En los últimos años, la Unión Europea (UE) intensificó el control sobre las grandes plataformas digitales y redes sociales por el impacto que tienen en la salud mental y el comportamiento de los usuarios, especialmente entre niños y adolescentes. En ese marco, TikTok quedó bajo la lupa de la Comisión Europea, que considera que el diseño de su algoritmo de recomendaciones puede fomentar un uso compulsivo y potencialmente dañino.
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De qué manera generan adicción las redes sociales
Las autoridades comunitarias sostienen que la plataforma podría estar incumpliendo el Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act, DSA), una norma clave que obliga a las empresas tecnológicas a evaluar y mitigar los riesgos sistémicos derivados de sus productos. De confirmarse las infracciones, TikTok se expone a sanciones que podrían alcanzar hasta el 6 % de su facturación global.
El cuestionamiento central de Bruselas apunta al carácter “adictivo” del diseño de la aplicación. Según la evaluación preliminar de la Comisión, TikTok combina una serie de funciones que empujan a los usuarios a permanecer conectados más tiempo del previsto. El desplazamiento infinito de videos, la reproducción automática de contenidos sin pausas naturales y un sistema constante de notificaciones crean una experiencia sin cortes claros, que dificulta que el usuario decida detenerse.

A esto se suma un algoritmo extremadamente preciso que aprende en tiempo real de cada interacción y ajusta las recomendaciones para maximizar la retención. El resultado es una experiencia altamente envolvente que puede generar una pérdida de noción del tiempo y un consumo prolongado casi automático.
La razón por la que TikTok resulta especialmente adictivo está vinculada al funcionamiento de su algoritmo de recomendación. A diferencia de otras redes sociales que priorizan el contenido de cuentas seguidas o un orden cronológico, TikTok se basa en modelos avanzados de aprendizaje automático que analizan qué videos se miran, durante cuánto tiempo, cuáles se repiten y qué tipo de contenido provoca mayor interacción.
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Este mecanismo alimenta un ciclo de recompensa constante que estimula la liberación de dopamina en el cerebro, un proceso asociado al placer y al refuerzo de conductas repetitivas. Desde la perspectiva de los reguladores europeos, este tipo de diseño explota vulnerabilidades psicológicas y puede derivar en hábitos difíciles de controlar, sobre todo en usuarios jóvenes.
Las regulaciones que está desarrollando la Unión Europea
Frente a este escenario, la Unión Europea no busca prohibir el algoritmo ni eliminar la personalización del contenido, sino obligar a TikTok a introducir cambios estructurales que reduzcan los riesgos. Bajo el DSA, la plataforma deberá demostrar que adopta medidas efectivas para limitar el uso compulsivo.
Entre las exigencias que se barajan se encuentran la introducción de pausas o interrupciones en el consumo continuo, la reducción de la agresividad del sistema de recomendaciones y un mayor control sobre funciones que incentivan la permanencia prolongada, especialmente en horarios nocturnos.

También se cuestiona la eficacia real de las actuales herramientas de control de tiempo y bienestar digital, que para Bruselas resultan insuficientes o fáciles de eludir.
La ofensiva europea contra TikTok se inscribe en una tendencia más amplia de regulación del entorno digital, donde el foco ya no está solo en los contenidos ilegales, sino también en el diseño de las plataformas y su impacto social.
El mensaje de la UE es claro: el éxito tecnológico no puede sostenerse a costa del bienestar de los usuarios, y los algoritmos deberán adaptarse a estándares más estrictos de responsabilidad y protección de la salud pública digital.




