Días atrás, y pese al conflicto que mantiene en vilo a Medio Oriente, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas planificó distintos viajes —con un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Argentina— a una zona en guerra: Chipre. ¿El motivo? Enviar a los hombres y mujeres que, en los próximos meses, trabajarán bajo el mandato de Naciones Unidas en la misión de paz conocida como UNFICYP.
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Allí, a miles de kilómetros de sus familias, los efectivos de las distintas Fuerzas -Ejército, Armada y Fuerza Aérea- no solo cumplen tareas logísticas o de enlace: también patrullan a diario la llamada “buffer zone”, una franja desmilitarizada y vigilada por cascos azules donde, si bien el tiempo parece detenido, la tensión no.

El origen es conocido: tras el conflicto que dividió a la isla entre comunidades grecochipriotas y turcochipriotas, Naciones Unidas se interpuso para evitar nuevos enfrentamientos.
Pero, ¿cómo se vive esa calma forzada? En cada patrullaje, los vehículos avanzan despacio entre construcciones abandonadas, puestos de observación y caminos donde no hay movimiento. Y, si lo hubiera, debería ser informado de manera automática, pues puede derivar en un nuevo enfrentamiento entre ambas comunidades. No hay disparos, pero tampoco margen para el error.
De un lado y del otro, hay posiciones militares que siguen activas. Se miden. Todo se registra: los argentinos escanean el terreno atentos a cualquier anomalía, conscientes de que un gesto mínimo puede escalar en segundos.
DEF viajó hasta allí y acompañó a los cascos azules argentinos que, desde los campos “San Martín” y “Roca”, deben cumplir con esas tareas, tan silenciosas como claves, en una región donde la estabilidad siempre parece provisoria.

Hay un dato que suma otra capa de tensión: días atrás, en el marco de los enfrentamientos entre Estados Unidos e Israel con Irán, Chipre también quedó en la mira. La base aérea británica de Akrotiri -territorio soberano del Reino Unido- fue blanco de un ataque con drones atribuido a Hezbollah, aliado de Irán. Un episodio que dejó en claro que incluso esta isla del Mediterráneo no está al margen de la escalada regional.
¿Por qué la isla de Chipre está dividida en dos?
Chipre, una isla del Mediterráneo oriental -atribuida al nacimiento de Afrodita y a la evangelización protagonizada por San Pablo, Bernabé y Juan Marcos– miembro de la Unión Europea, fue colonia británica hasta 1964. Luego de su independencia, se estableció un poder compartido -entre las comunidades turco y grecochipriotas- que no trascendió en el tiempo: la tensión estalló en 1974 con un golpe de Estado al entonces mandatario chipriota, el arzobispo Makarios III.
En consecuencia, y ante la anexión de la isla a Grecia, Turquía ordenó una invasión: tomó el control del 35% del territorio en el norte y dividió Chipre a lo largo, a través de la “buffer zone” (también conocida como línea verde), un área desmilitarizada de más de 160 km. Desde 1983, la comunidad turcochipriota está organizada bajo la República Turca del Norte de Chipre. En cambio, el sur, permanece bajo el control de la República de Chipre.
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Tras las hostilidades, el Consejo de Seguridad de la ONU ordenó a la Fuerza desplegada (UNFICYP) llevar adelante funciones vinculadas a la vigilancia de las líneas de cesación del fuego, al mantenimiento de una zona de amortiguación y a la realización de actividades humanitarias. En ese contexto, Argentina se sumó a estas actividades en el año 1993 con una Fuerza de Tareas integrada por hombres y mujeres de las tres FF. AA. Desde entonces, y año tras año, los más de 200 efectivos argentinos que se trasladan a ese punto del Mediterráneo actúan en un área de responsabilidad denominada Sector 1 y realizan patrullas móviles desde los campos “San Martín” y “Roca”. Además, nuestro país cuenta con una unidad de helicópteros denominada UNFLIGHT.

DEF en el campo “Roca”: misiones y tareas de los efectivos argentinos en el norte de Chipre
El mayor Pablo García pertenece al Ejército Argentino y, en este momento, está a cargo del campo “Roca”, una de las bases de la Fuerza de Tarea Argentina (FTA) de las Naciones Unidas ubicada en la localidad de Xeros (en el norte de Chipre), en el lado controlado por la comunidad turcochipriota.
“Yo vine por seis meses, al igual que toda la Compañía A. Este campo depende de la Fuerza de Tarea (FTA), en este caso, la 67. Es decir, orgánicamente dependo del jefe de la FTA. En el otro campo, el “San Martín”, se encuentra el puesto comando de la Fuerza de Tarea. Allí también está la otra compañía, la Bravo. El campo “Roca” sirve para recuperación, instrucción y abastecimiento. Aquí llevamos adelante, esencialmente, tareas logísticas con la finalidad de sostener y adiestrar al personal que está desplegado en la “buffer zone”, en los distintos puestos de observación”, cuenta el oficial en un diálogo con DEF, no sin antes detallar que, en esos puestos, se despliegan más de 20 efectivos que, semanalmente, van rotando. Por tal motivo, el campo “Roca” está preparado para alojar a casi un centenar de hombres y mujeres de las distintas Fuerzas Armadas (en el presente son todos argentinos, pero también pueden haber miembros de otros países).
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Es decir, en el campo “Roca” los soldados están en adiestramiento continuo y se sostienen logísticamente para, cuando les toque, poder ser desplegados en los diferentes puestos de observación a lo largo de la “buffer zone”.

“Un jefe tiene dos actividades principales: cumplir con la misión y preocuparse por sus subordinados”
“Hay un horario de presentación, otro de instrucción y, luego, se cumple con distintas actividades, como el adiestramiento físico-militar”, comenta el mayor del Ejército sobre la rutina diaria del campo “Roca”. En esa línea, cuenta que existen actividades deportivas enfocadas en mantener la moral de los efectivos. ¿El motivo? “Para aquellos que estamos lejos de nuestras familias es muy difícil sobrellevar la soledad. Se facilita cuando se manejan las relaciones humanas de manera eficaz y positiva”, responde.
Un dato, no menor: en este tipo de despliegues, la soledad y la distancia pueden ser un enemigo para la convivencia. Por eso, García detalla que tienen la posibilidad de solicitar apoyo terapéutico si lo consideran necesario: “Quiero destacar al personal del Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (CAECOPAZ); con quienes mantenemos contacto fluido y nos dan la posibilidad de llevar adelante encuentros virtuales con los psicólogos. Hay un plan para que los efectivos estén humanamente contenidos. No es nada fácil dejar nuestros hogares. Por eso destaco el profesionalismo y la entrega voluntaria de cada uno de los hombres y mujeres que me toca mandar”.

Como líder, ¿cómo acompañas al personal? “Un jefe tiene dos actividades principales: cumplir con la misión y preocuparse por sus subordinados. Entonces, debo cumplir con la misión principal como operadores de paz en el marco del conflicto que existe en Chipre. Pero, mi segunda misión es con los efectivos que Argentina puso a mi cargo. Tengo que buscar que estén bien, física y mentalmente. Desde que ingresamos al Colegio Militar se nos enseña que debemos preocuparnos por el bienestar de nuestros hombres y mujeres”, cuenta el militar que, en nuestro país, esperan su regreso su esposa (enfermera del Ejército) y sus cuatro hijos. ¿Extrañas? “Sí, lo hago. Por eso también, a mis subordinados, a diario les pregunto si hablaron con sus familias. Y, si no les llega buena señal de wi-fi, ponemos a disposición un lugar para que puedan conectarse y no sentirse tan ausentes”, confiesa sobre esta experiencia que, para él, es la primera en el marco de una misión de paz de la ONU.
¿Por qué elegiste ser militar? “Por amor a la Patria”, responde García, sin vacilar. Aunque, aclara, con el pasar del tiempo esa vocación se fue afianzando en los valores de la institución.
Soldados para la paz: “No somos parte del conflicto, sino de la solución”
En el diálogo con García, un interrogante se vuelve clave: un soldado, entrenado para ir a la guerra, ¿es efectivo para conseguir la paz?
“Hay un poeta español que plantea que el soldado, preparado para la guerra, es el que menos quiere que una situación escale hacia un conflicto bélico porque es el primero que lo va a sufrir. La profesión militar consiste en adiestrarse toda la vida para entrar en acción pero, quizá, esa vida transcurra en paz. Ahora, determinados conflictos lo pueden llevar a actuar en defensa de su territorio y cultura. Sin embargo, no hay nada más lindo que la paz. Mi generación, en particular, no vivió de cerca la guerra, pero sabemos lo que trae aparejado: desplazamientos, sufrimientos y varias otras cuestiones humanamente negativas. Por eso, nos preparamos y estamos en condiciones de operar; pero no es lo que buscamos”, confiesa, muy en línea con lo que suelen expresar los militares de todos los tiempos, incluso aquellos que defendieron nuestra soberanía en las Islas Malvinas.
En Chipre, ¿hay tensión latente? “Determinar eso le corresponde a otro nivel de comando. Lo que hacemos nosotros es operar en la zona de amortiguamentiento e informar sobre determinadas acciones que podrían llegar a ser los iniciadores de un conflicto. Pero no intervenimos, observamos e informamos”, responde García, al tiempo que aclara que esas alertas son elevadas a la superioridades y que las tareas se llevan adelante con los efectivos de la FTA que están desplegados en la “buffer zone”: “Nosotros no somos parte del conflicto, sino de la solución”.




