El regreso anticipado de los astronautas evacuados de la Estación Espacial Internacional (EEI) no solo activó protocolos médicos de rutina, sino que también abrió una ventana científica única. Como ocurre tras cada misión prolongada, el aterrizaje marcó el inicio de un exhaustivo seguimiento clínico y biológico para entender cómo el cuerpo humano responde a meses en microgravedad.
Esta vez, los resultados volvieron a confirmar algo que intriga a la ciencia desde hace años: el espacio no solo debilita al organismo, también puede producir cambios asociados a una suerte de “rejuvenecimiento” celular temporal.
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Los resultados médicos que arrojaron tras la evacuación
En las primeras horas tras la evacuación, los astronautas fueron sometidos a rigurosos estudios cardiovasculares, neuromusculares y sanguíneos. Los médicos detectaron los efectos esperables de la vida en órbita: pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones en el equilibrio y una redistribución de los fluidos corporales que suele provocar inflamación facial y cambios en la presión intracraneal.
Nada de eso resultó inesperado ni fuera de los parámetros previstos por las agencias espaciales.

Sin embargo, los análisis más finos se dieron a nivel celular y molecular. Las muestras de sangre mostraron modificaciones en la expresión genética vinculadas al sistema inmunológico y al metabolismo.
En particular, volvió a observarse un fenómeno que ya había sido documentado en misiones anteriores: el alargamiento de los telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y que, en la Tierra, tienden a acortarse con el envejecimiento.
Por qué algunos cambios biológicos en el espacio se asocian a un rejuvenecimiento temporal
Durante la estadía en el espacio, esos telómeros parecieron extenderse, un cambio asociado a células biológicamente “más jóvenes”.
La explicación no es simple ni definitiva. Los científicos creen que la combinación de microgravedad, dieta controlada, ejercicio intenso y una exposición distinta a la radiación provoca un estrés celular que obliga al organismo a activar mecanismos de reparación y adaptación.

En ese proceso, algunos marcadores biológicos se comportan como si el cuerpo estuviera retrocediendo momentáneamente en su reloj interno. No se trata de una fuente de juventud, aclaran los especialistas, sino de un efecto transitorio: una vez de regreso a la Tierra, la mayoría de esos telómeros vuelve a acortarse en pocas semanas.
Además del ADN, se detectaron cambios en el sistema inmunológico que, paradójicamente, mostraba señales de mayor eficiencia en ciertos parámetros. Al mismo tiempo, se observaron alteraciones en la microbiota intestinal, otro campo de creciente interés científico, que podría influir tanto en la inflamación como en la longevidad celular.




