Tras una fugaz presentación en el Foro Económico de Davos, Donald Trump invitó a todos los países del mundo a crear el Consejo de la Paz, un nuevo actor internacional, pero con la estruendosa cifra de 1.000 millones de dólares para obtener un asiento permanente. Con Estados Unidos a la cabeza, Argentina y países periféricos se sumaron a lo que comienza a considerarse como una alternativa a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Para entender más sobre este suceso, DEF consultó con Alejandro Frenkel, Profesor Adjunto de la Escuela de Política y Gobierno de la UNSAM e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
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Malvinas: entre el Consejo de la Paz de Donald Trump y la ONU?
-¿Cómo ves el nacimiento del Consejo de la Paz? ¿Puede ser una alternativa a la ONU?
El Consejo de la Paz me parece que es una cosa destinada al fracaso. Ni siquiera es un organismo, es una instancia creada por Trump, para Trump, y que va a durar lo que Trump esté en el gobierno. No le veo que tenga mucho futuro, sobre todo por las pocas adhesiones que ha tenido.
En todo caso, va a ser una instancia desde la cual Estados Unidos presionará e impondrá su mirada sobre determinados conflictos, con la fachada de que tiene el apoyo de otros países explícitamente, como algo que no es mera decisión de Estados Unidos, sino de varios países.
Respecto a las implicancias para Argentina, por un lado es coherente con la política exterior del gobierno, de alineamiento total con Estados Unidos, en ese sentido hay una coherencia. Me parece que no cambiará demasiado a lo que viene haciendo.

Lo que sí me parece, como para marcar cierta contradicción, en tanto Argentina está postulando, está apoyando la candidatura de Rafael Grossi a Secretario General de Naciones Unidas, y al mismo tiempo está respaldando esta instancia que, si bien Trump no la anunció como una alternativa a la ONU, sí la anunció en el marco de fuertes críticas al organismo internacional.
El gobierno estadounidense cree que es un organismo que no sirve para mediar y para afrontar determinados conflictos, ahí me parece que es una cuestión contradictoria de Argentina y que puede debilitar la candidatura de Grossi.
Además, toda acción de política exterior que contribuya a erosionar todavía más la legitimidad de Naciones Unidas es perjudicial para Argentina en múltiples ámbitos, desde el rol histórico que ha tenido el país en Naciones Unidas en términos de derechos humanos o de seguridad y, especialmente, respecto a la cuestión Malvinas, en tanto buena parte de los argumentos diplomáticos y políticos de materia internacional están sustentados por el Comité Especial de Descolonización, por la Asamblea General. Con lo cual, contribuir a que Naciones Unidas siga siendo desprestigiada, también tiene impacto negativo para Argentina.
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Estados Unidos y Europa, enfrentados por Groenlandia
-En un principio, ¿cómo interpretas la ambición de Donald Trump sobre Groenlandia y la declarada amenaza de Rusia y China en el Ártico?
-Tiene que ver con con algo que lo ha hecho explícito, tanto en documentos oficiales como en declaraciones, que es la de asegurar el control sobre lo que ellos consideran su entorno estratégico de seguridad, que es el hemisferio occidental, y específicamente en en ese control hay dos cuestiones importantes, y en esto entra en juego Groenlandia.
Por un lado, son los recursos naturales, minerales, tierras raras y demás insumos estratégicos que están en Groenlandia y, por otro lado, hay una cuestión geopolítica de controlar determinados accesos y rutas marítimas y terrestres que hacen a la seguridad de Estados Unidos y también a la competencia con China.

En esa lógica entra el Canal de Panamá, Tierra del Fuego, la Argentina, el Ártico y Groenlandia, con la proyección de que el calentamiento global va a acelerar el derretimiento del Ártico, y eso va a implicar que se desarrollen nuevas rutas comerciales, nuevas rutas marítimas en esa zona. Entonces será una región que va a adquirir todavía mayor relevancia geopolítica.
-El conflicto generó discrepancias e incluso amenaza de aranceles con varios gobiernos de Europa, incluidos Dinamarca, Reino Unido, Alemania y Francia, ¿cómo crees que puede afectar a las relaciones?
-Tanto los aranceles como la cuestión de Groenlandia afecta directamente a la relación transatlántica. La visión de Donald Trump es que Europa se aprovecha de Estados Unidos, porque Estados Unidos subsidia la seguridad, y se beneficia también en términos económicos.
Esto afecta a Europa, que viene planteando el concepto de autonomía estratégica bajo la preeminencia de que Estados Unidos ya no es un aliado confiable. Ha habido declaraciones en ese sentido, tanto del presidente francés Emmanuel Macron, en el Foro de Davos, como de Úrsula Von der Leyen, presidente del Consejo Europeo, quien dijo hace unos meses que Occidente, como lo conocíamos, ya no existe más, cuando Trump empezó a poner aranceles.
Sin duda que todo esto afecta la relación y por eso los países europeos le dan importancia al acuerdo Unión Europea-Mercosur y al acercamiento con China. Lo que pasa es que hay un gap en eso, porque por más que Europa esté incrementando el gasto de seguridad y desarrollando capacidades militares, no pueden hoy desprenderse de lo que provee Estados Unidos y la interdependencia sigue siendo muy alta.
Qué puede suceder con la OTAN y Ucrania
-Más allá de la discusión por la soberanía de Groenlandia, la disputa transatlántica afecta a otro actor importante como es la OTAN, ¿hay un futuro para la alianza en el marco de las frecuentes tensiones entre Estados Unidos y Europa?
-La OTAN está en un proceso de cuestionamiento, en medio de una redefinición de su identidad desde el fin de la Guerra Fría. Los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono sirvieron para reforzar una nueva identidad y reordenar la OTAN en la lucha contra el terror.

Después estuvo la cuestión de la invasión rusa a Ucrania, pero ahora que Trump tiene una posición más blanda respecto de Rusia y muy crítica sobre todo de la Alianza Atlántica. El presidente estadounidense se reunió con el titular de la OTAN, Mark Rutte, y se logró que Estados Unidos bajara los decibeles respecto de Groenlandia. A pesar de que consideran que deben tomar posesión, descartaron el uso de la fuerza y aparece el bloque militar como un actor de consideración o un peso para condicionar las decisiones de Estados Unidos.
-Finalmente, ¿este escenario que plantea el Ártico puede repercutir en otros conflictos en plena etapa de negociación de paz como Ucrania?
-Se está dando una lógica que muchos han calificado como transaccional, sobre todo de Estados Unidos, a la hora de negociar. Es decir, muy basada en cuestiones específicas, intereses específicos, poco mediados por principios, ideas y valores.
Puede ser que el Ártico y Groenlandia entre en una lógica transaccional de que uno concede territorio a cambio de otra cosa, pero no lo veo tan lineal. No veo que Europa pueda acceder a entregar Groenlandia y a cambio que Estados Unidos se comprometa con asegurar la integridad de Ucrania, o algo de ese estilo. Por otro lado, que Rusia pueda operar en el Ártico a cambio de Ucrania podría ser un poco más factible, dado que Rusia ya lleva cuatro años de guerra y todavía no logra ganar el conflicto.
Pero también me parece que a veces se sobreestima la capacidad que tiene Moscú y muchas veces termina aceptando determinadas situaciones como por ejemplo la caída de Maduro en Venezuela y la de Bashar al-Assad en Siria, porque tal vez no tiene la capacidad para poder contrarrestar las tendencias que se dan o la intervención de potencias como Estados Unidos.




