La nave Orion de la misión Artemis II cruzó el umbral gravitacional que marca el dominio de la Luna sobre la Tierra, un hito que pone a sus cuatro tripulantes a pocas horas del sobrevuelo lunar más cercano que haya realizado un ser humano en más de medio siglo. Las fuerzas gravitatorias de la Luna son ahora mayores sobre la nave que las de la Tierra, confirmó el centro de control en Houston, mientras la astronauta Christina Koch lo describió con precisión desde la cabina: la Luna ya se ve mucho más grande que la Tierra a través de las ventanas de Orion.
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El procedimiento: cómo se llegó hasta la Luna
Tras el lanzamiento, Orion orbitó la Tierra dos veces para verificar que sus sistemas funcionaran correctamente, alcanzando primero una órbita elíptica de entre 185 y 2.250 kilómetros de altitud, antes de que el módulo de propulsión la elevara a una órbita terrestre alta. Luego vino el encendido decisivo: la inyección translunar (TLI) aumentó la velocidad de Orion para abandonar la órbita terrestre e iniciar el viaje de cuatro días hacia la Luna, en lo que fue el último encendido importante de motores de la misión.
Orion viaja en una“trayectoria de retorno libre”: gracias a la dinámica orbital y la gravedad lunar, incluso sin volver a encender su motor, la cápsula rodeó la Luna y regresará naturalmente a la Tierra.
Cómo sigue Artemis II y sus objetivos
El punto más crítico llega cuando la tripulación alcanza los 6.500 kilómetros de la superficie lunar, mientras se encuentra a unos 402.000 kilómetros de la Tierra, convirtiendo a estos cuatro astronautas en los humanos que más lejos han viajado de su planeta, superando el récord del Apolo 13.
Durante el paso por la cara oculta, la nave permaneció por unos 50 minutos fuera de contacto por radio con el centro de control. Ese silencio no es un inconveniente: es una prueba deliberada de los sistemas de navegación autónoma que necesitarán funcionar solos en futuras misiones a la Luna y a Marte. Durante ese intervalo, la tripulación registra observaciones en tiempo real, anotando detalles y vinculando sus comentarios con las imágenes tomadas.
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Los astronautas podrán ver el 21% de la cara oculta, incluyendo fragmentos que ningún ser humano había observado directamente, entre ellos una porción significativa de la Cuenca Oriental.
El sobrevuelo permite documentar el desplazamiento del polvo lunar, un fenómeno relevante para el diseño de futuras bases de exploración prolongada. Los astronautas también evalúan sistemas de emergencia, refugio contra la radiación y comunicaciones de la nave, en una misión que, en definitiva, es el ensayo general antes de que Artemis III devuelva a la humanidad a pisar la superficie lunar.




