Tras la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, y entendiendo a Venezuela como el país con mayores reservas de petróleo en el mundo, China mira a otro de sus aliados como su nuevo principal proveedor de crudo: Brasil. La relación entre ambos países se entiende como una asociación estratégica integral fuertemente impulsada por el comercio.
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Para poder comprender el rol del gigante asiático en América Latina y entender el detrás de esta decisión, DEF conversó con Patricio Giusto, analista político y especialista en relaciones sino-argentinas, director del Observatorio Sino-Argentino y docente universitario.
China y Brasil: un vínculo que trasciende lo comercial
Brasil no es una potencia petrolera a escala global, pero logró consolidarse como un proveedor energético relevante dentro de América Latina, en especial para China, que busca diversificar sus fuentes de abastecimiento en la región.
Este posicionamiento se explica por el desarrollo de las cuencas offshore (fuera de la costa) brasileñas en aguas profundas. “A medida que se fue desarrollando lo que es el Amazonas Azul, Brasil pasó a tener un rol cada vez más importante como proveedor regional de petróleo”, explicó Patricio Giusto.

La relación energética se inscribe en un vínculo comercial mucho más amplio. China es desde hace más de dos décadas el principal socio comercial de Brasil, con una canasta exportadora dominada por productos agropecuarios y minerales.
En ese marco, el petróleo se incorporó como un componente adicional del intercambio bilateral. “China ha sido históricamente el principal comprador de Brasil, no solo de productos agropecuarios, sino también de mineral de hierro y, en menor medida, de petróleo”, señaló Giusto, al subrayar la complementariedad económica entre ambos países.
Cómo proyecta China su política exterior y qué encuentra en América Latina
“La política exterior de China no responde a ideología”, sostuvo Patricio Giusto, y remarcó que su accionar se rige por principios pragmáticos. En ese marco, no presenta restricciones a la hora de negociar con gobiernos de distinto signo político y forma de gobierno, desde regímenes autoritarios, como el caso de Nicolás Maduro en Venezuela, hasta administraciones democráticas o liberales como Yamandú Orsi o Javier Milei.

Uno de los ejes centrales de esta estrategia es la cooperación económica. “China promueve acuerdos de tipo ganar-ganar”, explicó Giusto, que no se limitan al comercio, sino que incluyen inversión extranjera directa, financiamiento y cooperación científica y tecnológica.
Desde esta lógica, el hecho de que China no haya priorizado a la Argentina como principal proveedor de petróleo no responde a desacuerdos ideológicos. Según el análisis de Giusto, la explicación está más vinculada a limitaciones del lado argentino, donde fallaron la diplomacia y la promoción estatal del vínculo energético.
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En la actualidad, una de las prioridades del gigante asiático en la región pasa por las energías renovables, en línea con su objetivo de acelerar la transición energética, especialmente ante el crecimiento del mercado de vehículos eléctricos. China ya concretó inversiones en parques eólicos y solares en América Latina y, en el caso argentino, el mayor parque solar de la región se encuentra en Jujuy.
En términos generales, el objetivo de Beijing en América Latina es asegurar el acceso a materias primas clave como alimentos y energía, al tiempo que amplía su presencia en sectores estratégicos. “Es una visión muy pragmática, vinculada a las necesidades económicas que tiene China”, señaló Giusto, en contraste con el enfoque histórico de Estados Unidos hacia la región, tradicionalmente concebida como su “patio trasero”.




