Los efectivos del Ejército Argentino continúan combatiendo el fuego en Chubut, donde los incendios forestales avanzan sin tregua y amenazan a distintas localidades cercanas a El Hoyo y al Parque Nacional Los Alerces.
El incendio no da respiro y cada minuto cuenta. Por eso, ante la magnitud de la emergencia y la complejidad del escenario, las Fuerzas Armadas redoblaron esfuerzos, razón por la que el Ejército Argentino decidió desplegar más efectivos y medios del Regimiento de Caballería de Exploración 3 y de Aviación de Ejército. ¿El objetivo? Sostener el combate y respaldar, codo a codo, a los brigadistas que enfrentan las llamas en condiciones extremas.
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Desde el Ministerio de Defensa, a cargo del teniente general Carlos Alberto Presti, remarcaron que estas tareas se desarrollan en coordinación con la Agencia Federal de Emergencias (AFE) y a partir de los requerimientos de las autoridades locales. “La intervención se orienta a brindar ayuda humanitaria, apoyo logístico y a fortalecer las capacidades operativas para contribuir a la protección de los recursos naturales, la vida y la propiedad de los argentinos”, señalaron.

DEF accedió a los testimonios de quienes, desde la primera línea de esta lucha -bajo el calor, el humo y el cansancio- se pusieron al servicio de la Patagonia con un propósito: contener el incendio y proteger a las comunidades amenazadas.
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Un dato: en este momento, la mayor parte de los esfuerzos del Ejército Argentino están concentrados en la localidad de Cholila, ciudad que está rodeada por distintos focos.
Los helicópteros del Ejército, los protagonistas del combate contra los incendios forestales
El mayor Pablo Luis Albornoz, jefe de la Sección de Aviación de Ejército de Montaña 6 (de Neuquén), opera con los helicópteros Bell 407 GXi y es uno de los efectivos de la Fuerza que está desplegado en Chubut -junto a dos pilotos y un mecánico, miembros de la tripulación, y un suboficial y soldado voluntario que brindan apoyo desde tierra- para combatir los incendios. Un detalle: estos pilotos están en Chubut desde el 9 de enero junto a los efectivos de otra sección de aviación del Ejército, la 8 de Mendoza.

“La jornada comienza con un briefing basado en las órdenes recibidas la noche anterior. Luego nos trasladamos a los helicópteros para realizar las inspecciones correspondientes y coordinar con el personal de tierra. Definimos la logística de combustible, el estacionamiento en los helipuertos y los tiempos de vuelo y descanso. Siempre realizamos un cálculo detallado del combustible, manteniendo un margen de seguridad estricto. Luego, una vez en el sector, coordinamos con las demás aeronaves y los brigadistas para organizar el circuito de carga de los helibaldes y el sentido de ataque al foco ígneo. Asimismo, planificamos la ruta de escape y coordinamos altitudes separadas para garantizar la seguridad entre aviones y helicópteros”, contó a DEF el piloto cordobés, no sin antes agregar que el vuelo en este tipo de escenarios resulta un desafío, pues, a los vientos de gran intensidad, se suman la vegetación oculta los focos y el humo que reduce drásticamente la visibilidad. “En zonas montañosas, resulta imperativo mantener una adecuada conciencia situacional”, resume.
Helicópteros en Bahía Rosales, el momento más crítico
Para Albornoz, uno de los momentos más críticos vividos hasta ahora fue la operación, con seis helicópteros y un avión hidratante, en la zona de Bahía Rosales. “Gracias a la tecnología disponible en nuestras pantallas y a la aplicación de procedimientos estandarizados, se desarrolló de forma segura. Los dos Bell 407 GXi trabajamos integrados en un “carrusel” coordinado, cronometrando recargas y lanzamientos con precisión. Esta es nuestra primera experiencia utilizando helibalde en montaña con este sistema de armas de reciente adquisición: a mi sección, esta aeronave arribó en diciembre de 2025”, contó, no sin antes confesar el orgullo que le genera ver al Ejército Argentino en este tipo de misiones.

“La mayor satisfacción es saber que estamos ayudando. Para nosotros es de máxima importancia lograr que el agua llegue exactamente al lugar donde se necesita”, dijo.
¿Cómo se manejan las emociones en la cabina del helicóptero?
Hay un aspecto clave a la hora de pensar en los trabajos que realizan los efectivos, fundamentalmente los pilotos, que asumen el riesgo de volar sobre los distintos focos de incendio: la tensión y la consciencia de que no existe margen de error.
Sin embargo, el personal militar no deja nada librado al azar. “El estrés se gestiona a través de procedimientos estrictamente establecidos. En cabina mantenemos silencio operativo y comunicaciones breves y colacionadas, donde la disciplina de radio resulta fundamental. A ello se suma una formación continua: desde nuestro ingreso al Ejército, la institución nos prepara sistemáticamente para operar en contextos complejos y de alta exigencia”, detalló el mayor Albornoz.

A ese contexto, se suma la distancia que mantienen con sus familias. En el caso de Albornoz, sus hijos de 7 y de 1 año y su esposa. “Ellos comprenden que, durante el día, mi atención debe estar completamente enfocada en el vuelo, ya que de ello depende la seguridad de todos. Estoy convencido de que la sociedad percibe el compromiso de las Fuerzas Armadas. Sabe que el Ejército está presente donde se lo necesite, con un despliegue importante de personal y medios, dando siempre lo mejor de sí en cada misión”.
Los helicópteros UH-1H Huey II en los incendios de Chubut
El capitán Julián Ramírez es uno de los comandantes del helicóptero UH-1H Huey II (del Batallón de Helicópteros de Asalto 601) que, desde el 19 de enero, está desplegado en Chubut junto al subteniente Ignacio Julián Zarza (como copiloto) para brindar apoyo con el transporte de brigadistas y de material.
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“La actividad comienza con las primeras luces del día y finaliza al anochecer. Se mantiene una comunicación y coordinación constantes, tanto con el personal en tierra como con las demás aeronaves”, contó, al tiempo que agregó que, en el marco de las tareas, deben patrullar las zonas afectadas en busca de los lugares óptimos para poder desplegar a los brigadistas, junto con todo su equipamiento de trabajo, y, luego, recuperarlos para trasladarlos de manera segura a la base: “Esta operación requiere un cálculo permanente de peso y balance de la aeronave, procurando no afectar su performance y mantener una adecuada seguridad operacional”.

Volar sobre el fuego, una maniobra de alto riesgo
En palabras de Ramírez, la baja visibilidad juega un rol fundamental en este tipo de operaciones aéreas, ya que se trabaja en zonas de montaña, lo cual implica un riesgo constante por la presencia de obstáculos orográficos: “A su vez, al aproximarse al fuego, no solo se recibe humo y partículas suspendidas en el aire, como cenizas, sino también corrientes ascendentes de aire caliente provenientes del incendio, que se mezclan con las descendentes propias de la montaña, convirtiendo una operación inicialmente sencilla en una maniobra de alto riesgo, que en determinadas circunstancias obliga a abortar la misión”.
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Además, el joven piloto es contundente a la hora de hablar del compromiso con este tipo de apoyos a la comunidad: “Hacemos todo lo que está a nuestro alcance para ayudar a detener y mitigar el fuego, pero muchas veces la meteorología no está de nuestro lado y dificulta nuestro accionar. En lo personal, sentimos un alto grado de responsabilidad y compromiso. Tratamos de aportar nuestro granito de arena desde el lugar que nos toque”.
¿Qué les gustaría que la sociedad sepa sobre el rol de las Fuerzas Armadas en estas emergencias? “Que son fundamentales para garantizar la soberanía, la independencia y la integridad territorial de la Argentina, protegiendo la vida y los bienes de sus habitantes. En tiempos de paz, además de adiestrarse para cumplir con su misión, se encuentran a completa disposición para brindar apoyo a la comunidad, preservar el medio ambiente y cumplir con otras misiones subsidiarias”, responde Ramírez.

Soldado Colín: “Estamos listos para dar lo mejor en este tipo de situaciones”
Además, el Ejército Argentino recibió una misión clave en pos de garantizar el trabajo de los brigadistas: la preparación de raciones destinadas a los combatientes del fuego. Desde Esquel, provincia de Chubut, el soldado Ezequiel Colín -del Regimiento de Caballería de Exploración 3– compartió sus sensaciones con DEF. “La convocatoria fue recibida con mucha predisposición. Siempre estamos listos para colaborar y dar lo mejor en este tipo de situaciones. Trabajamos en una cocina muy bien equipada y que cuenta con personal especializado en el área gastronómica. Esta es mi tercera experiencia en este tipo de despliegues, siempre vinculados a incendios forestales en la zona”.
En ese sentido, Colín contó que, junto a otros efectivos, comienzan a trabajar a las cuatro y media de la mañana para poder llegar a tiempo con las comidas: deben preparar el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena para 300 brigadistas. Y, de ser necesario, preparar viandas.
“Durante la mañana se adelanta todo lo correspondiente al almuerzo y a la cena. Previamente se prepara algún refuerzo para la merienda, como budín de pan, tortas fritas, ensalada de frutas o budines. Luego, se prepara la cena. El último plato se sirve, como máximo, alrededor de las dos y media de la madrugada. Finalizado ese horario, se cierra la cocina y se realiza la limpieza general para dejar todo en condiciones para el día siguiente”, relata.El trabajo que Colín realiza con otros compañeros no es menor, pues la alimentación influye en el rendimiento físico y el estado anímico de los brigadistas. “Siempre recibimos halagos y agradecimientos por parte de ellos, eso nos motiva y llena el alma. En este lugar todo está funcionando muy bien. De hecho, hubo reencuentros con algunos de los que participaron en otros escenarios similares: hubo abrazos y apretones de mano, recuerdan muy bien al personal del Ejército que les brindó ayuda. Para nosotros es muy gratificante colaborar con ellos desde nuestro lugar, más sabiendo la importancia del trabajo que llevan adelante”.




