Durante décadas, la búsqueda de planetas fuera de nuestro sistema solar fue casi una tarea artesanal: astrónomos analizando curvas de luz, descartando ruido, repitiendo cálculos. Hoy, esa exploración cambió de escala. La NASA incorporó inteligencia artificial (IA) para detectar exoplanetas y eso está redefiniendo cómo y cuántos mundos se pueden descubrir.
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Cómo funciona la tecnología con inteligencia artificial que descubre nuevos planetas
El corazón de este proceso está en los telescopios espaciales como Keplery TESS, que observan miles de estrellas de manera constante. Cuando un planeta pasa por delante de su estrella, desde la perspectiva humana, se produce una leve disminución en el brillo.
A este fenómeno se lo conoce como método de tránsito. El problema es que esas variaciones son diminutas y pueden confundirse fácilmente con manchas estelares, interferencias o fallas instrumentales.

Para ello, la NASA entrena redes neuronales con enormes volúmenes de datos reales y simulados. Estos modelos aprenden a reconocer patrones específicos: la forma, duración y repetición exacta de un tránsito planetario.
A diferencia de los métodos tradicionales, la inteligencia artificial no solo sigue reglas predefinidas, sino que identifica relaciones ocultas en los datos. Eso le permite detectar señales que antes pasaban desapercibidas o que se descartaban como ruido.
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Los descubrimientos de la NASA usando inteligencia artificial
Un ejemplo clave fue el uso de aprendizaje automático para reanalizar datos de Kepler. Gracias a estos sistemas, se confirmaron exoplanetas que llevaban años “escondidos” en archivos públicos. Algunos, incluso,orbitan estrellas similares al Sol y se encuentran en la llamada zona habitable, donde podría existir agua líquida.

La IA también acelera el proceso. Lo que antes tomaba semanas de análisis humano ahora puede resolverse en horas, permitiendo que los astrónomos se concentren en interpretar los resultados, estudiar atmósferas o planificar observaciones más detalladas con telescopios como el James Webb. En este sentido, la inteligencia artificial no reemplaza al científico, sino que amplía su capacidad de exploración.
A medida que los telescopios generen más datos —millones de estrellas observadas en tiempo casi continuo— solo la IA podrá manejar esa avalancha de información. Además, estos sistemas podrían ayudar a clasificar exoplanetas, detectar señales químicas en sus atmósferas e incluso identificar posibles biofirmas.




