En los últimos meses, servicios de inteligencia de países miembros de la OTAN advirtieron que Rusia podría estar desarrollando un nuevo tipo de arma antisatélite dirigido específicamente a las decenas de miles de satélites que integran la constelación Starlink, propiedad de la empresa estadounidense SpaceX de Elon Musk.
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Rusia amenaza con derribar satélites Starlink
Esta red de satélites en órbita terrestre baja se convirtió en un activo estratégico en el conflicto entre Rusia y Ucrania, ya que provee servicios de internet de alta velocidad que se han utilizado para comunicaciones, coordinación militar y transmisión de datos en el campo de batalla, algo que las fuerzas ucranianas han señalado como crucial para su defensa.
Según los informes basados en evaluaciones de inteligencia, el sistema en desarrollo por parte de Rusia no sería un arma convencional de un solo misil o interceptor, sino una tecnología de “efecto zona” que funcionaría liberando nubes de perdigones o fragmentos de alta densidad en las órbitas donde operan los satélites de Starlink.

Estos perdigones, que podrían estar almacenados o transportados por pequeños satélites aún no lanzados, inundarían una región orbital específica. La idea sería que al atravesar esa nube de escombros microscópicos, los satélites de Starlink, especialmente sus paneles solares y componentes sensibles, resulten dañados o deshabilitados en grandes cantidades a la vez.
Esta estrategia de dispersar fragmentos en lugar de usar un arma de precisión está pensada para atacar múltiples satélites simultáneamente, lo que sería fundamental debido a la propia naturaleza de Starlink: se trata de una constelación masiva con miles de unidades operativas.
Sin embargo, esa misma característica plantea enormes desafíos técnicos y éticos, ya que una nube de metralla orbital no discriminaría entre satélites de distintas naciones o propósitos y podría dañar infraestructuras espaciales de muchos países, incluida la propia Rusia y sus aliados que dependen de sistemas satelitales para comunicaciones, navegación y servicios civiles y militares.
Los planes de Rusia a futuro y qué se sabe hasta ahora
Hasta el momento, no hay evidencia pública de que esta supuesta arma haya sido probada en el espacio ni de cuándo podría estar operativa. Las evaluaciones de inteligencia no identifican una fecha concreta de despliegue, y algunos expertos expresan dudas sobre la viabilidad práctica y los efectos secundarios de una táctica tan extrema.
La dispersión de cientos de miles de pequeños fragmentos en una órbita baja podría desencadenar una cascada de colisiones conocida como síndrome de Kessler, en la que los restos de impacto generan más escombros y, con el tiempo, colisiones adicionales que hacen la órbita inhóspita para cualquier satélite o misión espacial.

Además de esta posible arma orbital, Rusia también ha desarrollado y probado con anterioridad tecnologías de guerra electrónica diseñadas para interferir con las comunicaciones satelitales de Starlink. Sistemas como Kalinka y Tobol han sido mencionados en informes sobre capacidades rusas de bloqueo de señales y jamming de frecuencias, aunque estos no destruyen físicamente los satélites, sino que buscan interrumpir su funcionamiento o degradar su señal para complicar su uso en zonas de conflicto.
El interés de Rusia por neutralizar Starlink no es nuevo. Desde el inicio de la invasión de Ucrania en 2022, las autoridades rusas han calificado repetidamente a los satélites comerciales utilizados por las fuerzas ucranianas como “objetivos legítimos”, aunque por ahora no existe una política oficial declarada de ataques directos en el espacio. La preocupación entre los analistas radica en que una escalada hacia el uso de armas antisatélite no solo afectaría la constelación Starlink, sino que podría tener consecuencias globales para toda la infraestructura orbital que sostiene desde servicios GPS y comunicaciones civiles hasta estrellas espaciales científicas y estaciones como la Estación Espacial Internacional




