El 26 de marzo de 1982, en las sombras del poder, la Junta Militar tomó una decisión que cambiaría la historia del país: las Fuerzas Armadas argentinas debían recuperar las Islas Malvinas, usurpadas desde 1833 por Inglaterra. Esta determinación no admitía demoras: los efectivos tenían apenas una semana para lograr su objetivo.
¿El día D? La noche del 1 de abril. Aunque, se dejaba abierta la posibilidad de postergar el asalto hasta el 2 o incluso el 3 de ese mes.
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En esos días previos al ataque se creó una Fuerza de Tareas Anfibia: hombres del Ejército y de la Armada, con buques y equipos de guerra, debían estar listos para desafiar las indómitas aguas del Atlántico Sur en una audaz operación. Convocados en la más estricta reserva, los protagonistas sellaron un compromiso inquebrantable: no revelar, bajo ninguna circunstancia, la misión que estaban por emprender.
El mal tiempo determinó la fecha definitiva: la operación, bautizada en un principio como “Azul”, se ajustó a la noche del 2 de abril. La misión fue clara: los efectivos militares debían doblegar toda resistencia, tomar la gobernación, Puerto Argentino y asegurar el aeródromo, llave vital para consolidar la presencia argentina en el archipiélago. Pero, ¿qué pasó esa noche?

Así se recuperaron las Islas Malvinas
En la madrugada del 2 de abril de 1982, a las 00:30 horas, se inauguró una nueva etapa de la historia argentina. A cuatro kilómetros de Puerto Argentino, las sombras cobraron vida: las tropas especiales de la Armada avanzaron, silenciosas para reducir a los marines británicos y terminar así con la usurpación.
Tres horas más tarde, desde las profundidades del Atlántico Sur, emergieron los buzos tácticos (a bordo del submarino ARA “Santa Fe”). ¿El motivo? Asegurar el faro y allanar el camino para la llegada del buque de transporte “Cabo San Antonio”, con los hombres del Batallón de Infantería de Marina 2 y los del Regimiento de Infantería 25. Estos soldados, sin titubeos y con total profesionalismo, avanzaron sigilosos hacia el aeródromo y lo tomaron. Luego marcharon sobre Puerto Argentino y cercaron a la gobernación desde el Este. Al mismo tiempo, los buzos tácticos convergieron desde el Oeste. Fue una coreografía precisa de absoluta estrategia. Los militares se movían conscientes de que en ese momento no había margen de error ni lugar para la emoción; lo sentimientos llegarían luego, al ver flamear la bandera argentina en las Islas Malvinas. Lo que siempre debió haber sido.

El 2 de abril de 1982 la operación “Rosario” cumplió su cometido con una eficacia casi quirúrgica. Para las siete de la mañana, el aeródromo ya estaba bajo control argentino y el puente aéreo en funcionamiento. A las nueve y cuarto, el gobernador Rex Hunt se rindió. En cuestión de horas, las Fuerzas Armadas protagonizaron horas clave para la soberanía argentina.
Un dato: la operación pensada por la Junta Militar para recuperar las Islas Malvinas, inicialmente, llevó el nombre de“Azul”. Pero, más tarde, se decidió que debía llamarse “Rosario” en honor a la Virgen, ya que en el año 1806, durante la reconquista de Buenos Aires, Santiago de Liniers le rezó a ella para vencer al enemigo británico. Por eso, los trofeos de guerra obtenidos en aquella oportunidad, hoy acompañan a la imagen de María en el Convento Santo Domingo. Al igual que en aquellos años (y que en Vuelta de Obligado), en Malvinas, Argentina volvía a enfrentar a los ingleses.
Las Malvinas son argentinas: la historia de la usurpación y del reclamo argentino
“Las Islas Malvinas” es un texto de Paul Groussac que data de comienzos del siglo XX. En sus páginas, el escritor franco-argentino fundamenta los derechos argentinos sobre el archipiélago. De hecho, cuando desde el Congreso Nacional le pidieron que se encargue del compendio para difundirlo en las escuelas, Groussac escribió: “A la Argentina, esta evidencia de su derecho”.
En su investigación, relata que, a raíz de una expedición del militar francés Louis Antoine de Bougainville -quien instaló una colonia en las Islas- España reivindicó las Malvinas y el marino debió desmantelar las reducidas instalaciones. De acuerdo con Groussac, el gobierno español consideraba al archipiélago como dependencia de sus dominios continentales.
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“Este derecho superior invocado por España y reconocido por Francia es el eje mismo del litigio opuesto 17 años antes (1748) a una veleidad de ocupación de las Malvinas por Inglaterra había bastado para detenerla. Dicha conexión geográfica y geológica se ha vuelto hoy una noción trivial, admitida en las obras de más alta autoridad científica” (SIC), explica Groussac a favor del reclamo argentino.

Años después, en 1828, asumió como gobernador argentino en las Malvinas, Luis Vernet. Su objetivo fue fundar una colonia, por eso se organizaron expediciones y se instalaron familias y gauchos (para el manejo de ganado). Pero, eso no prosperó y el funcionario debió precipitar su salida: tras la captura de tres embarcaciones de Estados Unidos por pesca ilícita, el capitán Silas Duncan desembarcó con el USS Lexington en Puerto Soledad con la orden de proteger los derechos de los norteamericanos “que pesquen y comercialicen”, redujo a las autoridades y destruyó la colonia.
Días después, el gobierno de Buenos Aires -en un decreto del 10 de septiembre de 1832- nombró a Juan Mestivier como comandante interino de las Malvinas. También duró poco: fue asesinado en un motín que tuvo lugar poco tiempo antes de la usurpación de las Islas por parte del Reino Unido, hecho que ocurrió el 3 de enero de 1833. Desde entonces, Argentina denuncia la usurpación y reclama sus derechos sobre las Malvinas.
Un detalle: la esposa de Mestivier dio a luz a su único hijo en las Malvinas, el niño se convirtió -junto con otros, como Malvina Vernet y Sáez– en uno de los pocos argentinos nacidos en ese territorio antes de 1833.
Coronel Daniel Esteban: “Nos pidió estricto secreto, incluso con nuestras familias”
Para reconstruir la recuperación de las Islas Malvinas, DEF dialogó con Carlos Daniel Esteban, coronel retirado del Ejército Argentino y secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Universidad de la Defensa (UNDEF). ¿El detalle? Además de haber sido uno de los protagonistas de la Operación “Rosario”, el coronel fue distinguido con la medalla de “La Nación Argentina al Valor en Combate”, una de las máximas condecoraciones que entregó el país para reconocer a quienes se destacaron por sus méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria.
En otoño de 1982 Esteban apenas era un joven teniente primero del Regimiento de Infantería 25 (con asiento de paz en la localidad de Colonia Sarmiento, provincia de Chubut) cuando fue convocado para vivir un momento histórico junto a otros oficiales, suboficiales y soldados que participaron del desembarco del 2 de abril.

“Nosotros no teníamos ninguna información de que se estaban por iniciar las operaciones para recuperar la soberanía de Malvinas. El teniente coronel Seineldín, jefe del Regimiento, había viajado a Bahía Blanca y a él le habían dado algún tipo de orden preparatoria o información previa. Mientras, con nuestros soldados seguíamos con la instrucción habitual de siempre”, relata. Sin embargo, al regresar, Seineldín los reunió a todos: “Una sola compañía iba a desembarcar en el día de la Operación. Las otras iban a llegar después, por modo aéreo. Además, nos pidió estricto secreto, incluso con nuestras familias. Y, por supuesto, hacia debajo de la cadena de comando, nada. Nuestros suboficiales y oficiales se enteraron de la operación cuando estábamos embarcados”.
La Compañía C del Regimiento 25, la elegida para la operación “Rosario”
Para el desembarco, el Regimiento 25 organizó a una de las Compañías más emblemáticas del Ejército, la “C”. No tenían armas pesadas, pero sí contaban con los mejores soldados, suboficiales y oficiales. Estaba conformada por tres Secciones: “La idea es que la única compañía del Ejército que iba a desembarcar represente a todo el Regimiento. Para eso, se seleccionó a una sección de cada una de las compañías de la Unidad”, relata Esteban.
De esa manera, los mejores efectivos fueron los elegidos para integrar las secciones que participarían de la Operación “Rosario”: “La del subteniente Roberto Oscar Reyes, que era de mi compañía. Luego, la del subteniente Juan José Gómez Centurión, de la Compañía B; y, finalmente, la del teniente Roberto Estévez -fallecido en Malvinas- que era de la compañía A”.

Sobre la orden que habían recibido, el coronel es contundente: debían desalojar a los Royal Marines y, posteriormente, esperar la llegada de una fuerza de seguridad. Luego, regresaban al continente.
¿Por qué el Regimiento 25 había sido el elegido para protagonizar aquel histórico momento? “Creo que por el prestigio y porque estaba cerca de la zona. Además, son tropas que están aclimatadas al frío y al viento”, responde el oficial, al tiempo que rescata que, además, la cúpula del Ejército había decidido enviar a sus mejores oficiales al sur: “Eso lo hizo el general Galtieri, porque sabía lo que iba a pasar. Nosotros no”.
Finalmente, los efectivos del 25 partieron hacia las Malvinas. Antes de dejar el continente, el comandante de la Fuerza de Desembarco, el contraalmirante Carlos Alberto Büsser, los arengó: “Nos pidió, dentro de lo posible, cumplir con la misión sin generar daños innecesarios. Lo llamó una operación incruenta”.
A bordo del buque de la Armada, se escuchaba la bravura del mar. Sin embargo, relata Esteban, los efectivos estaban orgullosos. “Uno sentía el peso de la importancia de lo que íbamos a hacer. Pero los más experimentados teníamos la responsabilidad de pensar otras cosas y, a su vez, cuidar el bienestar de los subalternos”, recuerda.
Finalmente, los del 25 pudieron desembarcar: “A las 6 de la mañana los comandos anfibios estaban llegando a la costa. Salimos con lanchones para llegar a lo que iba a ser la zona del aeropuerto”.
La llegada de la Armada Argentina a las Malvinas
Tiempo atrás, DEF pudo dialogar con el capitán de navío retirado (y Veterano de Guerra de Malvinas) Bernardo Schweizer, quien en 1982 tenía 24 años y el grado de teniente de corbeta. Él, junto al cabo principal Sequeira, fueron los primeros argentinos que desembarcaron en las Islas durante aquella madrugada histórica de 1982.
“La navegación fue muy dificultosa. Pero, de cualquier manera, llegamos a un punto en el que yo, con el único visor nocturno que teníamos, vi la línea de olas adelante, a unos 100 metros, y decidí pasar al kayak, junto a Carlos Sequeira”, comenta y agrega que pensó que “por una bengala” había sido descubierto.
“La técnica en esa circunstancia es agacharse, ofrecer la menor silueta. Así que los dos nos tiramos hacia delante sentados, digamos, doblando el torso, y yo continué mirando a ver de dónde podían venir los tiros, porque a partir de eso era cuestión de segundos, pero no pasó nada”, cuenta y añade que, inmediatamente, ambos buscaron llegar a las playas con la mayor rapidez posible para evitar ser detectados: “En ese momento pensé que era mejor llegar vivo, antes que llegar muerto y tarde”.
El aterrizaje de la Fuerza Aérea Argentina en las Islas Malvinas
Con el aeródromo asegurado por los efectivos del Ejército, un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina pudo llegar a las islas Malvinas con el objetivo de establecer el puente aéreo con el continente.
El brigadier retirado Ernesto Osvaldo París, en aquel entonces teniente de la Fuerza Aérea Argentina y con 26 años de edad, recuerda que en otoño del ´82 le informaron a él y a otros 28 efectivos del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza que iban a participar de una misión secreta en el sur.
En diálogo con DEF, el oficial contó que llegó en el primer vuelo que aterrizó en el archipiélago tras haber recuperado las Islas Malvinas. Según su relato, cuando la aeronave tocó tierra, bajó la rampa de lanzamiento y los comandos del GOE debieron ser los primeros en descender. Por delante, estas fuerzas especiales tenían un gran desafío: protagonizar misiones de exploración y reconocimiento con el objetivo de conocer los movimientos británicos.
Operación “Rosario”: “La planificación sucedió como se la había pensado”
“La Operación Rosario fue perfecta. Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación sucedió como se la había pensado. Ejemplar. Por supuesto que, después, vinieron las improvisaciones, pero no fueron durante la Operación “Rosario”, llegaron después, cuando se dio lo de Plaza de Mayo”, explica Daniel Esteban.
Y, si bien esos militares aún tenían mucho por delante, cerraron la jornada con la más plena emoción: fueron los protagonistas del arrío de la bandera británica y del izamiento del pabellón argentino.
“El hecho de haber visto flamear a la bandera en las islas me produjo una emoción tremenda e indescriptible. Estar en esa oportunidad, y compartirla al lado de mis compañeros y del subteniente Reyes y todos los hombres de su sección, fue un muy lindo momento, algo emocionante”, recuerda el teniente coronel retirado Abel Aguiar.
Asimismo, asegura que los recuerdos de aquella jornada están grabados en su memoria: “Yo había llegado en el tercer Hércules al aeropuerto y, cuando descendimos, todavía se escuchaban disparos en la zona de Puerto Argentino. Para el momento en el que arribamos a la casa del gobernador de las islas, pude ver a los soldados ingleses prisioneros. Después de esos movimientos, preparamos la formación para izar la bandera. Ese día se había trabado la driza del mástil y el subteniente Roberto Reyes se subió para poder resolver ese inconveniente”.
Finalmente, el general (retirado) Roberto Reyes, compartió con DEF el sentimiento en torno a la presencia de la celeste y blanca en Malvinas: “La bandera argentina es, de todos los símbolos nacionales, el más representativo. Representa a cada uno de los ciudadanos que habitan este suelo y a cada uno de los lugares que componen nuestro territorio. Por eso, las islas Malvinas son parte de nuestro país, de nuestro territorio y de nuestro ser nacional”.




