El conflicto por el oleoducto Druzhba, uno de los más grandes del mundo, volvió a poner la energía como uno de los temas centrales detrás de la guerra entre Rusia y Ucrania. La suspensión del tránsito de petróleo ruso hacia Hungría y Eslovaquia abrió un choque diplomático que escaló rápidamente dentro de la Unión Europea (UE).
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Kiev sostiene que los daños en la infraestructura fueron provocados por ataques rusos. Los otros dos países en disputa, en cambio, exigen garantías y una rápida normalización del flujo, en un contexto de fuerte dependencia energética.
Europa: cómo comenzó la disputa por el Oleoducto Druzhba y qué se reclama
El sistema, construido en la era soviética, conecta yacimientos rusos con refinerías de Europa Central a través de territorio ucraniano. Aunque la Unión Europea redujo su dependencia del crudo ruso desde 2022, Hungría y Eslovaquia mantienen exenciones y continúan recibiendo petróleo por esa vía.
La interrupción del flujo encendió alarmas en ambos países, ya que dependen en gran medida de ese abastecimiento para su consumo interno e industria. Por eso, sus gobiernos exigieron explicaciones formales y una solución rápida.

Sin embargo, Hungría fue más allá y advirtió que podría bloquear decisiones clave dentro del bloque comunitario si no se normaliza la situación. Entre ellas, el acceso de Kiev al bloque económico y político, el cual precisa de una votación unánime.
Desde Ucrania rechazaron las acusaciones y aseguraron que el problema deriva de daños provocados por la guerra. También calificaron las amenazas de presión política en un contexto extremadamente delicado.
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Rusia, por su parte, acusó a Ucrania de poner en riesgo la seguridad energética europea, lo que suma un nuevo capítulo a la disputa en torno al conflicto.
Cómo afecta esta crisis a la Unión Europea y a la guerra en Ucrania
La disputa trascendió lo técnico y se volvió un tema político. La posibilidad de vetos complica nuevas sanciones contra Rusia y paquetes de asistencia para Ucrania.

Además, el episodio expone una debilidad estructural debido a que, pese a los esfuerzos por diversificar proveedores desde 2022, algunos países siguen atados a rutas energéticas heredadas de la Guerra Fría.
En pleno conflicto bélico, el suministro vuelve a convertirse en herramienta de presión. Lo que comenzó como un problema de infraestructura hoy sacude la unidad europea.




