El plan de China para desplegar hasta 200.000 satélites en el espacio representa uno de los proyectos tecnológicos y estratégicos más ambiciosos de la historia reciente.
La iniciativa no se trata de un único programa centralizado, sino de una constelación de constelaciones impulsadas por organismos estatales, universidades y empresas privadas chinas, cuyas solicitudes ya comenzaron a aparecer en los registros de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
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En conjunto, el objetivo es ocupar una porción clave de la órbita terrestre baja y media en las próximas décadas.
Actualmente, se estima que hay alrededor de 14.000 satélites activos orbitando la Tierra, la mayoría pertenecientes a Estados Unidos y a empresas occidentales como SpaceX.

El plan de China para conquistar la órbita baja
El salto que propone China es exponencial: multiplicar por más de diez la cantidad actual de satélites y construir una infraestructura espacial permanente que funcione como columna vertebral de sus comunicaciones, su economía digital y su sistema de defensa.
El corazón del plan está en las mega-constelaciones de satélites pequeños, similares en concepto a Starlink. Estos satélites, más baratos y rápidos de fabricar, se lanzarían en grandes tandas para formar redes capaces de ofrecer internet de alta velocidad, baja latencia y cobertura global, incluso en regiones remotas o en situaciones de emergencia.
Satélites de órbita baja: las implicancias geopolíticas detrás y sus problemas
Para China, esto significa independencia tecnológica, reducción de la dependencia de redes extranjeras y la posibilidad de exportar servicios de conectividad a otros países, especialmente en Asia, África y América Latina.
Pero el proyecto va mucho más allá del acceso a internet. Los satélites también cumplirían funciones de observación de la Tierra, monitoreo climático, gestión de desastres naturales, agricultura de precisión y control de infraestructuras críticas.
A esto se suma el uso estratégico y militar:
- Navegación avanzada
- Comunicaciones seguras
- Detección temprana de amenazas
- Apoyo a operaciones en tiempo real
En este punto, el despliegue masivo de satélites se convierte en una pieza central de la competencia geopolítica en el espacio.
Sin embargo, uno de los principales problemas es la congestión orbital. Con decenas de miles de nuevos satélites, aumenta el riesgo de colisiones, generación de basura espacial y el llamado síndrome de Kessler, un escenario en el que los choques en cadena podrían volver inutilizables ciertas órbitas.

China sostiene que incorporará sistemas de desorbitado controlado y tecnologías para evitar colisiones, pero la comunidad científica internacional advierte que el problema requiere coordinación global y reglas más estrictas.
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También está el desafío industrial y logístico. Para sostener un despliegue de esta magnitud, China necesita incrementar su capacidad de lanzamientos, desarrollar cohetes reutilizables, automatizar la fabricación de satélites y crear centros de control capaces de gestionar redes gigantescas en tiempo real. En ese sentido, el proyecto funciona como un acelerador de toda su industria aeroespacial.




