Durante décadas, la imagen del militar estuvo asociada a la fortaleza, la disciplina y el silencio emocional. Pero, ¿qué ocurre puertas adentro cuando se trata de la salud mental? ¿Cómo se prepara psicológicamente a quienes deben enfrentar contextos extremos, desde misiones de paz hasta zonas de conflicto o destinos como la Antártida? ¿Es posible entrenar la mente para la guerra?
Estas preguntas atraviesan un proyecto estratégico impulsado por la Dirección de Sanidad Conjunta, que busca consolidar la psicología militar como un campo académico y operativo clave para las Fuerzas Armadas.
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En octubre pasado, la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) dio un paso inédito en la región al realizar las primeras Jornadas de Psicología Militar, con más de 400 inscriptos en modalidad híbrida y la participación de especialistas de Estados Unidos, España y Uruguay, además de profesionales de distintas provincias argentinas.
Aquella convocatoria —que reunió a psicólogos, médicos, psiquiatras, psicopedagogos, licenciados en Educación y personal de las Fuerzas Armadas y de Seguridad— no solo confirmó el interés creciente por este subcampo disciplinar, sino que abrió la puerta a una propuesta académica sin antecedentes en América del Sur.

La primera diplomatura en Psicología Militar de la región
Hoy, esa experiencia se proyecta en una nueva etapa: en marzo, la UNDEF lanzará la Diplomatura Universitaria en Psicología Militar —la primera en la región— junto con la segunda edición de las Jornadas y la organización de un Congreso Internacional previsto para octubre.
La iniciativa, articulada por Luciano Emanuel González, teniente de navío y psicólogo, quien se desempeña en la Dirección General de Sanidad Conjunta, y la doctora Marcela Moratori, investigadora del CONICET y referente en liderazgo en el Colegio Militar de la Nación, apunta a dar respuestas concretas, empíricas y operativas a las necesidades específicas del ámbito castrense.
De la experiencia bélica a la disciplina académica
La psicología militar nació en el siglo XX como respuesta a demandas específicas y en la actualidad incorpora nuevos desafíos como la utilización de drones y la guerra contemporánea. Se trata de la aplicación de la psicología a problemáticas propias de la vida militar: liderazgo en operaciones, formación de personal, manejo del estrés y acompañamiento a las familias, entre otros.
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En ese contexto de creciente complejidad operativa y demanda profesional, la formación especializada se vuelve clave.
La diplomatura estará estructurada en nueve módulos, con encuentros virtuales sincrónicos y docentes invitados de trayectoria nacional e internacional. Desde la historia y fundamentos de la disciplina hasta la psicología antártica —área en la que Argentina fue pionera—, el programa apunta no solo al bienestar del personal y sus familias, sino también al fortalecimiento institucional. Con un cupo estimado de 100 participantes y consultas provenientes de distintos países de la región, la propuesta confirma que la psicología militar dejó de ser un tema periférico para convertirse en una necesidad estratégica.
Con esta propuesta, la UNDEF se consolida como un espacio de formación, investigación e intercambio que busca dar respuestas concretas a los desafíos actuales de la Defensa.

Voces expertas para una disciplina en expansión
¿Cómo definirías la psicología militar y qué la distingue de otras especialidades de la psicología?
Luciano González: La psicología militar es la manera en que la psicología aborda los problemas concretos y empíricos que surgen en las Fuerzas Armadas, especialmente en relación con la salud mental. Su particularidad radica en el contexto: responde a necesidades específicas propias del ámbito militar.
¿Cuál es el rol del psicólogo militar dentro de las Fuerzas Armadas y en qué ámbitos interviene?
LG: La función principal es el asesoramiento al cuerpo de comando (los oficiales de las unidades, quienes planifican, ejercen el mando y conducen equipos). Si bien la asistencia está dirigida a todo el personal, el acompañamiento estratégico se orienta especialmente a quienes tienen responsabilidades de liderazgo.
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El psicólogo interviene en múltiples áreas: en salud, en educación y en el ámbito operativo de las tres fuerzas —tierra, mar y aire—. Su labor se desarrolla en todos los contextos donde haya personal militar desplegado, desde misiones de paz hasta destinos como la Antártida.
¿Cómo se articulan la prevención, la intervención y la rehabilitación en el trabajo del psicólogo militar?
LG: Nuestro enfoque principal está puesto en la prevención y en la promoción de la salud mental. Sin embargo, también nos preparamos para intervenir en situaciones emergentes, es decir, cuando ocurre un hecho que requiere una respuesta inmediata y un abordaje específico.
¿Qué acciones concretas se desarrollan en materia de prevención y promoción de la salud mental?
LG: Por ejemplo, se trabaja en realizar procesos de selección adecuados, así como en el asesoramiento y acompañamiento durante la formación de oficiales, suboficiales, soldados y marineros. Además, la prevención forma parte del trabajo cotidiano en las distintas unidades, interviniendo cuando las situaciones lo requieren.

Existe una evaluación psicológica para quienes desean ingresar a las Fuerzas Armadas?
Marcela Moratori: Sí, siempre. Se realiza en todos los niveles y en todas las Fuerzas, tanto para el ingreso como para la permanencia. Además, se llevan a cabo evaluaciones periódicas —de carácter anual— que forman parte de los exámenes de salud regulares.
Se trata de una evaluación integral y compleja que incluye técnicas de screening, herramientas psicométricas, tests proyectivos y una entrevista clínica.
¿Qué variables psicológicas se consideran centrales al definir un perfil militar?
LG: En primer lugar, se evalúa el estado general de salud mental y la ausencia de psicopatologías que puedan interferir en el desempeño cotidiano o implicar un riesgo sí y para terceros[U8] . Es fundamental descartar aquellas condiciones que afecten el juicio, la toma de decisiones o el trabajo en equipo.
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MM: Además, se valoran los recursos personales que favorecen la resiliencia. La vida militar presenta desafíos muy específicos —como convivir en espacios reducidos, por ejemplo en un submarino, o permanecer largos períodos lejos de la familia—, por lo que resulta imprescindible contar con recursos emocionales, cognitivos y conductuales sólidos. Estos recursos no solo se evalúan al ingreso, sino que también se fortalecen y desarrollan a lo largo de la carrera.
¿Cómo se evalúa la aptitud psicológica para misiones de alto riesgo y contextos extremos?
LG: Esta evaluación se enmarca en el área de la psicología operativa, que define el perfil psicológico requerido según las características específicas de cada misión. No es lo mismo ser destinado a la Antártida que participar en una misión de paz o en una zona de conflicto: cada contexto implica demandas emocionales, cognitivas y conductuales diferentes.
Por eso es fundamental contar con psicólogos militares especialmente capacitados, capaces de analizar esas variables, evaluar la aptitud y trabajar en articulación directa con el planeamiento operativo.

¿Es factible entrenar la mente para situaciones de guerra?
MM: Sí. La mente es maleable y tiene la capacidad de desarrollar resiliencia y tolerancia frente a situaciones críticas. Por eso, en todos los institutos de formación hay equipos de psicólogos que acompañan estos procesos, fortaleciendo recursos emocionales y estrategias de afrontamiento desde las primeras etapas de la carrera.
¿Qué estrategias preventivas existen para reducir el impacto del estrés postraumático?
LG: Existen intervenciones preventivas que pueden atenuar el impacto de un evento potencialmente traumático. Se trata de estrategias orientadas a fortalecer la resiliencia —la capacidad de sobreponerse a situaciones complejas— y a desarrollar habilidades de regulación emocional, afrontamiento y apoyo entre pares. Son competencias que pueden entrenarse y, de hecho, forman parte de la preparación psicológica del personal.
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¿Hay espacio para hablar de emociones o vulnerabilidad en el ámbito militar?
MM: Sí, y cada vez más.Hoy se reconoce la importancia de la inteligencia emocional como una competencia que debe desarrollarse y ejercitarse. Durante mucho tiempo predominó una imagen del militar asociada a la invulnerabilidad, pero ese modelo ha ido transformándose.
Actualmente se trabaja desde un nuevo paradigma, con enfoques de liderazgo más integrales, que valoran la autoconciencia, la regulación emocional y la capacidad de reconocer límites. Lejos de ser un signo de debilidad, comprender y gestionar las propias emociones fortalece el desempeño y el ejercicio del mando.




