El debate sobre la inteligencia artificial (IA) militar dejó en evidencia la falta de un pacto internacional claro para regular su uso en conflictos armados, después de que potencias como Estados Unidos y China, junto con otras 48 naciones, rechazaran firmar una declaración en la cumbre REAIM 2026, subrayando tensiones geopolíticas, dudas sobre limitaciones tecnológicas y la creciente competencia global por la superioridad en IA militar.
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La cumbre de IA militar que desencadenó el debate
La tercera Cumbre Internacional sobre el Uso Responsable de la Inteligencia Artificial en el Ámbito Militar (conocida como REAIM) se celebró en La Coruña, España, con la intención de construir un consenso sobre principios básicos para el uso seguro y responsable de la IA en contextos militares.
El documento propuesto y que finalmente firmaron solo 35 de los 85 países participantes buscaba sentar normas éticas no vinculantes para que la IA nunca sustituya el juicio humano en decisiones militares y para que los Estados asuman responsabilidad legal y ética por su empleo, incluyendo evaluaciones de riesgo y transparencia durante todo el ciclo de vida de estos sistemas.

El texto propone integrar la “responsabilidad desde el diseño” en los sistemas, mantener evaluaciones operativas continuas y asegurar que la IA opere como herramienta de apoyo, no como reemplazo de decisiones humanas en combate.
Sin embargo, un número importante de países, incluidos Estados Unidos y China, optaron por no suscribir la declaración, generando incertidumbre respecto a la posibilidad de normas multilaterales más estrictas en este ámbito. La negativa responde, en gran medida, a tensiones geopolíticas profundas y a la percepción de que compromisos de este tipo podrían limitar la competitividad tecnológica de los países en una carrera armamentista por desarrollar capacidades militares avanzadas basadas en IA.
Las distintas posturas de los países respecto a la inteligencia artificial en el ámbito militar
Países europeos aliados e incluso Estados Unidos señalaron que la regulación podría frenar la innovación y la superioridad estratégica, mientras que otros Estados temen perder capacidad frente a adversarios que invierten fuertemente en tecnologías autónomas.
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Estados Unidos, bajo la administración actual de Donald Trumpl, fue reticente a adoptar acuerdos internacionales que impongan restricciones amplias sobre la IA militar, argumentando que demasiada regulación podría frenar la expansión de un sector tecnológico en rápido crecimiento y debilitar su liderazgo global en IA.

Esta postura refleja un enfoque más competitivo que cooperativo en materia de tecnología militar, alineado con la llamada “Guerra Fría de la IA”, donde superpotencias como EE. UU. y China compiten por la supremacía tecnológica y militar con inteligencia artificial, un contexto que hace más difícil alcanzar consensos globales vinculantes.
China, por su parte, aunque presente en la cumbre, también rechazó firmar el pacto en su forma actual, optando por promover otras iniciativas como la propuesta de crear una organización global de cooperación en IA que ofrezca un marco internacional más amplio para gobernar la tecnología de manera segura y beneficiosa para todos los países. Su enfoque enfatiza la cooperación, el desarrollo compartido y la accesibilidad, rechazando la politización de cuestiones tecnológicas y la construcción de bloques que puedan restringir el acceso a estas capacidades.




