En los últimos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner en el centro de la agenda global a Groenlandia, el vasto territorio ártico bajo soberanía de Dinamarca, y lo hizo a través de la inteligencia artificial (IA), un hecho que suma un capítulo más a la tensión entre ambos países justo antes del Foro Económico Mundial en Davos.
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Las imágenes con inteligencia artificial que encendieron la polémica
Trump no solo insistió en su interés por que Estados Unidos controle estratégicamente la isla, sino que difundió en su red social Truth Social imágenes generadas con inteligencia artificial que simulan su “conquista” de Groenlandia.
En una de estas piezas visuales, el mandatario aparece junto al vicepresidente J.D. Vance y al secretario de Estado Marco Rubio plantando la bandera estadounidense frente a un cartel que dice “Groenlandia, territorio de Estados Unidos, establecido en 2026”.

En otra, un mapa retocado muestra a Canadá, Groenlandia y hasta Venezuela bajo la bandera estadounidense, lo que intensificó aún más la polémica y la incredulidad entre los líderes mundiales.
Trump acompañó estas publicaciones con mensajes audaces y provocadores. Bajo la consigna de que “no hay vuelta atrás” en su aspiración por Groenlandia, afirmó que esta isla es “imperativa para la seguridad nacional y mundial” y se mostró confiado en que los líderes europeos no se opondrán demasiado a sus planes.
También filtró capturas de mensajes privados con altos funcionarios europeos, incluido el presidente francés Emmanuel Macron, en los cuales Macron expresaba su desconcierto por la obsesión de Trump con Groenlandia y proponía una cumbre del G7 en París para abordar la crisis junto con otros temas globales.
La recepción europea a las tensiones de Trump
La reacción en Europa fue inmediata y crítica. Dinamarca, país soberano sobre Groenlandia, decidió no participar del Foro de Davos como gesto de rechazo político ante la escalada de presión estadounidense y la amenaza de aranceles.
La Casa Blanca había anunciado la imposición de un 10% de aranceles sobre productos provenientes de ocho países europeos, entre ellos Dinamarca, Francia, Alemania, Reino Unido y otros, a partir del 1 de febrero, aumentando a 25% en junio, si no se accedía a discutir la venta o cesión del control de Groenlandia.

Esta escalada comercial es vista por los aliados como un intento de coacción económica para forzar concesiones territoriales.
Las amenazas de Trump han generado preocupación porque representan una ruptura inusual con las normas tradicionales de la diplomacia transatlántica. La Unión Europea ha considerado una serie de medidas de respuesta, incluyendo la potencial reimposición de aranceles por 93.000 millones de euros o el uso de instrumentos legales para contrarrestar la presión estadounidense, un paso sin precedentes que refleja el nivel de tensión actual.
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Al mismo tiempo, el uso de imágenes de IA por parte de un presidente en ejercicio para ilustrar ambiciones geopolíticas provocó un debate sobre los límites éticos y la veracidad en la comunicación política. Estas representaciones no son fotos reales, pero su difusión pública por una figura con poder real eleva la posibilidad de confusión y manipulación en el discurso internacional, poniendo en cuestión cómo se puede influir sobre la opinión pública y la percepción de hechos soberanos.
La disputa por Groenlandia tiene raíces en décadas de interés estratégico por el Ártico. La isla alberga importantes recursos naturales y una ubicación clave para la vigilancia militar y las rutas marítimas árticas. Estados Unidos ya mantiene la base de Pituffik en Groenlandia, un punto de control esencial para su defensa aérea en el norte.




