En un diálogo exclusivo por DEF, el vicealmirante Marcelo Dalle Nogare, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (EMCO), se refirió a este primer momento de su gestión y a los desafíos que enfrentan los efectivos militares.
Cabe recordar que este marino fue el elegido por el presidente Javier Milei para encabezar el organismo que tiene a cargo las operaciones militares como las que, en este preciso momento, las Fuerzas Armadas realizan en la Antártida Argentina o en el Mar Argentino.
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Un dato: hace varios años que la Armada espera su turno para ocupar la jefatura del Estado Mayor Conjunto. Finalmente, Dalle Nogare llegó para saldar ese pendiente.

Dalle Nogare, porteño, padre de tres hijos y con una carrera impecable (participó en la Guerra del Golfo, estuvo a bordo del destructor USS “Laboon” de Estados Unidos, fue comandante del Área Naval Austral y agregado de Defensa en Sudáfrica), cumplió 61 años el pasado 5 de enero. Aunque, comenta, nunca fue de celebrarlo: “Mi padre, abogado, integraba el Poder Judicial, así que en esta fecha tocaba la feria. Recuerdo que yo llegaba a la playa y me daban unos días para buscar amiguitos para el cumpleaños”. Considerando que egresó como guardiamarina de la Armada en 1987, gran parte de su vida la pasó dentro de la Fuerza.
Con DEF, Dalle Nogare se refiere a este momento de su gestión, al que define como histórico, considerando que un militar asumió frente al Ministerio de Defensa. Por eso, aunque no lo dice, se percibe que el desafío es doble: deben cumplir con la misión y también con aquello que la sociedad espera de ellos. Y, a propósito de este oficial de la Armada, el presente se identifica un poco con aquella frase del almirante Guillermo Brown (mencionada antes del combate de los Pozos): “Confianza, disciplina y tres vivas a la Patria. ¡Fuego rasante que el pueblo nos contempla!”.
En la charla, Dalle Nogare confiesa que la Armada le dio un grupo de amigos (que son como hermanos) que son su “cable a tierra”. También se muestra apasionado por su profesión. De hecho, cuenta que, durante su adolescencia, tenía la llama de la vocación de servicio, aunque también buscaba un poco de aventura. Entonces, ¿qué mejor que el inmenso mar para forjar su destino?

Marcado por Malvinas
-¿Por qué ingresó a la Armada?
-En realidad, iba a ser marino mercante. Pero sucedió la Guerra de Malvinas y me di cuenta que yo quería estar ahí. Tenía 17 años y con un amigo nos fuimos a anotar como voluntario. Cuando vieron mi edad, nos dijeron que no. Entonces, cambié mi cabeza y decidí entrar a la Escuela Naval.
Esta carrera es un estilo de vida y una comunidad.
-¿Cómo lo marcó generacionalmente la Guerra de Malvinas?
-Soy de los que, cuando comenzó, terminé en Plaza de Mayo. Y, cuando nos habían dicho que por la edad no podíamos ir a la guerra, con un amigo pensamos en cómo llegar ahí por tierra. Finalmente, como vivía cerca de La Rural, pasé tiempo preparando los paquetes -con cartas y comida- que se enviaban a las Islas. Cuando terminó el conflicto me dije: “Si vuelve a pasar esto yo no quiero quedar afuera”.
Viéndolo con mis 61 años, el sentido de servicio fue inculcado por mi familia. Pasé por Acción Católica de mi escuela, luego terminé ayudando en el Hospital de Niños. Finalmente, ese sentimiento encontró a la Armada y lo llevo, ahora, trabajando en conjunto con las Fuerzas Armadas.

-¿Cómo fue su recorrido profesional?
-Debo tener cerca de 10 mudanzas. Aunque muchas fueron dentro de la base naval de Puerto Belgrano, pues allí es donde desarrollé una carrera netamente operativa. Soy oficial de superficie (de buques) y me especialicé en artillería, que implica el manejo de las armas, los radares de control de tiro y misiles.
Empecé en la corbeta ARA “Spiro”, mi primer destino operativo importante. De hecho, con ese buque fui a la Guerra del Golfo Pérsico. Luego, toda mi carrera fue en buques, más que nada en los destructores Meko 360, que son los que tienen mayor poder de fuego.
Los desafíos por delante
-¿Extraña navegar?
–Cambiaría esto que tengo por estar con mi taza de café en el puente de comando de un buque. Eso es impagable.
Además, reconozco que -como parte de la carrera operativa que me tocó vivir- participé en varios ejercicios en América. Estuve con la flota de Estados Unidos: me embarqué en Norfolk y terminé en el Mediterráneo.
-¿Tuvo salarios bajos?
-Históricamente fueron más bajos que el promedio. Incluso, lo son cuando se los compara con el sacrificio que hace una persona: en este momento, mientras hablamos, hay efectivos patrullando las 200 millas a bordo de un OPV, otros cientos haciendo el relevamiento de todas las bases en la Antártida, y una cifra similar de militares en el exterior, trabajando bajo el mandato de Naciones Unidas.
Es una vida muy dinámica y sacrificada, pero, muchas veces, lo que contribuye a que el personal permanezca en las Fuerzas Armadas, es la actividad operativa o la realización personal que tienen. Son conscientes del servicio que brindan al país. Eso parte del adiestramiento y la capacitación que las FF. AA. brindan permanentemente.

-¿Tuvo algún momento de crisis en el que haya querido irse de la Armada?
-Me pasó. Me remito a la pirámide de Maslow, uno puede cumplir el segundo o tercer escalón, en la medida que las necesidades básicas estén cubiertas. Entonces, yo quería darle una base a mi familia y una buena educación a mis hijos. Tuve ofrecimientos concretos. Pero, gracias al apoyo de mi esposa me terminé quedando.
Reconozco que siempre me puse metas cortas: cuando quise ser comandante de un destructor, lo logré; o, cuando me propuse ir a una misión en el exterior, fui. Por eso estoy muy agradecido con la Fuerza. Tuve una carrera plena y muchas oportunidades. Me realicé profesionalmente. Insisto, ser militar es más que una profesión, es un estilo de vida y, en ese contexto, el norte lo marcan la Nación y los valores que nos inculcaron. Por eso, me intereso por el personal, porque necesito que estén bien para que, como equipo, podamos cumplir con la misión.
Bienestar, equipamiento y adiestramiento
-¿Qué necesitan las FF. AA. para esa misión?
–Que el personal esté bien y que, además, tenga el equipamiento necesario. Además, en este marco de recuperación que transitamos, también se debe incluir mayor adiestramiento. En ese contexto, aclaro que las Fuerzas tienen una misión principal y otras que son subsidiarias, como los apoyos -a la sociedad- que realizamos ante incendios o inundaciones.

-Como jefe del Estado Mayor Conjunto, ¿le gustaría darle eso a los militares?
-Parte de nuestro trabajo es descubrir qué es lo que ellos necesitan para poder retenerlos. Cuesta incorporar personal militar, es un tema a nivel mundial. En lo personal, cuando ingresé, retenerme no fue difícil porque teníamos mucha actividad operativa.
Todo se está revirtiendo a medida que el país prospera. La sociedad argentina tiene que estar orgullosa de las Fuerzas que tiene y, también, hay que reconocer que, desde hace décadas, el presupuesto dedicado a las Fuerzas Armadas fue decayendo, eso impactó en lo salarial y en el equipamiento.
-¿Hay mejoras?
-Las Fuerzas son una de las patas de la mesa que tiene un país, más aún con el territorio y los recursos naturales que tenemos. ¿Y qué mejor, para Argentina, que tener FF. AA. preparadas, capacitadas, adiestradas y efectivas?
En los últimos dos años hubo una curva ascendente bastante importante, con muchas promesas que se van a ir cumpliendo en la medida que los números acompañen y el país prospere. Los jóvenes van a tener mejores FF. AA. que las que tuvimos nosotros, más tecnológicas, robustas, integradas y conjuntas.

“Este va a ser un gran año”
-¿Cómo trabaja el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas?
-Es un órgano de asesoramiento y asistencia al ministro de Defensa en materia estratégica militar. Es decir, dirigimos el planeamiento estratégico, el accionar militar conjunto y las responsabilidades asignadas por la legislación vigente. En ese marco, cada una de las Fuerzas se encargan del adiestramiento, el alistamiento y el sostenimiento de los medios y del personal para que, cuando nos dan una misión, como el control de las fronteras, por ejemplo, podamos llevarla adelante. Incluso, si las distintas Fuerzas quieren adquirir material, este Estado Mayor analiza y unifica criterios.
-En este primer momento de su gestión, ¿cuál es su prioridad?
-Luego de 43 años en las Fuerzas Armadas, puedo asegurar que nuestro factor de fuerza está basado en nuestro personal. Solo la dedicación, profesionalismo, voluntarismo y actitud de nuestra gente logró que continuáramos cumpliendo con nuestras tareas pese a años de desinversión. Por eso, ellos, su bienestar (y el de sus familias) y su equipamiento son, claramente, unas de mis prioridades.
Hoy, las FF. AA. son una excelente opción para el ciudadano que busca servir a la patria, a la sociedad y desea realizarse: no es solo una profesión, es un estilo de vida que lo hará sentirse orgulloso de lo que hace y de la institución de la cual forma parte. Por eso estamos fortaleciendo capacidades estratégicas (incorporación de los buques OPV, aviones caza F-16 y vehículos blindados Stryker) y, en clara sintonía con la recuperación de nuestra economía, con un presupuesto que se irá incrementando para alcanzar las metas trazadas.

-¿Qué piensa de la elección del teniente general Carlos Alberto Presti como ministro de Defensa?
-Creo que es una gran responsabilidad, que no solo va a tener él, sino también las Fuerzas Armadas. Estoy convencido de que este va a ser un gran año. Como militares, sabemos de gestión y planificar para el corto, mediano y largo plazo. Por lo tanto, conocemos qué es lo que se necesita para cumplir con la misión. Así que, si los números acompañan, la intención es robustecer a las FF. AA. Y, dentro de ese panorama, sabemos que lo más importante que tenemos que cuidar son nuestros efectivos.
Como dijo el ministro, uno de los objetivos es mejorar las condiciones del personal. En el presente estamos en una clara reconversión.
-¿Se necesitan submarinos?
–Con el mar, la plataforma y los recursos que tenemos, no podemos darnos el lujo de no tener submarinos. En ese contexto, la Armada hizo grandes esfuerzos para no perder la capacidad del personal. Pero hay que tener en cuenta que adquirir un medio como este lleva muchos años.
Hay una decisión política tomada en relación a que una de las prioridades es la recuperación del arma submarina. Hay negociaciones que están realizando el Ministerio y la Armada. Pero, en ese panorama, es importante evaluar las reales posibilidades de financiamiento.

La Armada Argentina en el Golfo Pérsico
-¿Qué momentos le dejó su carrera militar?
-Uno de los momentos más importantes de mi carrera fue siendo muy joven, en la corbeta ARA “Spiro”. Un día, entró el comandante a la cámara y nos dijo que en tres semanas zarparíamos para ir a la Guerra del Golfo Pérsico. Yo me estaba por casar a los pocos meses, debí suspender el casamiento. Pero, rescato que, en pocas semanas, la Armada estuvo lista para zarpar. Teníamos el equipamiento y adiestramiento necesarios. No solo eso, estábamos en capacidad de integrarnos a una fuerza multinacional.
Los tres meses iniciales terminaron siendo nueve… mi esposa pospuso dos veces el casamiento. Finalmente, llegué un jueves a mi casa y, al otro día, contraje matrimonio.

-¿Con qué misión participaron?
-Nosotros estábamos fuera y dentro del Golfo, en cercanías del estrecho de Ormuz, realizando el control marítimo en un sector asignado. Allí los buques logísticos se acercaban a la costa a desembarcar el material y nosotros los escoltábamos.
Vivíamos en un estado de guerra. Fue difícil volver al llano luego de haber visto tanta operatividad. Teníamos medios infinitos. Luego, al regresar, siempre estuve en corbetas y destructores. Así fue mi carrera. Además, tuve la suerte de ser el secretario de un almirante, Diego Enrique Leivas, quien fue, claramente, uno de los mejores comandantes de la Flota de Mar que existieron. Él tenía una visión muy grande, nunca navegamos como en esos años (al menos 200 días embarcados anualmente). Aprendí muchísimo en esa época. Por eso, soy consciente de que, en varias oportunidades, muchos dejan las FF. AA. más por la parte operativa que por la económica. Por eso, parte de la función que me compete es mejorar las condiciones para que el personal no se vaya. La idea es que los efectivos tengan Fuerzas Armadas que les permitan realizarse personal y profesionalmente.




