Groenlandia, el enorme territorio ártico con autonomía política, pero bajo soberanía de Dinamarca, se convirtió en un punto clave del tablero geopolítico global por los recursos minerales que alberga en su subsuelo.
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El interés de Trump por los minerales
El interés que Donald Trump manifestó en reiteradas ocasiones por la isla no es un simple capricho: está directamente ligado a la creciente competencia internacional por los llamados “minerales críticos”, esenciales para la economía tecnológica, la transición energética y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Entre los recursos que más atención despiertan se encuentran las tierras raras, un conjunto de 17 elementos químicos indispensables para fabricar imanes de alto rendimiento utilizados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas, teléfonos inteligentes, sistemas de guiado de misiles y tecnología militar avanzada.
Groenlandia posee algunos de los depósitos potencialmente más grandes de tierras raras fuera de China, país que hoy domina gran parte de la producción y, sobre todo, del procesamiento mundial de estos materiales. Esta concentración representa una vulnerabilidad estratégica para Washington, que busca desde hace años diversificar sus fuentes de suministro.

Además de las tierras raras, el territorio groenlandés contiene reservas de litio y grafito, dos componentes clave para las baterías de iones de litio que alimentan autos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas de almacenamiento de energía. A esto se suman yacimientos de cobre, níquel y cobalto, metales fundamentales tanto para la electrificación como para la industria aeroespacial y de defensa.
También existen depósitos de zinc, plomo, hierro, oro y titanio, utilizados en distintas ramas de la industria pesada y tecnológica. Históricamente, Groenlandia también fue explorada por su uranio, un recurso estratégico para la energía nuclear y aplicaciones militares, aunque su explotación está actualmente restringida por legislación local.
La ubicación estratégica de Groenlandia en el plano geopolítico
El atractivo de estos minerales no reside solo en su valor económico, sino en su importancia estratégica. En un contexto de transición energética acelerada, digitalización masiva y tensiones geopolíticas crecientes, el control o el acceso estable a minerales críticos se ha convertido en una prioridad para las grandes potencias.
Para Estados Unidos, reducir la dependencia de China en cadenas de suministro clave es una cuestión de seguridad nacional, y Groenlandia aparece como una alternativa potencialmente confiable por su cercanía geográfica y su alineamiento político con Occidente.
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Trump interpretó esta combinación de riqueza mineral y ubicación estratégica como una oportunidad clave para reforzar la posición estadounidense en el Ártico. La isla ocupa un punto central entre América del Norte, Europa y Rusia, y permite controlar rutas marítimas emergentes que se están abriendo a medida que el hielo retrocede por el cambio climático.
Desde esta perspectiva, el interés por Groenlandia no se limita a la minería, sino que se inscribe en una visión más amplia de poder geopolítico y militar.

En términos económicos, garantizar el acceso a minerales críticos fortalecería a las industrias tecnológicas, energéticas y de defensa de Estados Unidos, reduciendo riesgos de interrupciones en la cadena de suministro.
En el plano geopolítico, reforzaría la presencia de Washington en el Ártico frente al avance de Rusia y China en la región. Sin embargo, también existen riesgos importantes: la explotación minera a gran escala podría afectar un ecosistema extremadamente frágil y generar tensiones sociales con la población inuit, que reclama control sobre su territorio y sus recursos.




