunidad estratégica para optimizar el rendimiento humano en condiciones extremas.




