Especial desde Chipre
La cita es en la I Brigada Aérea de El Palomar. El ingreso, con estricta identificación: nadie entra sin, antes, haber sido confirmado por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el organismo responsable de la operación que llevará a los cascos azules argentinos que serán parte de la UNFICYP, la misión de paz de la ONU en Chipre.
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Allí, a pocos kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el personal militar -dependiente de la Fuerza Aérea Argentina– indica el camino hacia la pista. Una vez adentro, ya en los primeros pasos hacia el punto de reunión con los cascos azules que viajarán, se respira épica: las calles y monumentos recuerdan el papel de los pilotos argentinos que dieron todo de sí, con acciones sumamente heroicas, para defender nuestra soberanía en las Malvinas.

Nuestras islas también marcarán el viaje: el Boeing 737 matrícula TC-99 que traslada a los efectivos de las Fuerzas Armadas argentinas que participarán de la Fuerza de Tarea 67, en el marco de la UNFICYP, lleva el nombre “Islas Malvinas”. Este avión es el que espera en la pista. A su alrededor, hombres y mujeres de la Fuerza Aérea participan de los preparativos.
Pronto comenzarán a llegar los pilotos, mecánicos y tripulantes de cabina que participarán del viaje. Una experiencia única en el mundo: Argentina es de los pocos países que pueden hacer, con un sistema de armas propio, el vuelo hacia la misión de paz. No sólo eso, es el más alejado de todos; motivo por el cual el viaje respeta las paradas de combustibles necesarias para llegar a destino.
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Detrás de toda la planificación que exige el viaje hay pilotos, mecánicos y toda una organización: el Comando Conjunto de Transporte del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (EMCO). Además tienen una única misión: dar cumplimiento al despliegue de los cascos azules argentinos en Chipre.
Cascos azules en Chipre: “Permítanme expresarles el respeto por la misión que van a realizar”
Hay épica (cruzar el Atlántico rumbo a una isla dividida desde el año 1974), hay tensión (el destino, si bien para muchos puede ser turístico, posee una zona buffer vigilada por la ONU para evitar el conflicto entre las comunidades grecochipriotas y turcochipriotas), hay humanidad (los soldados dejan a sus familias y, cargados de expectativas, se encaminan hacia un lugar donde deben garantizar la paz) y hay contraste (para muchos de estos hombres y mujeres, oriundos de distintas localidades argentinas, será la primera vez en el Mediterráneo).
En definitiva, es un viaje único. Más aún porque lo hace un avión de las Fuerzas Armadas, con pilotos y mecánicos altamente calificados y preparados por la Fuerza Aérea Argentina. Orgullo nacional, sin lugar a dudas.

Minutos antes de emprender el vuelo, el general de brigada Héctor César Tornero, comandante de Operaciones Conjuntas del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, convoca a los efectivos que viajarán a Chipre en la pista y se dirige a cada uno de ellos: no solo destaca el esfuerzo personal que hicieron esos hombres y mujeres para poder ser parte de esta misión de la ONU (mucho estudio, particularmente del idioma inglés), sino que también marca la relevancia de las tareas que van a realizar en Chipre.
“Cada uno de ustedes es embajador del país en esta importante misión”, subraya. Un detalle, nada menor: los cascos azules trabajarán, codo a codo, con efectivos militares de otros Estados, como Brasil, Chile, Paraguay, Eslovaquia e Inglaterra.
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A continuación, uno de los pilotos del Boeing, el mayor Juan Barbero, baja de la aeronave. “Permítanme expresarles el respeto por la misión que van a realizar”, dice, y agrega: “En nombre de la tripulación, les agradezco”. El oficial, también cuenta que el vuelo tendrá una duración de más de 20 horas y que se harán tres escalas antes de llegar a Chipre: en Maceió (Brasil), Isla de Sal (Cabo Verde) y Málaga (España).

Luego, comienzan a subir los efectivos por orden de jerarquía. Atrás quedan sus familias: padres, parejas e hijos. Quienes, como Penélope, aguardarán pacientemente por ellos desde otro continente.
A propósito de la mitología griega: luego de Troya, el esposo de Penélope, Ulises (el rey Odiseo), anduvo errante lejos de su patria. Mientras él solo buscaba regresar a Ítaca, uno de los destinos que lo detuvo fue Chipre, isla donde ocurrió el nacimiento de Afrodita.
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El avión despega. Antes de apagar sus teléfonos celulares, algunos miran por última vez fotos y videos de sus familiares. La nostalgia también tiene un asiento reservado en este vuelo, que no es uno más: es un puente hacia una de las misiones de paz con mayor trayectoria en el marco de Naciones Unidas. Sentados, los efectivos militares se preparan para, en algunas horas, llegar a Chipre y, entonces, desplegarse en los distintos destinos de la Misión con un solo objetivo: custodiar una franja que, ante un gesto mínimo, puede convertirse en una zona de conflicto. El viaje recién empieza, pero la distancia ya se siente.

¿Qué pasa en Chipre y qué hacen los cascos azules argentinos?
Chipre, isla del Mediterráneo y miembro de la Unión Europea, concentra entre sus culturas más de 8.000 años de historia. Colonia británica hasta 1964, tras su independencia se estableció un poder compartido entre las comunidades turco y greco-chipriotas. Sin embargo, la tensión entre ambas comunidades se fue incrementando con el pasar de los años y, finalmente, estalló en 1974 con un golpe de Estado al entonces mandatario chipriota, el arzobispo Makarios III.
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En consecuencia, y ante la anexión de la isla a Grecia, Turquía ordenó una invasión: tomó el control del 35% del territorio en el norte y dividió Chipre a lo largo, a través de la “Línea Verde”, un área desmilitarizada de más de 160 km que separa a la Isla y a su capital, Nicosia, en dos. Desde 1983, la comunidad turcochipriota está organizada bajo la República Turca del Norte de Chipre. En cambio, el sur, permanece bajo el control de la República de Chipre.

Además, desde el conflicto, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció una misión conocida como UNFICYP (United Nations Peace-Keaping Force in Cyprus) con el objetivo de impedir los enfrentamientos. En ese marco, la Fuerza desplegada debe realizar funciones vinculadas a la vigilancia de las líneas de cesación del fuego, al mantenimiento de una zona de amortiguación y a la realización de actividades humanitarias.
El dato: Argentina participa de la UNFICYP desde el año 1993, con una Fuerza de Tareas integrada por hombres y mujeres del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. En el presente, los efectivos enviados por el país rondan los 200: todos ellos actúan en un área de responsabilidad denominada Sector 1 (que abarca una distancia de aproximadamente 90 kilómetros). Además, los argentinos operan en cuatro bases y, a su vez, realizan patrullas móviles desde los campos denominados“San Martín” y “Roca”. A ellos se suma una unidad de helicópteros desplegada en las instalaciones del aeropuerto abandonado de Nicosia, específicamente en el área de misión UNFLIGHT, donde los argentinos realizan patrullas y proporcionan apoyo logístico para las operaciones.
Camino a Chipre: el Regimiento “Patricios”, una mamá militar y un primer viaje en avión
Esta misión en Chipre es la tercera para la sargento primero Soledad Soria. “Soy mamá soltera y tengo dos hijas adolescentes. Estoy acá porque es una oportunidad económica y una experiencia profesional”, cuenta la suboficial que, años atrás, participó de las Fuerzas de Tarea 49 y 60.

Soledad es camarera del Ejército Argentino y, en Chipre, estará cumpliendo funciones en los distintos comedores. Una tarea clave: tendrá que llevar la cultura culinaria nacional a la misión, ya que allí trabajan codo a codo con otros militares extranjeros.
¿Cómo nos ven afuera? “La verdad es que miran mucho la cultura argentina y la personalidad que tenemos. Para ellos somos muy expresivos y siempre destacan la camaradería que existe entre nosotros. Por otro lado, en esta misión se hace una competencia y los argentinos siempre logramos estar entre los primeros puestos. Admiran nuestra fortaleza y nuestra pasión“, contesta.
¿Cómo te organizas con tus hijas? “Es difícil, pero saben que les tocó una mamá trabajadora y ya están acostumbradas. Lo cierto es que esta profesión no tiene horarios y uno tiene que dedicarse a la función que cumple, más cuando se siente la vocación”, responde, no sin antes confesar que, pese q todas estas dificultades, su familia la acompaña y se siente orgullosa de la carrera que Soria eligió: “Nosotros, y sumo a mis padres también, somos una familia muy unida. Y, en particular, esta despedida fue más difícil porque mis hijas están más grandes, así que sienten más emociones”.
El dato: Soledad estuvo, durante varios años, destinada en una de los regimientos más importantes del Ejército Argentino, el 1 “Patricios”. Casualmente, uno de los cabos que viaja con ella también tiene una historia en común con esta unidad militar. Se trata de Facundo Hageleit Astrada.

Desde el Boeing, Hageleit no deja de mirar por la ventana, lo hace con la fascinación propia de quienes vuelan por primera vez en su vida. En diálogo con DEF, lo confirma: “Soy oriundo de Moreno, provincia de Buenos Aires, y esta es mi primera misión de paz. Voy a estar destinado en las instalaciones de la United Nation Protection Aerea (UNPA), en Nicosia. También es mi primer viaje en avión”.
¿Por qué elegiste hacer una carrera en el Ejército? “Mi papá y mi mamá fueron parte de las primeras generaciones de soldados voluntarios en 1995, ellos me guiaron. De hecho, ambos estuvieron destinados en “Patricios”, se conocieron ahí. Si bien ya no trabajan en la Fuerza, me crié con los valores que me transmitieron”, responde, no sin antes contar que en este momento está destinado en el Regimiento de Infantería 12, unidad que depende de la X Brigada Mecanizada del Ejército que pasará a operar con los nuevos vehículos blindados Stryker.
Entre los vehículos Stryker y una misión de paz: “Nos permite tener mejor entrenamiento”
Sobre una Fuerza que se renueva, el cabo Hageleit es contundente: “Todo lo vinculado a lo operacional nos permite tener mejor entrenamiento”.
Además, Facundo agrega que, para poder viajar a Chipre, tuvo que cumplir con una serie de requisitos, uno fue un exigente examen de inglés. Al respecto, tiene la suerte de tener facilidad para el idioma y de haber podido, a lo largo de su carrera, certificar ese conocimiento en el marco del Ejército.
Cuando aterrice el avión, Facundo irá a Nicosia, donde los cascos azules argentinos conviven con militares del Reino Unido y Eslovaquia. Allí, brindará seguridad a las instalaciones. “Estoy feliz”, confiesa.

En unos asientos más adelantes, el subteniente Ezequiel Matías Falcón se prepara para aterrizar en el aeropuerto de Larnaca, en Chipre.
Falcón viene de La Pampa, pues el Ejército lo destinó en el Regimiento de Infantería 12, ubicado en esa provincia. Y, según cuenta a DEF, quiso participar de la Misión de Paz para poder adquirir experiencia, que cobra mayor valor por ser un joven oficial de la Fuerza. No fue fácil: para poder ser parte de la Fuerza de Tarea debió atravesar exigentes requisitos, como capacitaciones vinculadas al liderazgo y al nivel de inglés.
De todas maneras, este soldado es un hombre de metas: antes de buscar salir al exterior para participar de una misión de paz, quiso ser militar. Confiesa que siente la vocación desde su adolescencia: “Por eso, cuando terminé la secundaria, ingresé al Colegio Militar y, luego, pude egresar como oficial del Arma de Infantería”.

No es menor: por ser parte del Regimiento de Infantería 12, Falcón también será uno de los militares afortunados en emplear los nuevos Stryker. Para él, y muchos de sus camaradas, la llegada de los blindados y la experiencia en una misión de paz no son capítulos aislados, sino parte de un mismo proceso: el de unas Fuerzas Armadas que buscan modernizarse mientras forma a quienes las conducirán en el futuro. Entre nuevos medios, la institución castrense es consciente de que el verdadero capital de las Fuerzas Armadas sigue siendo el entrenamiento y la vocación de sus soldados.
Una enfermera a bordo
En el vuelo del Boeing, la cabo principal Nadia Jara Sánchez también habla con DEF. Su historia es un poco la de todos: esta misión de paz no deja de ser una oportunidad profesional.

Nadia es oriunda de Bahía Blanca, allí vivió gran parte de su vida hasta que decidió hacer la carrera de enfermería en la Escuela de Suboficiales de la Armada Argentina. “Siempre quise dedicarme a la salud, en especial a la medicina táctica. Luego, me puse como objetivo trabajar con la ONU. Esta es mi primera misión de paz”, relata, y subraya que, durante los seis meses que permanezca en Chipre, intentará dar lo mejor de sí y buscar capitalizar la experiencia para poder retransmitirla a camaradas y subordinados.
Además, la enfermera militar se refiere al vuelo en el Boeing de la Fuerza Aérea: “Primera vez para mi, aunque ya había volado en helicóptero. Es la felicidad de la meta cumplida. Para esto me preparé y es lo que vine a hacer a la Armada, donde nos prepararon y entrenaron con profesionalismo”.

En el aeropuerto de Larnaca: “Tomar sus puestos para el aterrizaje
El largo vuelo llega a su fin cuando la silueta de Chipre aparece sobre el Mediterráneo y los 10.000 pies que separan al avión del territorio comienzan a acortarse de repente. El comandante toma la voz: “Tripulación, tomar sus puestos para el aterrizaje, por favor”.
El silencio reina en el Boeing. Los soldados están habituados a él. Es difícil explicarlo, pero ese silencio -denso y expectante- es el que precede a los momentos importantes, incluso antes del combate.

Al tocar pista en Larnaca, comienza otra etapa. Un micro los traslada hasta migraciones y, al salir, cada uno recibe la boina celeste con el emblema de Naciones Unidas que utilizarán durante los próximos seis meses. Luego, partirán hacia los campos donde, con distintas funciones, tendrán un mismo objetivo: contribuir a sostener la paz.
Hay un gesto que se repite. Apenas recuperan señal en sus teléfonos, muchos escriben el mismo mensaje hacia la Argentina: “Llegué bien. Nos vemos en seis meses”. Antes de bajar del avión, guardan los celulares. Estos hombres y mujeres miltares saben que la misión recién empieza.




