En Chile, un efectivo de las Fuerzas Armadas argentinas fue detenido en un paso fronterizo. ¿El motivo? En su vehículo, se identificó un subcalibre de mortero. El dato: el proyectil no tenía poder de fuego básicamente porque este objeto, de aproximadamente 11 cm, se utiliza para instrucción. Es decir, es una munición que, además de ya haber sido percutada, no tiene capacidad explosiva. “Es un pedazo de metal”, explican los especialistas.
Cabe destacar que, en el Ejército Argentino, el mortero es ampliamente utilizado por las unidades de las Armas de Infantería y Caballería, que tienen un alto protagonismo en escenarios de combate.
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Los morteros del Ejército Argentino
El Ejército Argentino emplea dos tipos de morteros: los de 120 y los de 81 mm. Y, para entender su uso, basta comprender que se trata de un arma que bate ángulos muertos y que puede tener gran poder destructivo. Es decir, si existe un blanco oculto con algún tipo de obstáculo, puede alcanzarlo. De acuerdo con los especialistas, eso no podría pasar con aquel armamento que, para llegar a un objetivo, debe ubicarse en la misma línea de tiro.
En resumen, un mortero es un arma de tiro indirecto, que se utiliza en apoyo de fuego en operaciones tácticas y que, dependiendo del calibre, puede tener distinto alcance.
El detalle: todas las unidades del Ejército que pertenecen a la Infantería y a la Caballería tienen secciones abocadas al empleo de este tipo de sistema que, además, no es de uso individual. “Siempre se trabaja en fracción”, aclaran los expertos.

¿Por qué los morteros argentinos en la Guerra de Malvinas hicieron la diferencia en el combate?
A su vez, además de los proyectiles para morteros pesados o livianos, existen otros que tienen una finalidad clave para la Infantería: iluminar la zona de despliegue de las tropas.
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En definitiva, los efectivos del Ejército que se adiestran para entrar en contacto directo con el enemigo saben que el apoyo de fuego puede ser la clave para la conquista del objetivo; por eso, las compañías de Infantería de los distintos regimientos de la Fuerza cuentan con secciones de apoyo con dos tipos de sistemas: ametralladoras y morteros (livianos).

En la Guerra de Malvinas, el mortero tuvo un gran protagonismo en cada uno de los combates que se libraron por la soberanía: al tratarse de una operación defensiva, la doctrina exigió que -en principio- se comience a tirar desde distancias largas. Por eso, luego de la artillería (naval, aérea o terrestre), llegó el turno de este tipo de armamento.
Por otro lado, hay que saber que el mortero se conforma de distintas partes, entre ellas, una placa base que se entierra para que el mortero pueda ser empleado. Por eso, a medida que se efectúan los disparos, la presión puede provocar que se hunda. En la turba malvinense, eso podía llegar a ser un verdadero problema para los miembros del Ejército que combatieron para defender las Islas, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833.




