Cuando la cápsula Orion salpicó en el Pacífico el 10 de abril con sus cuatro tripulantes sanos y salvos luego de Artemis II, la NASA no tardó ni veinticuatro horas en convocar la primera reunión de diseño para la siguiente misión. El programa Artemis entra ahora en su fase más exigente: volver a pisar la Luna.
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Los próximos pasos tras Artemis II
El camino, sin embargo, no va directo a la superficie. La agencia rediseñó en febrero pasado la misión Artemis III para convertirla en un ensayo técnico en órbita terrestre, previsto para mediados de 2027.
Los astronautas subirán a bordo del cohete SLS en la cápsula Orion y se acoplarán con uno o ambos módulos de aterrizaje comercial, sin alejarse demasiado de la Tierra. La comparación que más repite la NASA es con el Apolo 9: un vuelo pensado para reducir riesgos antes del salto definitivo.

Ese salto llegará con Artemis IV, cuyo objetivo es el primer alunizaje tripulado desde el Apolo 17 en 1972. El destino es el polo sur lunar, una región de interés científico extraordinario: los cráteres en sombra permanente esconden enormes reservas de hielo que podrían proveer agua potable y combustible para futuras misiones. La fecha apuntada es comienzos de 2028.
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Qué cohete llegará a la Luna
En esa carrera por ser el vehículo que lleve a dos astronautas a la superficie compiten SpaceX, con su Starship HLS, y Blue Origin, con el módulo Blue Moon.
El último prototipo de Starship está cerca de un vuelo de prueba desde el sur de Texas, mientras que Blue Origin prepara un alunizaje robótico sin tripulación antes de fin de año. La NASA dejó abierta la posibilidad de que ambas empresas participen en distintas misiones según cuál esté lista primero.

El horizonte más lejano del programa contempla una misión lunar por año a partir de 2028 y una base permanente en el polo sur para la década de 2030, concebida como trampolín hacia Marte. Medio siglo después del último paso humano en la Luna, el polvo gris del polo sur vuelve a estar en la mira.




