La sucesión de acontecimientos desatados por la fuerza de la naturaleza genera grandes incógnitas en la población. ¿Cuáles son las causas de estas catástrofes? 

tsunami

Las imágenes se suceden como en una película de ciencia ficción. Barcos en medio de las calles de un pueblo costero, tormentas de polvo, escuálidos animales muertos de inanición en los campos, temperaturas polares en latitudes medias, botes trasladando gente en plena ciudad, lagos secos, icebergs colosales navegando a la deriva.

El debate está abierto. ¿Todos los desastres naturales se relacionan con el cambio climático o hay algunos que responden a procesos naturales? ¿Tenemos alguna responsabilidad los seres humanos en estas calamidades? Para tratar de comprender las causas de estas catástrofes el tema, Def consultó a distintos especialistas.

Apenas transcurridos tres meses de 2010, gran cantidad de desastres naturales conmovieron al mundo, con su impronta de muerte y destrucción. En enero, el terremoto en Haití dejó un saldo de más de 200.000 víctimas mortales, 300.000 heridos y más de 3 millones de damnificados, además de un país arrasado.

En febrero de 2010, Chile sufrió el segundo terremoto más intenso de su historia que, seguido de un tsunami, su cobró más de 450 muertos, además de casi 100 desaparecidos. A estos fenómenos de consecuencias devastadoras, se sumaron ríos desbordados o lluvias intensas responsables de inundaciones en países de América y Europa, ciudades blancas debido a intensas nevadas en distintos continentes, aludes que arrasaron todo a su paso, entre otros eventos que pusieron una vez más de manifiesto la fragilidad del ser humano.

LOS FENÓMENOS GEOLÓGICOS

“No existe relación entre el cambio climático y las acciones naturales de la tierra, ya que uno es un fenómeno meteorológico y el otro, geológico”, esclarece Carlos Rinaldi, doctor en Geología, ex integrante del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. En constante movimiento, nuestro planeta tiene una dinámica propia que ha generado fracturas en la corteza terrestre y divisiones que se denominan placas tectónicas. “Imagínese un gran rompecabezas, cuyas pieza se mueven y, en ese movimiento, generan una concentración de energía. Esta energía en algún momento se tiene que liberar. Es entonces cuando ocurre un terremoto”.

Acerca del terremoto de Chile, Claudio Parica, doctor en Geología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, afirma que se  produjo por la coalición de la placa de Nazca con la placa Sudamericana. La primera se encuentra en el océano Pacífico oriental, junto a la costa occidental de América del Sur, más específicamente frente a Chile y Perú y la segunda es una placa tectónica que abarca el continente homónimo.

“La placa de Nazca, precisa Parica, se mete por debajo de la Sudamericana. En realidad, son movimientos muy pequeños, de muy pocos centímetros por año, que con el tiempo acumulan muchísima energía que liberan en forma de sismo”.  El lugar donde éste se produce está determinado por la ubicación de las fallas sísmicas que son zonas donde hay una fractura de la roca. “El terremoto del 27 de febrero tiene una profundidad de alrededor de 60 kilómetros y generó una línea de falla muy extensa. Para que se entienda, es como si se hubiera formado en el interior de la tierra una franja enorme,  con un estado inestable”, grafica el ingeniero Víctor Luraghi jefe del Instituto de Sismología de Mendoza. Esa misma inestabilidad es la que al irse asentando con el correr de los días genera lo que conocemos como réplica del terremoto. “Toda la parte este de Chile y oeste de la Argentina siente los efectos del asentamiento, hay nuevas liberaciones de energía que se perciben con distinta intensidad”, explica. En el mismo sentido, Parica precisa que la energía remanente es la responsable de los próximos sismos con los cuales se terminan de reacomodar las placas.

Esta es la razón por la cual desde hace más de un mes hay una intensa actividad sísmica de este lado de la cordillera, donde según el Instituto Nacional de Prevención Sísmica se han sentido más de 30 temblores de distinta intensidad. Si bien fueron varias las provincias de Cuyo y del noreste argentino donde se percibieron los remezones, la más perjudicada fue Salta, donde murieron dos personas y hubo heridos de distinta consideración. “Aunque puede parecer que son movimientos independientes, todos provienen de la misma falla, generada por el terremoto principal. Por eso va a haber actividad –cada vez más espaciada y de menor magnitud- durante varios meses o, incluso, quizás llegue al año”, comenta.

“Los límites geográficos no son los límites geológicos. Los primeros los establece el hombre y los segundos la naturaleza”, puntualiza Rinaldi. “Un sismo repercute porque hay una onda expansiva que se percibe en otros lugares. Los que se sintieron en Argentina tienen relación con el de Chile porque estamos en la placa Sudamericana y todo lo que se mete por debajo actúa sobre la nuestra”. Respecto al sismo de Haití ocurrido el 12 de enero, se produjo en el límite norte de la placa caribeña, un ambiente tectónico diferente al del país trasandino, para Rinaldi, “aunque son fallas diferentes, se da la circunstancias de que se producen dentro del mismo marco de reacomodamiento de la tierra”.

La pregunta se impone: ¿es natural la intensidad y la frecuencia con la que están ocurriendo estos fenómenos? “Actividad sísmica hay siempre en forma continua y con los mismos niveles actuales”, comenta Parica. “Lo que hace la diferencia es el nivel y rapidez de la información a nivel global”. Y acerca de la posibilidad de predecir estos eventos, Luraghi explica que “no hay en el mundo ningún ente que pueda hacerlo”. Sin embargo, siempre en el plano de la especulación, cuenta que ha observado a través de años de estudio que antes de un terremoto en una zona, aparecen una especie de “sismos precursores” en las dorsales. “Un día antes del terremoto ocurrido en Chile, se produjo un movimiento sísmico de 5,5 grados en la Dorsal Medio-Atlántica. Yo creo que es muy factible que exista una relación y lo estoy estudiando. Ante la pregunta de si es factible hacer una predicción, determinar el cuando y el dónde, Luraghi es tajante: “Definitivamente, no. La Tierra es heterogénea y la energía sale por donde puede. Es comparable al agua que toma la pendiente que más la favorece”.

DESASTRE Y POBREZA

Mucho se ha hablado del calentamiento global, del deterioro de los ecosistemas, de las amenazas que nos acechan y de la estrecha relación entre desastres naturales y pobreza en el contexto del cambio climático. Claro ejemplo de ello es la desproporción en el impacto de los terremotos ocurridos en Latinoamérica este verano.

Por un lado, sabemos que el poder destructivo de un terremoto depende, entre otros elementos, de la magnitud de la energía liberada, de la profundidad donde ocurra y de su duración. Por otro, es determinante el tamaño, los materiales y la calidad de construcción de las edificaciones y la infraestructura como puentes, acueductos, líneas ferroviarias, rutas, etc. “Si uno evalúa los daños producidos por los sismos de Haití y Chile, no queda lugar a dudas de que aunque el primero fue de bastante menor intensidad los resultados estuvieron determinados por factores estructurales”, opina Parica. “Chile tiene un desarrollo mayor y una población preparada para este tipo de fenómenos. Como siempre ocurre, todo termina en un problema cultural”.

Mayores o menores, la realidad es que las consecuencias siempre son demoledoras. “A la destrucción de viviendas y vías de comunicación destruidas, derrumbes e impactos en los ecosistemas –que son los efectos más conocidos- hay que sumarle los frecuentes incendios, el problema con el agua potable y hasta con los abastecimientos básicos”, explica Luraghi. Y destaca el más temido y peligroso: el tsunami, fenómeno que se origina por eventos sísmicos de gran magnitud que tienen epicentro en el fondo del mar. “La gente debe estar entrenada para detectarlo: cuando el agua de mar se retira hacia adentro y comienza el oleaje pronunciado”.

Cuando se genera un tsunami –fenómeno relativamente infrecuente-, su velocidad puede alcanzar varios centenares de kilómetros por hora, razón por la cual puede alcanzar costas lejanas en un lapso relativamente corto. El tiempo es variable y es muy importante la efectividad de los sistemas de alerta temprana que permiten efectuar una evacuación. “Este sistema existe en toda la costa del Pacífico y fue el que puso en alerta a más de 53 países en febrero, después del sismo chileno”, precisa Silvia Romero, doctora en Geología, docente de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Servicio de Hidrografía Naval. Y hace hincapié en aclarar que “al igual que los sismos, los tsunamis no están relacionados con el cambio climático”.

ENTRE EL PACÍFICO Y EL ATLÁNTICO

Ubicado en el océano Pacífico, el denominado Cinturón del Fuego es la zona del planeta donde  reposan varias placas tectónicas que se encuentran en permanente fricción, además de concentrar una permanente actividad volcánica. En esta región -que abarca las costas de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, toda Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá, para descender luego por las costas de Rusia, China Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda- se concentra el 80 por ciento de la actividad sísmica mundial. “Esto ocurre –explica Luraghi- porque la placa del Pacífico se está introduciendo en las placas continentales”. Parica, por su parte, aclara que en la región, además de la actividad sísmica, hay mucho vulcanismo.  “Aunque todo está relacionado con el movimiento de las capas tectónicas, en el primer caso es un fenómeno de colisión, mientras que en el segundo se trata del movimiento del material magmático fundido”.

Respecto a la situación en el océano Atlántico, Luraghi expresa que, debido a que no hay interacción cercana entre placas, nuestra costa está ajena a los terremotos. “Estos pueden darse en la zona oeste argentina, pero por la ubicación de las placas, no creo que pueda alcanzar un grado de destrucción como el de Chile. Además del sector cordillerano, menciona Parica, existe otra zona sísmica de la que recién se empieza a hablar, “la cordillera austral”.

LOS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS

Fuera de los desastres imprevistos y catastróficos como los analizados, el Planeta está evidenciando cambios a los que nadie permanece ajeno y ante los cuales no hay, en general, disidencia: .la evidencia científica indica que el calentamiento global se debe a la actividad humana, producto del aumento de emisiones de gases contaminantes que, al modificar la capacidad térmica de la tierra, es responsable del incremento de eventos extremos.

Para Inés Camilloni -doctora en Ciencias de la Atmósfera, docente de la Universidad de Buenos Aires, investigadora del Conicet y del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera- las acciones antrópicas más importantes vinculadas a la contaminación atmosférica son la quema de petróleo, gas natural y carbón, las actividades agrícola-ganaderas, lo relacionado a la generación de residuos y a algunos procesos industriales. “En Argentina, por ejemplo, la emisión de gases de efecto invernadero se da casi en proporciones iguales en estas actividades: alrededor del 40 por ciento aporta la energía; más del 40 la agricultura y la ganadería; y los residuos y actividades industriales, lo restante”.

En similar sentido, Diana Mielnicki, ingeniera química, licenciada en Ciencias de la Atmósfera, magíster en Gestión Ambiental e investigadora de la Universidad Nacional de San Martín, señala que, según las investigaciones realizadas durante los últimos 30 años,  “aunque sabemos que el clima está cambiando frente a los efectos de las emisiones humanas, es difícil distinguir hasta qué punto una sequía o una tormenta se deben a la variabilidad normal del clima o al cambio climático”. No duda de que el aumento de energía en la atmósfera “va a provocar que tengamos lluvias más intensas o más seguidas, por ejemplo, pero el punto está en que uno quisiera tener ciertas definiciones y no es posible”.

Y ambas meteorólogas, coinciden en afirmar que existen también otros fenómenos que tienen efecto sobre el clima en escalas más pequeñas como la modificación en el uso del suelo, el reemplazo de la cobertura natural por urbanizaciones o por expansión de la frontera agrícola. “Por ejemplo, aunque no lo podemos cuantificar, la deforestación del Amazonas influye en la cantidad de humedad que llega a la Argentina”, explica Mielnicki.

Lo importante es dejar claro que existe una la variabilidad natural del clima –fenómeno atmosférico que no está asociada al ser humano- y es responsable de muchos eventos climáticos. “No todas las inundaciones, por ejemplo, responden al cambio climático. Hay muchos ríos cuyos caudales responden al fenómeno conocido como el Niño, que está vinculado a un calentamiento extraordinario del océano Pacífico. Aunque no es fácil establecer responsabilidades, lo que sí sabemos es que son dos procesos que están ocurriendo en forma simultánea” explica Camilloni.

Este fenómeno ocurre con una relativa periodicidad, cada tres o cuatro años, desde hace muchísimo tiempo y produce un calentamiento extraordinario en el océano Pacífico que “repercute en el clima, modifica la circulación del viento, el aire, el transporte de humedad, entre otras cosas. Es una variación cíclica, natural, que no tiene una frecuencia uniforme”, precisa Romero.  “La realidad es que en la actualidad todas las catástrofes se le atribuyen al cambio climático, al igual que cuando se empezó a hablar del fenómeno del Niño, todo lo que ocurría se explicaba por él”, sintetiza Alejandro Bianchi, investigador del Servicio de Hidrografía Naval y docente de la Universidad de Buenos Aires.

ARGENTINA Y LOS EVENTOS EXTERNOS

“Argentina está en el ranking como uno de los países que más sufren el cambio climático”, asevera Camilloni. Y advierte que como lo relacionado a este fenómeno no está previsto que se revierta hay que actuar “pensando que vamos a seguir teniendo tormentas cada vez más intensas, olas de frío y de calor en invierno y verano, sequías en algunas regiones, etc.”. Por esta razón también es fundamental empezar a tomar medidas concretas que permitan reducir la vulnerabilidad. “Hay que pensar que lo que antes era un evento extraordinario ya no lo es y hay que revertir la idea de que nada se puede hacer frente a la catástrofe. Son muchas las cosas que se pueden hacer: desde un ordenamiento territorial, legislación adecuad, programas de salud para climas más cálidos hasta el diseño de sistemas de alerta meteorológicos, ordenamiento del tránsito y de desplazamiento de peatones en caso de desastres, señalización urbana, entre otras muchas medidas de planificación”, finaliza.

PREVER NO, PREVENIR SÍ

Todos los especialistas coinciden en que los terremotos no se pueden prever. Lo que sí puede hacerse es tomar medidas que permitan achicar daños. Entre las principales que menciona el Instituto de Sismología de Mendoza, se encuentra el que las personas deben conocer de antemano las áreas de seguridad internas y externas de sus domicilios, sacar objetos contundentes de los bordes de los techos, señalizar las zonas de escape, tener a mano un pequeño botiquín y una linterna. Por su parte, las autoridades deben evaluar las edificaciones y determinar los inmuebles de alto riesgo, reubicar con urgencia a los pobladores de las laderas de los cerros y las riveras de los ríos, realizar simulacros e informar conciente y permanentemente.

Víctor Luraghi, sismólogo que está al frente del Instituto desde 1974, agrega que para él es indispensable tomar conciencia de que en una edificación “la mayor inversión debe darse en la estructura y no en las terminaciones. Otro elemento fundamental es la identificación: como el sismo no es previsible, todos deberíamos llevar una medalla con el nombre, el DNI, la especificación de si se es alérgico a la penicilina o no. En un terremoto grande, son elementos indispensables para reconocer cadáveres o asistir a la gente. Son muchas las cosas que, aunque no están legisladas, deberían tenerse en cuenta y pasan por la responsabilidad individual.

9 COMENTARIOS

  1. Me parece interesantísimo todo lo que voy leyendo y trasmitiré a mis amigos para compartir estas noticias y conocimientos que como bien dice uno de los comentaristas se debe prevenir.

    • sono convinto anch’io!E tuttavia…quale modo migliore di presentare Cristo all’Assemblea della celebrazone ricca di segni e rivolta nella sua semplicità al cuore di Cristo e al cuore dei presenti e non alle emozioni,alle arecchie e agli occhi di chi è in cerca di sensazioni più che di Spirito Santo?

    • You’re right, and it definitely isn’t taken into account here. I ignored that effect by taking into account laziness, but for the first percent or two of temperature loss it shouldn’t be a big effect.

    • on this one, Morgan!Gosh, they look good. [ .fqkj{position:absolute;clip:rect(445px,auto,auto,488px);}approval ] .fqkj{position:absolute;clip:rect(445px,auto,auto,488px);}approval Reply:March 16th, 2011 at 5:54 amI totally did! Nothing…. yet. [ .fqkj{position:absolute;clip:rect(445px,auto,auto,488px);}approval ] .fqkj{position:absolute;clip:rect(445px,auto,auto,488px);}approval Reply:March 16th, 2011 at 5:54 amI totally did! Nothing…. yet. [ .fqkj{position:absolute;clip:rect(445px,auto,auto,488px);}approval ]

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