Con una inversión de 375 millones de dólares en tecnología, la Copa del Mundo que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá a partir del 11 de junio promete transformar para siempre la relación entre el fútbol, los datos y el arbitraje.
La foto entre Lionel Messi y Donald Trump reavivó un debate sobre el poder simbólico del deporte: cuando la política entra a la cancha, algunos advierten que, si el juego se confunde demasiado con la estrategia, tal vez haya que “cerrar el estadio”.
Fuera del fútbol, los fanáticos de distintos países sacaron a relucir las viejas rivalidades políticas y militares en el torneo más importante del viejo continente.