Un tema tabú en el capítulo energético dentro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) aparece ahora en el centro de la escena en México. Las inversiones de la empresa estatal Pemex en yacimientos no tradicionales aumentarán sensiblemente a lo largo de 2026. Esto significa, según grupos ambientalistas, recurrir al fracking, una técnica que el expresidente Andrés Manuel López Obrador −fundador y líder del Morena− había intentado prohibir durante su mandato.
La actual mandataria, Claudia Sheinbaum, defendió la necesidad de lograr la “soberanía energética” y planteó que es imperioso reducir la dependencia del gas estadounidense, en tiempos de imprevisibilidad en el vínculo bilateral tras el regreso de Donald Trump al poder. En la misma línea, el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, alertó: “Si Estados Unidos cierra la válvula de gas, México se queda a oscuras”.
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Actualmente, México importa desde EE. UU. el 70% del gas que consume. Cerca del 60% de ese gas es utilizado por las centrales de ciclo combinado para generación eléctrica. El suministro de gas está condicionado, además, por “la concentración del flujo en un número reducido de ductos, y por la limitada capacidad de almacenamiento”, señala un informe del Natural Resource Governance Institute, en el que se advierte sobre la triple dependencia de suministro, tecnológica y logística que sufre el país.
Generación de energía: qué es el fracking y por qué genera polémica en México
¿Cuál es la salida a este verdadero “cuello de botella” que enfrenta México? Según cifras de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), alrededor del 63% de los recursos de gas del país son no convencionales, un tipo de hidrocarburo que todavía no fue desarrollado, pero que ya es el protagonista de la revolución energética en EE. UU. De acuerdo con estimaciones del Departamento de Energía estadounidense, México cuenta con las sextas reservas mundiales de gas no convencional, con 545.000 millones de pies cúbicos.
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Para explotarlas, debería recurrir a una tecnología que desata polémica en la sociedad y dentro del propio bloque oficialista. El fracking o fractura hidráulica es el proceso de extracción que recurre a la estimulación para permitir que el hidrocarburo fluya hacia la superficie, dada la baja permeabilidad de la roca en la que se encuentra atrapado.
Para lograrlo, se debe inyectar en el pozo agua a alta presión, junto con arena y productos químicos. Es la técnica que permitió el boom del shale en EE. UU. y que también se aplica en Argentina, en el desarrollo de Vaca Muerta.

Entre los detractores de esta tecnología, la Alianza Mexicana contra el Fracking alerta contra la que define como “una técnica altamente invasiva y de considerable impacto ambiental y para la salud”.
Por su parte, un informe del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) señaló: “El principal impacto de la explotación por fracturamiento hidráulico se centra en el recurso agua, ya que se requieren en promedio 5,7 millones de litros por pozo, cuyos derrames de aguas de retorno representan un riesgo de contaminación de cuerpos de agua que son fuente de abastecimiento para uso humano, agrícola y otros ámbitos”.
Fracking: las explicaciones y aclaraciones de Pemex
“La caída en la producción nacional de gas en los últimos 15 años se debe al declive geológico que afecta a todo el sector de hidrocarburos; por lo que retomar su extracción no solo resultaría altamente costoso en términos económicos, sino también ambientales, de salud humana y climáticos”, expresó la Alianza Mexicana contra el Fracking, que cuestionó, a su vez, la “opacidad” del presupuesto asignado a Pemex en 2026.

Sin embargo, el titular de Pemex se encargó de aclarar, en una comparecencia en el Congreso, que la empresa “sigue los adelantos tecnológicos en el mundo” y “hace fracturación hidráulica de forma convencional, pero no fracking”.
Asimismo, Rodríguez Padilla aclaró que se utiliza agua para fracturar la roca, pero no arena ni productos químicos. Precisó que en el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018) se hicieron pruebas en 25 pozos con fracking, pero desde 2018 se suspendieron.
Los planes de México para reducir la dependencia energética de Estados Unidos
Sin hacer mención al fracking, el Plan Estratégico de Pemex (2025-2035) habla de la “evaluación de yacimientos de geología compleja”. Greenpeace descree del “lenguaje técnico del plan”, que, según la organización ecologista,”está cuidadosamente diseñado para evitar la palabra prohibida: fracking”. En su lugar, se habla de “yacimientos de geología compleja”, “nuevos esquemas de extracción” y “plays no convencionales”, en clara referencia a formaciones que requieren “fracturación hidráulica”, aseguró la ONG.

La mayor expectativa de la estatal petrolera mexicana está puesta en el proyecto conocido como “Aceite Terciario del Golfo”, con 29 campos productivos, ubicados en los estados de Veracruz y Puebla. Pemex le destinará un 66% más de presupuesto que el asignado en el anterior ejercicio.
También se enfocará en el desarrollo de la cuenca de Burgos, considerada una extensión natural hacia el sur de la cuenca del Golfo occidental de Texas, donde se encuentra Eagle Ford, uno de los yacimientos estrella del boom del shale en EE. UU. El desarrollo de estos recursos se verán apuntalados con un aumento presupuestario del 108% por parte de Pemex.
Por otro lado, en octubre de 2025, Pemex firmó un acuerdo con el Grupo Carso, de Carlos Slim, para la perforación de hasta 32 pozos en los próximos tres años en el campo Ixachi, ubicado en el estado de Veracruz. Se trata del yacimiento de gas convencional más productivo de México, del que se extrae cerca del 15% del total del gas del país.
El objetivo de Pemex es aumentar un 40% la producción doméstica de gas en los próximos cinco años, para pasar de 3500 a 5000 millones de pies cúbicos diarios.




