La Royal Australian Navy (RAN) formalizó la entrega del primer vehículo subacuático autónomo Ghost Shark XL en enero de 2026. Forma parte de un programa valuado en 1.105 millones de dólares para dotar a la flota de Australia con drones submarinos de largo alcance capaces de realizar tareas de vigilancia, patrullaje y operaciones bajo el agua.
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Cómo es Ghost Shark XL, el primer dron submarino de Australia
El Anduril Ghost Shark XL es un vehículo autónomo submarino extragrande (XL-AUV) desarrollado por Anduril Australia, la filial de la empresa estadounidense, que comenzará a ser entregado en enero de 2026.
La unidad inaugural del programa salió de la nueva planta en Sídney, donde se ensamblan los drones bajo un contrato estatal multimillonario que cubrirá la producción, mantenimiento y desarrollo de una flota de vehículos autónomos submarinos para la Marina australiana.
Más de 40 empresas locales participan en la cadena de suministro, generando más de 150 empleos directos en la planta y hasta 600 puestos en todo el ecosistema industrial.

El Ghost Shark XL está diseñado para misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento (ISR) y guerra submarina, complementando los submarinos tripulados de la Marina. Anduril explicó que su modularidad permite distintas cargas útiles: sensores, sistemas de reconocimiento, vigilancia del lecho marino y, eventualmente, funciones de ataque o minado.
La producción en serie continuará en los próximos años, con el objetivo de consolidar una flota de drones submarinos que operen de forma complementaria con submarinos tripulados y otras embarcaciones.
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Una presencia permanente para frenar el avance de China
A diferencia de los seis submarinos de la clase Collins que posee Australia, el Ghost Shark ofrece presencia persistente bajo el agua a bajo costo, reduce riesgos humanos y aumenta la cobertura en zonas marítimas estratégicas gracias a su producción en masa.
La nueva estrategia, que incluye un llamativo acuerdo de defensa mutua con Papúa Nueva Guinea, conocido como Tratado de Pukpuk, responde al incremento de la presencia militar de China en el Indo-Pacífico y a los reiterados incidentes marítimos y aéreos con los países vecinos, incluido Canberra.

Como Taiwán y otros países asiáticos alineados, el territorio australiano funciona como un freno al avance chino en la región del Pacífico gracias a la asociación de seguridad AUKUS junto con Estados Unidos y Reino Unido.
De esta forma, Australia busca reforzar su injerencia en el Pacífico Sur, e incluso defender su propia zona económica exclusiva, que fue vulnerada por Pekín en distintas instancias de 2025, como el incidente ocurrido el 24 de febrero. En aquel episodio, tres embarcaciones militares chinas, una de ellas un destructor de la clase Renhai Zunyi, realizaron un ejercicio que incluyó pruebas de fuego real en aguas australianas a la altura de Sidney.




