La expansión del gigante asiático en América Latina no responde a una lógica de afinidad ideológica, sino a una estrategia pragmática y transversal. La visión de la politóloga Constanza Mazzina.
Los pandas gigantes son la carta más tierna y a la vez más poderosa de la diplomacia china. Su llegada o su partida revela cómo está la relación con cada país.
El líder chino llegó a Washington para su primera visita desde 2015. El encuentro con su homólogo estadounidense sostuvo a la inteligencia artificial como el centro de la agenda.
La escalada en Oriente Medio y la pugna tecnológica aceleran el reordenamiento global, obligando a las dos superpotencias a cruzar geopolítica, energía y comercio en una cumbre de alto impacto para la estabilidad internacional.
Un equipo técnico compuesto por republicanos y demócratas realizaron un extenso documento sobre las acciones globales de Pekín contra el hemisferio occidental.
El gigante asiático puso en servicio su tercer portaaviones y avanza en su plan para convertirse en una de las principales potencias marítimas del mundo.
Mientras Silicon Valley busca sostener el consumo energético de sus gigantes de inteligencia artificial, China emerge como su principal proveedor de electricidad, con redes interconectadas y energía limpia.
La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) no logró aprobar nuevas áreas protegidas en el océano Austral. Pese al consenso científico sobre preservar el ecosistema de la Antártida por el cambio climático y la pesca industrial, prevaleció la postura de China y Rusia.
China avanza con su “autopista polar” a través del Ártico, una ruta marítima que promete reducir tiempos de envío hacia Europa y reforzar su influencia comercial global.