Por Sergio Daniel Skobalski y Héctor Agustín Arrosio. Especial para DEF.
La Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos 2026 (NDS 2026) expresa un giro doctrinario explícito hacia un realismo estratégico sin ambigüedades, centrado en la defensa del interés nacional, la restauración de la disuasión militar y la reorganización funcional del sistema de alianzas.
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Lejos de aspiraciones normativas universalistas, el documento asume un entorno internacional fragmentado, caracterizado por:
- Competencia entre grandes potencias.
- Simultaneidad de amenazas.
- Erosión de los mecanismos tradicionales de gobernanza global.

En este marco, la noción de “paz a través de la fuerza” deja de operar como consigna política para convertirse en principio operativo, articulando poder militar, base industrial, diplomacia coercitiva y redistribución de cargas como pilares de la estrategia estadounidense.
Defensa 2026: del idealismo estratégico al realismo operacional
La NDS 2026 rompe con las grandes estrategias de la posguerra fría basadas en los criterios políticos normativos, el intervencionismo humanitario del liberalismo, el nation-building (Construcción de Naciones) de los neoconservadores y la externalización de costos de seguridad.
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Al respecto, Estados Unidos reconoce que el sistema internacional ya no ofrece condiciones estructurales de estabilidad para sostener un liderazgo global ilimitado. En su lugar, el documento propone una estricta correlación entre fines, medios y prioridades, donde la defensa del territorio nacional, la disuasión de China y la gestión selectiva de amenazas sustituyen cualquier pretensión de tutela global.

Este enfoque se inscribe en una tradición realista clásica, adaptada a un contexto de conflictos híbridos, escaladas graduales y competencia prolongada. La superioridad militar es concebida no solo como capacidad de combate, sino como un atributo sistémico que integra preparación operativa, respaldo industrial, cohesión política interna y alianzas funcionales.
Estados Unidos: la simultaneidad como problema estratégico central
Uno de los aportes conceptuales más relevantes de la NDS 2026 es la identificación explícita del problema de la simultaneidad: la posibilidad de enfrentar crisis o conflictos concurrentes en múltiples teatros. A diferencia de enfoques anteriores, que asumían escenarios secuenciales, la estrategia reconoce que actores estatales pueden coordinar presiones o explotar ventanas de oportunidad en distintos espacios geográficos.
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La respuesta propuesta es una gestión diferenciada de amenazas. China es definida como el desafío estructural primario, mientras que Rusia, Irán y Corea del Norte son considerados adversarios persistentes pero gestionables, siempre que los aliados asuman mayores responsabilidades.

Esta lógica no implica retracción estratégica, sino una redistribución del esfuerzo orientada a preservar la capacidad de concentración estratégica en el Indo-Pacífico y una recalibrada economía de fuerzas en Europa Atlántica, Medio Oriente y África.
China y la disuasión por negación en el Indo-Pacífico
La NDS 2026 establece con claridad que el centro de gravedad del sistema internacional se desplaza hacia el Indo-Pacífico. En este contexto, Estados Unidos descarta tanto la confrontación directa como la acomodación pasiva, optando por una estrategia de disuasión por negación. El fortalecimiento de la Primera Cadena de Islas, la integración de capacidades conjuntas y el alineamiento con aliados regionales responden a una lógica de equilibrio de poder destinada a impedir la dominancia estratégica china.
Esta primera cadena insular equivale a un perímetro de seguridad crítico, y de la carta geográfica correspondiente surge una indeterminación: no queda claro si Taiwán está dentro o fuera de dicho perímetro.

La disuasión es concebida como condición previa para cualquier negociación significativa. La estabilidad, en este esquema, no surge de la confianza, sino de la credibilidad del poder militar y de la capacidad de frustrar una agresión antes de que se materialice.
NDS 2026: Europa, Rusia y la redistribución de la carga estratégica
En el teatro europeo, la NDS 2026 redefine el rol estadounidense dentro de la OTAN. Reconoce que Rusia mantiene capacidades militares relevantes, pero afirma que la defensa convencional del continente debe ser liderada por los propios aliados europeos. El nuevo estándar de gasto en defensa busca corregir décadas de dependencia estructural y dotar a Europa de capacidades reales de disuasión.
En ese sentido, Estados Unidos mantiene un compromiso decisivo, pero limitado, orientado a sostener la estabilidad estratégica mientras concentra recursos en el Indo-Pacífico. Se trata de una recalibración del vínculo transatlántico, no de su debilitamiento.

Las novedades para el hemisferio occidental y la seguridad ampliada
La estrategia recupera la centralidad del hemisferio occidental como espacio prioritario, integrando seguridad fronteriza, lucha contra el narcotráfico, control del espacio aéreo y protección de infraestructuras críticas en una noción ampliada de defensa nacional.
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A su vez, la actualización funcional de la Doctrina Monroe se articula con amenazas híbridas y no tradicionales, reforzando la premisa de que ningún compromiso global resulta sostenible sin un control efectivo del entorno inmediato.
Si bien América del Sur no constituye un teatro prioritario en la NDS 2026, la región queda subsumida dentro de esta lógica hemisférica ampliada. La creciente focalización estadounidense en el Indo-Pacífico, combinada con la externalización de responsabilidades estratégicas en otros teatros, configura un esquema de baja presencia militar directa, pero de alta sensibilidad estratégica frente a dinámicas que puedan afectar la estabilidad regional, el control de recursos críticos, las infraestructuras estratégicas y los alineamientos extrahemisféricos.

En este contexto, los países sudamericanos enfrentan un escenario de mayor autonomía relativa, pero también de mayor responsabilidad estratégica. La ausencia de una agenda de seguridad regional robusta incrementa el riesgo de que el espacio sudamericano sea interpretado principalmente como ámbito de competencia indirecta entre potencias, particularmente en sectores como energía, minerales estratégicos, telecomunicaciones e infraestructura portuaria.
En consecuencia, la estabilidad regional dependerá cada vez menos de garantías externas y más de la capacidad de los propios Estados para sostener consensos mínimos de seguridad, gobernabilidad y previsibilidad estratégica.
Cuando el orden se fragmenta, la estrategia se concentra
La Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos 2026 no propone un retorno al pasado ni una retirada del sistema internacional. Propone una adaptación realista a un orden fragmentado, competitivo e incierto.
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De hecho, al articular disuasión, redistribución de cargas, revitalización industrial y defensa del interés nacional, el documento configura una arquitectura coherente para sostener la primacía estadounidense en un escenario de competencia prolongada. Para aliados y observadores, el mensaje es claro: la estabilidad futura dependerá menos de normas abstractas y más de capacidades concretas, responsabilidades compartidas y un equilibrio de poder efectivamente sostenido.
Los conceptos de patria, mercado interno y razón de Estado marcan el meridiano de la racionalidad estratégica de la NDS 2026, contenida en los parámetros referenciales de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) 2025. Conceptos acompañados de simbología histórica, como la nominación de Departamento de Guerra (ex Defensa), y la introducción doctrinaria de una concepción personalista del liderazgo presidencial.

Estrategia de Defensa Nacional: 4 puntos centrales
La operacionalización de la Estrategia de Defensa Nacional, consecuente con el programa de las políticas de la segunda Administración Trump, se desarrolla en cuatro “líneas de esfuerzo”:
- La línea de esfuerzo 1 apunta a la defensa del territorio nacional de los EE. UU. y los intereses nacionales en el marco continental o hemisférico. Al respecto se enuncia que el Hemisferio Occidental comprende desde el Ártico hasta Sudamérica, y que el espacio principal se configura en el conjunto geoestratégico que se extiende desde Groenlandia hasta el Golfo de América (sic) y el Canal de Panamá: espacios cerrados al acceso e influencia extra continental. En tanto que se plantea, explícitamente, que el Departamento de Guerra pondrá a disposición del Presidente los medios para el acceso militar y comercial a los mismos.
- La línea de esfuerzo 2 plantea como propósito la disuasión de China, mediante un sólido despliegue de fuerza militar en la Primera Cadena Insular, perímetro de las áreas de negación de acceso.
- La línea de esfuerzo 3 considera la reestructuración del esfuerzo y sustentabilidad de la defensa global, junto a los aliados de Estados Unidos en los siguientes frentes:
-En el Hemisferio Occidental con Canadá y México, abarcando desde el Ártico al Golfo de América y el Canal de Panamá.
-En Europa, con los socios de la OTAN, sobre quienes se delega la responsabilidad del sostén y despliegue de la defensa convencional.
-Oriente Medio, con el empoderamiento de los aliados de EE. UU.: Israel y los países del Golfo Pérsico.
-África, donde se apoyará el esfuerzo constante de los países aliados para el combate sostenido contra el terrorismo.
-Península de Corea, donde se destaca el esfuerzo integral de Corea del Sur para potenciar la disuasión sobre Corea del Norte.
- La línea de esfuerzo 4 apunta a reforzar la Base Industrial de Defensa, planteando un esfuerzo, desarrollo y movilización de recursos para sostener al poder militar, similares a los realizados en las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría.
Finalmente, la NDS 2026 prescribe una nueva economía de fuerzas del dispositivo militar global, con el propósito de incrementar los niveles de libertad de acción para disuadir un conflicto mundial. Pero, en caso de que falle la disuasión, prepara a la base nacional para una nueva guerra.
En su dimensión burocrática, el documento se deriva de la NSS 2025 y precede a una próxima Estrategia Militar Nacional, responsabilidad de los Jefes del Estado Mayor Conjunto.




