Hay algo que no pasaba desde diciembre de 1972, cuando los astronautas del Apolo 17 pisaron la Luna por última y, hasta ahora, única vez. Esta noche del 1° de abril de 2026, cuatro personas abandonarán la órbita terrestre para adentrarse en el espacio profundo. El despegue de Artemis II de la NASA está previsto para las 19:24 hora argentina, desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy en Florida, con una ventana de dos horas por si las condiciones técnicas o climáticas lo requieren.
El pronóstico acompaña: hay un 80% de probabilidad de lanzamiento, con vientos dentro de los parámetros permitidos. El único asterisco es una llamarada solar detectada en las últimas horas, aunque la mayor parte de su energía se dirige lejos de la Tierra.
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Artemis II: 10 días, 4 astronautas, 400.000 kilómetros
La tripulación la componen Reid Wiseman, como comandante; Victor Glover, como piloto; Christina Koch y Jeremy Hansen, como especialistas de misión. Koch será la primera mujer en orbitar la Luna, Glover el primer astronauta afroamericano en hacerlo y Hansen el primer canadiense.
El vuelo fue diseñado bajo una trayectoria de “free return“: si algo falla, la gravedad de la Luna se encarga de devolver la nave a la Tierra sin necesidad de grandes maniobras. En el segundo día de vuelo se ejecutará la ignición de inyección translunar, el último encendido importante de la misión, que sacará a Orion de su órbita circular y la pondrá en ruta hacia la Luna. Al quinto día, la nave entrará en la esfera de influencia lunar, ese punto donde la gravedad de nuestro satélite supera a la de la Tierra.
El momento más extremo llegará el lunes 6 de abril, cuando la tripulación supere los 400.000 kilómetros de distancia desde la Tierra, viajando aproximadamente 7.600 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna. El regreso está previsto para el viernes 10 de abril.

Sin embargo, Artemis II no aterrizará en la Luna porque no tiene esa capacidad. Su objetivo es validar en condiciones reales el cohete SLS, la cápsula Orion y todos los sistemas críticos como el soporte vital, navegación y comunicaciones, con personas a bordo por primera vez. Es el ensayo general del ensayo general: lo que viene después es el alunizaje.
Después de Artemis I, en 2022, la NASA detectó una erosión inesperada en el escudo térmico de la cápsula Orion, lo que disparó meses de investigaciones y retrasó todos los plazos. El ensamblaje del cohete empezó en noviembre de 2024, se completó en octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026 todo el conjunto fue trasladado hasta la plataforma de lanzamiento. En febrero, el ensayo general de cuenta atrás mostró una fuga de hidrógeno líquido que volvió a postergar la fecha, esta vez hasta abril.
Argentina, con la NASA, a la Luna: el satélite ATENEA
En medio de todo ese gigantesco operativo espacial, hay un pequeño objeto de 30 x 20 x 20 centímetros construido en Argentina que viaja adentro del cohete. Se llama ATENEA, y es probablemente uno de los mayores logros espaciales nacionales en décadas.
Argentina es el único país latinoamericano invitado por la NASA a integrar una carga secundaria en esta misión. ATENEA es un satélite CubeSat de 12 unidades y 15 kilogramos, diseñado y fabricado íntegramente en el país, resultado de una colaboración entre la CONAE, la UBA, la UNLP, la UNSAM, la CNEA, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa VENG.

Cada institución aportó una pieza: la UNLP diseñó la plataforma estructural, la UBA desarrolló el sistema de carga de baterías, la CNEA fabricó los paneles solares, el IAR construyó la estación terrena y VENG realizó la integración final.
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Una vez desplegado, ATENEA operará a 70.000 kilómetros de la Tierra, en una posición donde no existe ningún otro satélite: los más lejanos en órbita geoestacionaria llegan a 36.000 kilómetros. Desde ahí, se comunicará con las estaciones de la CONAE en Tierra del Fuego y Córdoba para transmitir datos sobre radiación espacial, comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas y señales de navegación GPS desde altitudes insólitas.
El detalle es que ATENEA tendrá una ventana operativa de apenas 25 horas, durante las cuales intentará recolectar y transmitir la mayor cantidad de datos posible. No tiene propulsión suficiente para mantenerse en órbita indefinidamente: hace su trabajo y luego reingresa.




