Conversamos con Fabián Grosman, biólogo integrante del Instituto Multidisciplinario sobre Ecosistemas y Desarrollo Sustentable, sobre el estado actual de la pesca y la acuicultura, una actividad que proporcionan subsistencia a más de 500 millones de personas. Por Susana Rigoz

Es indudable que la pesca ha acompañado al hombre desde sus inicios como ser humano, junto a la caza y la recolección de alimentos de origen vegetal. Para lograr vivir de los bienes ofrecidos por la naturaleza era requisito el conocimiento de diferentes aspectos prácticos de la biología de los organismos deseados, sus costumbres, lugares, momentos y horarios de ocurrencia; y, de la mano de ello, dos cuestiones fundamentales: el desarrollo de una tecnología de captura (que podría bien extenderse a la preservación de los futuros alimentos hasta su utilización como tales) y la extracción del recurso de forma de garantizar su perdurabilidad. Es simple: están los peces, quién recurre a ellos, una forma de obtenerlos y no sacar más de la capacidad de producción y consumo. Ante este sencillo escenario planteado, es factible discutir si fueron acciones deliberadas o intuitivas las que llevaron a conservar o modificar este sistema.

-A miles de años, ¿qué ha cambiado de este esquema básico?

-Lo primero, es que somos más las personas que habitamos en forma sincrónica el planeta, tentativamente casi 7000 millones de individuos; el recurso pesquero sigue siendo el mismo, aunque con algunas salvedades: los peces requieren por un lado de “tiempos biológicos”, para incorporarse a una pesquería tienen que nacer en un sitio protegido, o donde sus padres estén amparados legalmente, obtener los componentes que su dieta específica requiere, crecer, no enfermarse (o sea, estar en un medio con la calidad suficiente para que no los afecte en su normal ciclo de vida), lograr la talla de reproducción, desovar en más de una oportunidad y, recién ahí, quedar disponibles para ser capturados. Los caladeros del mundo son finitos, y una amplia mayoría no cumple con uno de los vértices mencionados, que es la sostenibilidad, la extracción en tiempo, forma, condiciones y número adecuado de peces de modo de garantizar la renovabilidad del stock pesquero.

Aquellas miles de comunidades que han logrado mantener durante años o siglos (en función del lugar geográfico) los nodos planteados, con grupos reducidos de integrantes, presencia de un recurso pesquero accesible y utilizado de forma responsable, pueden sobrevivir en buen estado de salud, considerada en concepto integral. La definición de políticas proteccionistas para este tipo de cultura es determinante para su conservación.

-¿Cuál es el estado de la pesquería a nivel mundial?

-Se está trabajando al límite de capacidad de producción de los caladeros naturales. Por mejor tecnología desarrollada, más equipamiento y buques, las capturas de peces desde mediados de la década del 80 se mantienen relativamente constantes en valores cercanos a los 80 millones de ton/año, aunque con un incremento manifiesto en aguas continentales. Por mayores esfuerzos que se realicen, ya no es posible incrementar esta cosecha; por el contrario, hasta puede decrecer por condiciones ambientales desfavorables. El cambio de especies blanco, la reducción de tallas de captura, la sobrepesca, son producto de malas prácticas de acción impulsadas por sectores de poder económico. Ni siquiera el mar de la Antártida fue perdonado. El aporte de la pesca continental, que supera en la actualidad los 10 millones de toneladas, no deja de ser preocupante en función de la fragilidad de los sistemas acuáticos dulceacuícolas, principalmente por acción del hombre por mala gestión del recurso agua en calidad y cantidad y por las posibles consecuencias del cambio climático sobre estos ecosistemas.

-¿Por qué es relevante esta actividad para la humanidad?

-Porque se vincula al abastecimiento de alimentos, la seguridad alimentaria y la generación de ingresos. Según estimaciones de la FAO, provee de proteína animal de calidad a millones de habitantes, además de beneficiar a aquellos que en forma directa o indirecta están vinculados a la cadena del sector, incluyendo procesamiento, comercialización, distribución e industrias de abastecimiento. El desafío es lograr la implementación de buenas prácticas desde la extracción hasta que se dispone en la mesa del consumidor, fehacientemente con el cuidado del medio ambiente como soporte.

Ante el panorama de captura a máxima capacidad de campo de los caladeros, surge un aliado que estaba presente, aunque relegado por varias razones: el cultivo de organismos acuáticos o acuicultura. Decimos que no es novedoso, ya que desde el pasado lejano ya se criaban peces con fines alimentarios; el tema es que ahora la producción por este sector superó en 2010 los 60 millones de toneladas. Y al igual que toda actividad que desarrolla el hombre, tiene un lado positivo pero también otro negativo.

-A nivel país, ¿cuál es la situación?

-La estructura de captura de Argentina se basa en la merluza hubbsi, y el resto actúa principalmente como especies acompañantes, más allá de algunos pesqueros localizados focalizados en otros organismos, tanto peces como invertebrados. Los volúmenes anuales de captura de la merluza oscilan entre 200 y 300.000 ton/año; en la década de los 90, de la mano de una política neoliberal que se trasladó a la pesca, se superaron los cupos permitidos llegando a 600.000 toneladas, pero como era de esperar, se padecieron las consecuencias de la sobrepesca como crisis en años siguientes. La forma de salvar la situación fue la búsqueda de otras especies, nuevos caladeros, la toma de conciencia de que los recursos son finitos y su grado de renovabilidad depende del uso que se realice.

En cuanto a pesca continental, se trata de pesquerías artesanales de baja escala; existe un ejemplo que es la pesca del sábalo, que indudablemente es un reflejo de la sociedad e idiosincrasia nacional: un recurso solo conocido en parte en sus aspectos biológicos (ahora muy discutidos), que no estaba lo suficientemente cuantificado, base de redes tróficas del sistema del río Paraná, transforma detritos en proteína animal disponible para otras especies, recurso compartido entre varias provincias, en un ambiente fluctuante, con represas en el sector brasileño de la cuenca, con reglamentaciones contradictorias, sectores de poder de alta influencia, con pobladores que históricamente usaban el recurso para consumo propio y venta de los excedentes; en definitiva, un complejo entramado social, cultural, económico, político y natural, incluyendo lo biológico. A partir de las diferentes prácticas y medidas, participación de sectores interesados e involucrados, se está logrando avanzar sobre una ordenación adecuada y uso responsable de este recurso. A veces, la naturaleza posibilita aprender de las experiencias por su alta capacidad de resiliencia, pero otras tantas no.

-¿Se trabaja en acuicultura en la Argentina?

-Sí, con oscilaciones que dependen más de cuestiones externas (inestabilidad cambiaria, mercados, oligopolios en industrias conexas, etc.) que por razones propias de la actividad. Actualmente, la cifra de producción ronda las 3000 ton/año, con la trucha arco iris y el pacú liderando las estadísticas.

-¿En qué lugar nos ubicamos respecto de Latinoamérica?

-A nivel regional, la Argentina, si bien posee cualidades que potencialmente pueden favorecer el desarrollo de la acuicultura, ocupa una posición marginal. Chile lidera la producción con la industria salmonera, pero con algunas cuestiones a considerar. Tuvo un desarrollo tan explosivo que superó todas las previsiones de tipo legal y ambiental vigentes; la formación de recursos humanos especializados, capacitación empresarial, búsqueda de mercados en contraestación en el hemisferio norte, participación y compromiso activo de universidades, sumados a condiciones naturales que ofrece la geografía del país trasandino fueron algunas de las claves del éxito del sector. Pero en 2007 se presentó la mayor crisis histórica en lo social, ambiental, económico en la región de los lagos generada por un virus (ISA) y un piojo de mar (Caligus); mejor dicho, el hombre fue el responsable de la proliferación de estos organismos que frenaron el desarrollo e impusieron un obligado reacomodamiento. Si bien varias de las empresas extranjeras se retiraron, actualmente el sector ha retomado la actividad.

Pero cada caso, cada país, es particular. Si miramos Paraguay, de quien nos separa solamente un río, el objetivo de la piscicultura es erradicar el hambre y la pobreza, diferente del argentino, que posee como eje central asegurar el crecimiento del sector acuícola impulsando su producción a mediano y largo plazo. Brasil, en su extenso y variado territorio y su clima que lo beneficia, está apostando al crecimiento de la acuicultura (camarón, tilapia) y seguramente logre sus objetivos a mediano plazo.

América Latina posee el 75 por ciento de su producción con especies introducidas, y me atrevería a decir, con tecnología también importada; el 85 por ciento son establecimientos de recursos limitados (autoconsumo y venta de excedentes) y el consumo de pescado por habitante es bajo en contraste con el promedio mundial. En todos los casos, ha habido experiencias exitosas, pero también opuestas y sobre todo han generado un descreimiento de la acuicultura en general, lo cual solo se logra revertir con trabajo y políticas de difusión y promoción. En el caso local, la mayoría de las provincias han adoptado, al menos en su estructura administrativa, algún rubro destinado a esta actividad.

-¿Cuál es la razón de que América del Sur, pese a ser un núcleo de alta biodiversidad, con miles de especies de peces en las grandes cuencas del Río de la Plata, Orinoco y Amazonas, cultive no más de una docena e introducidas?

-Es una sumatoria de eslabones, entre los cuales cabe destacar la disponibilidad de semilla, el conocimiento de sus requerimientos alimenticios, de su biología, contar con rápido crecimiento y baja mortalidad, resistencia a enfermedades y a la manipulación por el hombre, que se pueda reproducir en cautiverio, que tengan una dieta económica y accesible, con interés culinario, deportivo, proteico, ambiental u otro que justifique su cultivo; si el objetivo es económico, que sea viable desde este punto de vista y que esté adaptado en forma local. Ello explica las razones por las cuales se trabaja con especies introducidas, con los riesgos ambientales que conlleva, producto de la aplicación durante años de políticas sobre ciencia y tecnología.

-¿Qué pasa con el consumo de pescado?

-A nivel mundial, hay una franja entre China y el resto del planeta. En el primer caso, en 2009 superaron los 30 kg/habitante, con un incremento paralelo de su producción. El promedio general es de alrededor de 15 kg/persona. En Argentina ya sabemos que la carne vacuna lidera el consumo y que es difícil de reemplazar por razones de hábito. Los 8 kg/habitante por año de pescado son un dato bastante representativo, y superan los valores del pasado. Promocionando a través de campañas masivas de divulgación las cualidades como alimento por su valor nutricional, con propiedades beneficiosas como elevados ácidos grasos insaturados, proteínas de valor biológico y concentración de minerales y vitaminas, seguramente se logre incrementar el consumo.

-¿Cuáles son los principales impactos del cambio climático en el sector?

-Es indudable que las modificaciones a nivel ecosistémico que puedan ocurrir como consecuencia del cambio climático van a impactar de forma directa sobre la producción de peces y consecuentemente sobre su disponibilidad para la extracción. Ya es un hecho conocido la notable influencia del fenómeno del Niño sobre la producción primaria y su traslado sobre la anchoveta, como un simple ejemplo de la necesaria mirada integrada que se requiere para la correcta gestión del recurso pesquero. La temperatura es uno de los factores de mayor influencia en los organismos acuáticos, al incidir sobre su propio metabolismo, reproducción, alimentación, edad, crecimiento y otros aspectos, todos ellos claves y determinantes. Al variar la temperatura se modifica la producción del ambiente, la composición, la estructura y el funcionamiento, cambio de especies, la disolución de oxígeno, otro elemento vital, también está directamente relacionado a este factor, así como la distribución geográfica, por mencionar algunos.

-¿Se estudia el tema en la Argentina?

-En nuestro país diversos colegas han tomado el tema y, por ejemplo, observan desoves fracasados en especies de peces de interés ante cambios drásticos de la temperatura del agua. Ello se produce por acción directa sobre el desarrollo y maduración gonadal y se acentúa en ambientes continentales, donde por superficie o volumen son relativamente vulnerables a los cambios del tiempo. Es el caso de las lagunas pampeanas, donde en forma histórica se realizó pesca recreativa y comercial del pejerrey, con movimiento económico de relevancia, con elevada participación de diferentes actores involucrados. Una de las características propias de este ecosistema es su dinámica, que genera cambios internos físicos y químicos constantes que inciden sobre la biología de los organismos. Este es un ejemplo tangible de cómo el cambio climático afecta al hombre común en su vida cotidiana. La pregunta es si la velocidad de los cambios permitirá la adaptación de los seres vivos a estos nuevos entornos. En otras palabras, si el ritmo acelerado de cambio posibilita que los organismos puedan compensarlo. Sin duda, el debate está abierto y la respuesta, más allá de modelos predictivos complejos, se obtendrá con el transcurso del tiempo.

Además del cambio climático, ¿qué otras amenazas sufre la pesquería?

-Creo que el cambio climático es solo la punta del iceberg de las alteraciones provocadas por el hombre. La modificación de los cursos de los ríos, las diferentes formas de contaminación, construcción de grandes represas, la generación de disturbios ecológicos por acción sobre algún eslabón de la red trófica, la introducción de especies invasoras, la sobrepesca o extracción desmedida, son solamente algunos casos donde la acción humana requiere de un cambio de actitud, de una mirada altruista, en un marco de políticas de gestión y desarrollo que aseguren la sostenibilidad. Para los recursos pesqueros y la acuicultura, que poseen una alta dependencia de servicios ecosistémicos, amerita la visión global e integrada de todo el conjunto, incluyendo al hombre y su cultura.

-Volviendo al tema de las pesquerías de agua dulce, ¿cómo se explica que hayan incrementado su rendimiento en la última década?

-Esta realidad tiene al menos dos lecturas. Si se considera que la capacidad potencial del recurso no estaba siendo aprovechada por diferentes causas, y de esta manera se logra la extracción de proteína de calidad en un marco de uso responsable y bajo una mirada ambiental, es bienvenida. Si la compleja trama de relaciones e interacciones que se produce naturalmente entre los distintos sectores involucrados está considerada y resuelta de la mejor manera (en términos de uso del recurso), también es favorable. El conocimiento y respeto por las limitaciones de cada lugar, sumado a la fragilidad y dinámica de los sistemas dulceacuícolas, es la base para la ordenación en este tipo de pesquerías. Si miramos la Argentina, hay buenos y malos ejemplos que no necesariamente coinciden con lo legal y lo ilegal. En varios casos, la actitud del pescador, del responsable del manejo del recurso, del acopiador, del afectado o beneficiado directa o indirectamente es la clave para el éxito o fracaso de una pesquería continental.

-¿Qué incidencia tiene la pesca recreativa?

-Es una actividad que se encuentra en franco crecimiento, tanto a nivel mundial como nacional, cuyo objetivo primario es el esparcimiento y conforma en sí misma una industria con múltiples actores intervinientes. Existen muchas formas de llamarse pescador recreativo o deportivo, y ello conduce a diferentes comportamientos, expectativas, grados de satisfacción, posicionamiento y acción frente al recurso, al ecosistema y a otros actores sociales. Los conflictos se generan cuando sobre el mismo pez, existen intereses diferenciales o contrapuestos: unos lo miran como objeto de entretenimiento, otros (por ejemplo, prestadores de servicios) como pieza necesaria del rompecabezas para obtener un rendimiento económico, y otros, como fuente primaria de alimento. Requiere de esfuerzos y resignaciones conjuntas para el logro de una situación que contemple tan variados intereses. Conforma un verdadero desafío para los administradores del recurso, que deben esforzarse para construir una mesa de diálogo pluralista, participativa, horizontal que contemple aspectos biológicos, culturales, económicos, políticos y sociales.