En los últimos años, Marte volvió a ocupar un lugar central en la investigación científica a partir de nuevas evidencias de la existencia de antiguas vías fluviales: canales, deltas y depósitos sedimentarios que confirman que el planeta rojo tuvo agua líquida fluyendo de manera estable sobre su superficie.
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Marte: cómo son las vías fluviales
No se trata de eventos aislados ni de simples acumulaciones temporales, sino de sistemas hídricos complejos que, por su forma y extensión, se asemejan a ríos y cuencas terrestres. Estas estructuras quedaron registradas en la geología marciana hace miles de millones de años, cuando el planeta atravesaba una etapa muy distinta a la actual.
Las imágenes de alta resolución enviadas por orbitadores y los datos recolectados por rovers, permitieron identificar canales erosionados con curvas y ramificaciones típicas de ríos, deltas formados en antiguos lagos y capas sedimentarias ordenadas que solo pueden explicarse por flujos persistentes de agua.
Todo esto indica que Marte contó con una atmósfera más densa y un clima capaz de sostener agua líquida en superficie durante períodos prolongados, algo impensado si se lo compara con el ambiente frío y seco que domina hoy.

El significado de estos descubrimientos es profundo, ya que refuerzan la idea de que Marte no siempre fue un desierto helado. En su etapa temprana, el planeta habría tenido condiciones relativamente estables, con temperaturas y presiones compatibles con ciclos hidrológicos activos.
Comprender cuándo y por qué Marte perdió esas condiciones favorables es clave para entender la evolución de los planetas rocosos y, en particular, por qué la Tierra logró mantener un entorno habitable mientras su vecino no.
Recientemente, un estudio de la Universidad Rice, ubicada en Houston, Texas, introdujo una perspectiva revolucionaria sobre cómo pequeños lagos podrían haber persistido en Marte incluso bajo un clima frío. Según esa investigación publicada en la revista especializada en las ciencias de la Tierra y el espacio AGU Advances, modelos climáticos adaptados para condiciones marcianas indican que estos lagos pudieron mantenerse como agua líquida bajo una capa delgada de hielo estacional durante décadas, sin necesidad de un clima marcadamente cálido.
Esta capa de hielo habría actuado como un aislante natural, reduciendo la evaporación y permitiendo que el agua permaneciera líquida en temporadas extendidas, aunque las temperaturas atmosféricas fueran bajas. Este mecanismo ayuda a explicar por qué ciertas huellas geológicas de agua son tan bien conservadas en Marte, a pesar de que no se detectan restos de hielo permanente en muchas cuencas antiguas.
El impacto de este descubrimiento para la comunidad científica
El estudio de estas vías fluviales funciona como una verdadera máquina del tiempo geológica. A partir de ellas, los científicos pueden reconstruir el clima pasado del planeta, identificar minerales que solo se forman en presencia de agua, como las arcillas, y analizar cómo interactuaron el agua y la superficie marciana a lo largo del tiempo.
Además, estos hallazgos permiten seleccionar con mayor precisión los lugares donde conviene buscar señales de vida pasada y planificar futuras misiones, incluso tripuladas, ya que indican zonas donde pudo haber existido agua subterránea accesible.
En este contexto, los deltas marcianos despiertan un interés especial. En la Tierra, este tipo de formaciones suele actuar como una trampa natural de sedimentos y materia orgánica, capaz de conservar durante millones de años rastros químicos o estructurales asociados a la vida.

Por eso, si Marte llegó a albergar microorganismos en algún momento de su historia, estos ambientes fluviales habrían sido uno de los escenarios más favorables para su desarrollo y preservación.
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La relación entre estas vías fluviales y la búsqueda de vida es directa. El agua líquida es uno de los pilares fundamentales para la vida tal como la conocemos y, aunque su presencia no garantiza que Marte haya estado habitado, sí demuestra que el planeta tuvo ambientes potencialmente habitables durante lapsos significativos.
Hoy, la gran pregunta ya no es si hubo agua en Marte, sino cuánto tiempo estuvo presente, qué tan estable fue y si coexistió con los ingredientes químicos necesarios para la vida.




