En mayo de 2024, el gobierno de Irán firmó un contrato con Indian Ports Global Limited (IPGL) para el desarrollo de la terminal Shahid Beheshti, en el puerto de Chabahar. Ubicado a orillas del golfo de Omán, se trata del único puerto iraní de aguas profundas, lo que permite el ingreso de buques de gran tonelaje.
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El acuerdo a diez años, por 370 millones de dólares, apunta a convertir esta infraestructura en un nodo clave de una red de infraestructuras para conectar India con Afganistán y sus vecinos de Asia Central, sorteando la vía terrestre a través de Pakistán, país con el que la India mantiene una histórica rivalidad. En ese contexto, Chabahar sería un contrapeso del puerto paquistaní de Gwadar, financiado por China en el marco de su red de infraestructuras conocidas como “ruta de la seda marítima”.

Este puerto es parte del proyecto conocido como Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), con una extensión de 7200 kilómetros, que permitiría reducir los tiempos del comercio entre Mumbai (ex Bombay), en la India, y San Petersburgo, en Rusia, de 45 a 25 días, y bajar los costos logísticos en un 30%. En una región con múltiples conflictos y “cuellos de botella” que pueden paralizar el tránsito marítimo, esta ruta sería alternativa a la de los estrechos de Bab-el-Mandeb y Ormuz, y al canal de Suez.
La ofensiva de Estados Unidos contra Irán y sus repercusiones en la India
La guerra en Medio Oriente proyecta ahora un cono de sombra sobre el futuro de un proyecto en el que India tiene depositadas grandes expectativas. Por otra parte, a fines de abril de 2026 vence la exención de sanciones (“waiver”) de Estados Unidos, dictada en octubre del año pasado, con una vigencia de seis meses.

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La tensión entre Teherán y Washington tuvo también sus coletazos en la política de la India tras el hundimiento de la fragata iraní “IRIS Dena”, frente las costas de Sri Lanka, en aguas internacionales del océano Índico, cuando regresaba de un ejercicio naval en la bahía de Bengala.
El Partido del Congreso, la oposición al gobierno de Narendra Modi, cuestionó la falta de reacción de la administración. Por su parte, sin entrar en fricciones con Washington, el gobernante Partido Bharatiya Janata (BJP) se desligó del incidente, ocurrido fuera de la jurisdicción de la India, y reafirmó su diplomacia guiada por los principios de“autonomía estratégica”.




