Quince años después del inicio de las protestas que llevaron a la caída de Muamar Gadafi, la muerte de su último heredero deja en evidencia la crisis que vive Libia. Asesinado en su vivienda de Zintan, a 170 kilómetros de la capital Trípoli, por cuatro encapuchados, Saïf-al Islam era el único hijo de Gadafi que seguía viviendo en el país. A fines de 2021, había anunciado su candidatura para unas elecciones presidenciales que nunca llegaron a realizarse.
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Saïf-al Islam tenía 53 años y, luego de un intento fallido de fuga del país por la frontera con Níger, desde fines de 2011 se encontraba en Zintan. Allí recibió la protección de las milicias locales. A pesar de que pesaba sobre él una condena a muerte, decretada por un tribunal de Trípoli, y de los cargos en su contra en la Corte Penal Internacional, el hijo de Gadafi gozaba de una amnistía desde 2017.

Ubicada en las montañas de Jebel Nafusa, la ciudad de Zintan fue una de las primeras en rebelarse contra Muamar Gadafi en el inicio de la guerra civil libia, en febrero de 2011.Tras la caída del dictador, en medio del caos reinante, las brigadas de la zona se enfrentaron a los grupos islamistas, que se habían hecho fuertes en Trípoli, donde tiene su sede el gobierno reconocido por la comunidad internacional como autoridad legítima del país.
El juicio a Saïf al-Islam, el reflejo de un Estado fallido
En julio de 2015, el Tribunal Criminal de Apelación de Trípoli condenó a Saïf al-Islam a pena de muerte, en un proceso celebrado en ausencia, bajo cargos de instigación a la guerra civil, abuso de poder y asesinato de manifestantes durante las revueltas de 2011, entre otros. Sin embargo, Zintan nunca reconoció la autoridad del tribunal y se negó a entregar al prisionero.
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En paralelo, la Cámara de Representantes, con sede en la ciudad de Tobruk y opuesta al gobierno de Trìpoil, aprobó en 2015 una ley de amnistía. En ese marco, la Brigada Abu Bakr al-Siddiq de Zintan, que lo había capturado en noviembre de 2011, lo dejó en libertad en junio de 2017. Su comandante, Al-Ajmi Al-Atiri, lamentó la noticia del asesinato de Saïf al-Islam Gadafi, quien, según dijo,“vivió con dignidad y murió con dignidad”.

Libia: dos gobiernos paralelos y la injerencia de actores extranjeros
Desde la guerra civil que vivió el país en 2014, tres años después de la caída de Muamar Gadafi, Libia carece de un gobierno único y la seguridad está en manos de numerosos grupos armados, cada uno de ellos con su cuota de poder. Los sucesivos intentos de la comunidad internacional por unificar el poder y favorecer la democratización han fracasado.
Desde comienzos de 2021, el Gobierno de Unidad Nacional, con sede en Trípoli, es conducido por Abdulhamid Dbeibah, un ingeniero y empresario originario de Misrata, otro de los grandes centros de la resistencia contra Gadafi en 2011. Su autoridad es la única reconocida por la comunidad internacional, además de contar con el respaldo político y militar de Turquía, que ha logrado recuperar su influencia sobre la antigua colonia otomana. También son apoyados por Qatar, que ha apadrinado a las distintas ramas de los Hermanos Musulmanes (islamistas) tras el estallido de la Primavera Árabe.
Mientras tanto, en la región de la Cirenaica, cuya capital y centro de poder es Bengasi –segunda ciudad libia–, el hombre fuerte es el mariscal Khalifa Haftar, quien regresó de su exilio tras el fin del régimen en 2011. Al frente del autoproclamado Ejército Nacional Libio, este militar protege a las autoridades de la Cámara de Representantes, que funciona como un gobierno paralelo. Sus principales apoyos en el exterior son el régimen egipcio del general Abdelfatah al-Sisi, Rusia y los Emiratos Árabes Unidos, temerosos del avance de los grupos islamistas.

La hoja de ruta para la unificación del país
La muerte de Saïf al-Islam Gadafi se produjo 48 horas después de un supuesto acuerdo secreto alcazado en París por representantes de los dos gobiernos en pugna, con el objetivo de reunificar el país.
Bajo el auspicio conjunto de EE. UU. y Francia, habrían participado de la reunión Saddam Khalifa Haftar, hijo del hombre fuerte del este del país y subcomandante del Ejército Nacional Libio, e Ibrahim Dbeibah, sobrino y asesor principal del líder del Gobierno de Unidad Nacional con sede en Trípoli.
La hoja de ruta hacia esa reconciliación entre los rivales de la Libia post-Gadafi debe contemplar la efectiva unificación del Banco Central, una medida anunciada en 2023 pero que aún no termina de plasmarse en un único sistema de pagos a nivel nacional. Otro factor clave será la distribución de los ingresos del petróleo y el repunte de la producción de hidrocarburos, principal fuente de ingresos del país y presa de las disputas entre las distintas facciones que dirimen el poder desde el final del régimen.




