La misión Artemis II representa uno de los hitos más grandes en la historia moderna de la exploración espacial: el regreso de astronautas alrededor de la Luna por primera vez en más de medio siglo.
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A la Luna: los costos que afrontó la NASA con Artemis II
Esta misión utilizará el gigantesco cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orion para llevar a cuatro astronautas en un vuelo alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra, marcando el comienzo de una nueva era de exploración lunar tripulada.
Pero este regreso “a la vieja escuela” tiene un precio muy alto. Las auditorías internas de la NASA y análisis independientes estimaron que cada lanzamiento del sistema SLS más la cápsula Orion puede costar alrededor de 4.000 millones de dólares en producción y operaciones.

Esa cifra incluye materiales, mano de obra, instalaciones y todos los costos asociados con construir y lanzar el cohete y la cápsula, pero no incluye el enorme gasto ya invertido en desarrollar toda la infraestructura y tecnología detrás del programa Artemis.
En términos globales, la NASA gastó cerca de 93.000 millones de dólares en el programa Artemis desde su inicio hasta 2025, una suma que supera ampliamente lo destinado incluso al histórico programa Apolo ajustado por inflación.
Esto se debe en parte a que gran parte de la tecnología empleada es desechable y de un solo uso: el cohete SLS no está diseñado para reutilizarse como hacen los cohetes modernos desarrollados por compañías privadas, y muchos de sus componentes se descartan tras cada vuelo.
Las polémicas que generaron los costos de Artemis II
El propio diseño del SLS fue objeto de críticas por parte de auditores y expertos. El programa ha enfrentado sobrecostos significativos y retrasos, con contratos de desarrollo para sus motores y propulsores que terminaron costando mucho más de lo estimado inicialmente y demorando años adicionales en su ejecución.
Estas dificultades aumentan la fragilidad de todo el programa, porque dependen de una cadena de suministro y producción tradicional extremadamente compleja y costosa.
La cápsula Orion, por su parte, también requirió inversiones enormes para estar lista para misiones tripuladas, con miles de millones gastados en su desarrollo a lo largo de décadas. Si bien se espera que múltiples cápsulas puedan fabricarse y eventualmente reducir costos unitarios, la inversión inicial para hacerlas seguras para astronautas ha sido muy alta.
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Además, comparados con las nuevas estrategias impulsadas por el sector privado, como las propuestas de SpaceX con su cohete Starship o incluso misiones adaptadas con Falcon Heavy o New Glenn, el enfoque tradicional de la NASA es mucho más costoso por lanzamiento.
Analistas estimaron que una infraestructura alternativa podría reducir costos, de miles de millones a cientos de millones por misión, si se adaptaran naves comerciales para vuelos lunares, aunque eso también conllevaría desafíos técnicos importantes.
La fragilidad del sistema no se refiere tanto a que se “rompa fácilmente”, sino a que depende de una arquitectura tecnológica pesada, costosa y con poca reutilización. Esto contrasta con el paradigma moderno de reutilización de cohetes y sistemas modulares que ha demostrado reducir costos de manera drástica en órbita baja.




