El Ejército Argentino dio un paso relevante en su proceso de modernización con la incorporación del vehículo blindado a rueda Stryker 8×8. En un escenario internacional marcado por los conflictos híbridos, drones de ataque e innovadoras tecnologías, este nuevo sistema de armas -probado en combate y ampliamente utilizado por el Ejército de los Estados Unidos- se integra a una visión estratégica que prioriza movilidad, protección y capacidad de maniobra en entornos operacionales cada vez más complejos.
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“Lo único constante es el cambio”, escuchamos decir frecuentemente. Esta famosa frase, atribuida al filósofo griego Heráclito, resume la idea de que todo en el universo está en perpetuo flujo y transformación, donde nada permanece igual. Resulta entonces, una constante mutación en la cual reside la esencia de la vida, invitándonos a ser flexibles y adaptables para superar los desafíos, debiendo ser ampliamente permeables ante la resistencia lógica que brinda la comodidad de dominar lo conocido para, finalmente, transformar la realidad a nuestra conveniencia.
Pero, el cambio por sí mismo no es la solución a nada si no hay un plan que lo sustente, invitando a sumarnos a quienes, necesariamente, nos sentimos y estamos involucrados en su proceso. El cambio, sin importar su naturaleza, implica soñar con un escenario futuro posible, definir las acciones concretas para desarrollarlo y gestionar con firmeza el impulso hacia el objetivo deseado. En definitiva, significa evolucionar hacia algo nuevo, a pesar que en algunos casos, esto implique asumir decisiones radicales.

La operación “Resolución Absoluta”, emprendida por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, fue un claro ejemplo de evolución. Para el caso, un cambio en el concepto de operaciones militares a baja escala, entendiendo por éstas a las acciones de combate, limitadas en alcance y duración, ejecutadas por Fuerzas Especiales con un alto grado de tecnicismo, dentro de un ambiente operacional hostil, cuyos objetivos pueden variar entre incursiones, sabotajes, rescates de rehenes o aprehensión de personalidades importantes, empleando recursos especializados, para obtener resultados estratégicos, sin llegar a desatar una escalada mayor del conflicto.
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En lo que respecta a las Fuerzas Armadas argentinas, particularmente al Ejército, a partir de principios del año 2024 -bajo la gestión del actual Ministro de Defensa- comenzó a implementarse un modelo de evolución a través de la incorporación de nuevas tecnologías, a las que puntualmente se las denominó “núcleos de modernidad”.
Los núcleos de modernidad del Ejército Argentino
El Ejército Argentino definió como núcleos de modernidad al conjunto de distintos sistemas de armas, equipos y otros materiales con tecnología avanzada que sirvieron como punto de partida para una nueva etapa de profesionalización dentro de su fuerza operativa.
Como resultado de distintos proyectos (algunos de ellos postergados durante un largo tiempo), estos novedosos sistemas de armas y equipos pasaron a incrementar y mejorar las funciones de combate, como la movilidad, maniobra, inteligencia, fuegos, sostenimiento, comando y control, protección e información.
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En este sentido, se dio un paso firme hacia la modernización de la flota blindada a rueda con la incorporación del vehículo Stryker 8×8. Luego de años de análisis y debates, la elección de este sistema no solo refleja una necesidad operacional, sino también una visión estratégica en línea con los desafíos que impone la guerra moderna.

El Stryker 8×8 en el Ejército Argentino
Finalmente, luego de 10 años, el impulso del proyecto para incorporar vehículos blindados a rueda dio sus frutos. Su adquisición responde a un proceso que combinó una evaluación geopolítica, técnica y de necesidades propias del teatro operacional argentino. La llegada del segundo lote de esta línea de vehículos al puerto de Buenos Aires, el pasado 3 de febrero, viene a reafirmar el compromiso del gobierno por la Defensa Nacional.
Si bien hubo distintas opiniones acerca de cuál sistema de armas sería más conveniente en relación a la variada geografía que posee nuestro territorio, se priorizó uno que presentaba un factor multiplicador del poder de combate, dado por su “probanza en combate”. De allí que el mejor vehículo (el elegido), haya sido el Stryker 8×8.
Para quienes siguen las circunstancias que envuelven a los conflictos armados y los aconteceres dentro del campo de combate, la pregunta que subyace es si este vehículo puede sobrevivir en la era de los drones y otros vehículos no tripulados (VNT). La respuesta se encuentra explícita en el mismísimo escenario de guerra: el campo de combate moderno (así como también lo fue todo escenario bélico en el pasado) requiere de todo tipo de medios y sistemas de armas. Resulta un análisis demasiado lineal pensar que los drones serán los únicos sistemas de armas que dominarán el campo de combate (aunque somos conscientes de la efectividad que demuestran en los conflictos actuales).

De todas formas y, a lo largo del tiempo, las distintas guerras demostraron la preeminencia de algunos sistemas de armas por sobre otros. En algún sentido, el campo de combate siempre fue, es y será un escenario de experimentación de acción y reacción, donde por cada sistema de armas que se oponga, habrá otro que rápidamente encontrará la vulnerabilidad del anterior. Resulta válido mencionar, como ejemplo, la recuperación de ciudadanos israelíes -por parte del Ejército- que habían sido retenidos por la fuerza.
En aquella oportunidad, se emplearon tanques para ingresar a la localidad de Gazatí, a sabiendas del gran riesgo que implicaba emplear un vehículo blindado dentro de un terreno compartimentado, como era el caso de una localidad, a pesar de la amenaza que representaban los drones de ataque. Sin embargo, ahí estuvieron los blindados cumpliendo con la tarea.
El Stryker, una plataforma versátil, modular y eficiente
El Stryke demostró su eficacia en escenarios complejos como Irak y Afganistán, poniéndose a prueba tanto en acciones de combate urbano como en misiones de patrullaje, control de rutas y evacuaciones bajo fuego. Su diseño modular permitió su rápida adaptación a distintos roles, como el transporte de tropas, vehículo sanitario, centro de comando móvil y plataforma de fuego con cañones de 30 mm porta mortero o misiles guiados.
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Los distintos escenarios que imponen los conflictos contemporáneos, ponen de relieve a la tecnología como factor decisivo en el campo de combate moderno. Misiles de largo alcance, drones de ataque, así como otros sistemas de armas de alta precisión, desafían a los blindados en la primera línea. Sin embargo y, a pesar de ello, éstos vehículos continúan cumpliendo un rol preponderante en todos los escenarios de conflicto contemporáneos, donde la rapidez y velocidad de despliegue, choque y maniobra, aún son un factor desequilibrante.
Dentro de esta categoría, el Stryker se consolidó como uno de los sistemas de armas más exitosos entre los de su misma clase. Su desempeño, comprobado en múltiples teatros de operaciones, su adaptabilidad a diferentes sistemas de tiro sobre su batea y su movilidad táctica, lo convierten en una solución ideal para las Fuerzas Armadas que buscan una ventaja táctica.
El concepto central del vehículo radica en su modularidad. A partir del diseño de su chasis, se desarrollaron más de diez variantes especializadas, facilitando el mantenimiento y favoreciendo la cadena logística. Esta versatilidad de adaptación a distintos sistemas de armas sobre su plataforma, es lo que permite integrarse con facilidad a las necesidades de una brigada blindada, junto con otros vehículos de la misma familia (o similares), garantizando y complementando su interoperabilidad a futuro, en particular con la nueva línea del Tanque Argentino Mediano en su versión 2C-A2.
Una decena de motivos para adquirir el Stryker 8×8
- Probado en combate (participó de operaciones en Irak, Afganistán y Siria), demostrando fiabilidad, tanto en escenarios urbanos como en zonas rurales.
- Alta protección balística y contra minas. Diseñado para resistir el impacto de proyectiles de alto calibre, explosivos improvisados (IED) y emboscadas, salvaguardando la vida de la tripulación.
- Movilidad estratégica y velocidad táctica a través de su tracción 8×8, su capacidad de superar los 100 km/h, ser todo terreno y la posibilidad de ser transportado enaviones C-130.
- Plataforma modular y adaptable, con más de diez variantes sobre el mismo chasis.
- Letalidad escalable, con posibilidad para montar estaciones con armas remotas en diversas variantes tales como ametralladoras, lanzagranadas y misiles guiados, entre otras prestaciones.
- Facilidad para el mantenimiento, mediante un sistema estandarizado de mano de obra que reducie los costos logísticos excesivos en comparación con otros sistemas que cuentan con mayores años en servicio.
- Fácil integración con sistemas de comando y control, compatible con el concepto de operaciones multidominio.
- Interoperable mediante el empleo de distintos modos de comunicación, incluyendo sensores avanzados y enlace con datos tácticos, aspectos que facilitan y mejoran la conciencia situacional del combatiente.
- Apto y adaptable para un rápido despliegue utilizando todos los medios y modos de transporte, sean terrestres, por modo automotor o ferroviario, embarcado en buque o aeronave de carga.
- Oportunidad de transferencia tecnológica, con posibilidad de acuerdos de coproducción o ensamblaje local, fortaleciendo laindustria de la Defensa Nacional.
- Versátil, con capacidad para cumplir tareas en misiones de combate o de protección civil.
En conclusión, una herramienta que responde al objetivo del Ejército Argentino en avanzar con un enfoque de modernidad, con fuerzas móviles, flexibles y con capacidad para ejecutar operaciones militares en entornos de alta complejidad.
Su experiencia acumulada en combate y su adaptabilidad a diferentes escenarios, hacen de este vehículo un sistema apto para integrarse, junto a otros, al concepto de guerra multidominio. En este sentido, su incorporación al Ejército Argentino no solo implicará un salto de calidad en cuanto a su capacidad operacional, sino que también será una señal clara de modernización, proyección y preparación ante los desafíos, riesgos y amenazas que presenta el Siglo XXI en materia de Defensa.




