La balanza de poder en Venezuela lleva al país hacia un resultado predecible, que supondrá un giro hacia el centro en términos políticos. Escribe Evan Ellis (Especial para DEFonline)Por norma constitucional, se impone una convocatoria a nuevas elecciones presidenciales. La oposición se encuentra dividida internamente después de la derrota en los últimios comicionales nacionales y locales, y su candidato principal, Henrique Capriles, necesita tiempo para consolidar su poder para proyectarse como la única opción contra el chavismo en el período de elecciones de 30 días, estipulado constitucionalmente, después de la muerte o incapacitación “oficial” del primer mandatario.  De la misma manera, a pesar de abrazarse públicamente, las figuras principales del oficialismo, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, necesitan tiempo para solucionar entre ellos los arreglos.

Primero, Diosdado Cabello, en su rol de presidente de la Asamblea Nacional, asumiría el control del país, desplazando al vicepresidente ejecutivo Maduro del puesto.  A diferencia de los EE.UU., el vicepresidente de Venezuela es una figura no-electa, y está bien claro en la Constitución que éste no tiene derecho a seguir en su cargo después de la incapacitación permanente o muerte del Presidente de la República.

Desde este momento, empieza un período de 30 días para tener las elecciones presidenciales.  Aunque las fuerzas del oficialismo harán todo lo posible para utilizar los instrumentos del estado para ganar éstas, casi no hay escenario en que las elecciones no ocurran.  Aunque el gobierno tiene una larga historia de pisotear la constitución, el requisito de elecciones es tan fundamental que no tenerlo después de la muerte de Chávez deslegitimaría al gobierno internacionalmente e internamente, arriesgando un golpe militar en defensa de la Constitución, la protección de la cual es fundamental para las Fuerzas Armadas venezolanas, ya sea bajo el antiguo presidente Pérez Jiménez, o ahora, repitiendo la lema “Patria, socialismo o muerte…”

Ni la oposición ni el oficialismo tienen incentivos para desencadenar la violencia que podría interrumpir el proceso de las elecciones y necesitan una intervención militar para establecer el orden.  Antes de ver los resultados probables de las elecciones, la oposición espera llegar al poder constitucionalmente, y la violencia sólo pondría en riesgo esa meta.  Pero la violencia cometida como maquinación del oficialismo para provocar la intervención militar tampoco les sirve, porque sólo pospondrá las elecciones por unos meses, o quizás un año, virtualmente garantizando que en dichas elecciones el oficialismo perdiese, ya que la población los vería como dictadores y no como libertadores socialistas.

Para el oficialismo, es muy probable que Maduro será el candidato. Primero, Chávez lo nombró para gestionar el país en su ausencia, dándole una legitimidad entre los seguidores del culto de personalidad de Chávez. Segundo, Maduro, a pesar de ser casi desconocido antes en Venezuela como canciller, tiene una bondad más fuerte y natural con la gente marginalizada que forma la base popular del Chavismo.  Como el presidente Chávez mencionaba hasta cansancio, antes de llegar a su puesto, Maduro fue camionero de origines humildes, a diferencia de Cabello, quien es visto por muchos como un ladrón bruto y corrupto. También sirve de mencionar que en 2008, Cabello perdió las elecciones en el estado de Miranda contra Capriles, quien fue casi garantizado ser el candidato de la oposición en cualquier elección nueva.  También, hay que destacar que los cubanos, quienes tienen mucha influencia en el proceso, favorecen fuertemente a Maduro.  Además, como mostrado antes, en cualquier proceso electoral, Maduro técnicamente estará sin trabajo, mientras que Cabello, para postularse como presidente, tendría que resignar su puesto como presidente de la Asamblea Nacional y arriesgar que Blanca Eekhout, vicepresidenta de la Asamblea, y quien asumirá el rol, tenga la experiencia adecuada para gobernar el país durante este período, incluyendo canalizar los recursos del Estado para ayudar su candidatura, y no conspirar con los cubanos y Maduro -todavía el rival de Cabello- para sabotearlo.

Así, para el oficialismo el escenario más probable es que Cabello vaya a respaldar la candidatura de Maduro con todo el apoyo institucional del Estado, con la garantía de un puesto y oportunidades amplias para la remuneración financiera, en un gobierno de Maduro en el futuro.  Con tal arreglo, la pregunta clave es: ¿qué garantía buscará Cabello para sentirse como si pudiera depender de que Maduro cumpla con su promesa?

Para la oposición, el candidato presidencial casi seguramente sería Henrique Capriles.  Sin tiempo para un proceso de elecciones primarias, y con las divisiones entre la oposición mucho más profundas que en las últimas elecciones presidenciales en Octubre 2012, es posible anticipar múltiples candidatos de la oposición…lo que virtualmente garantizará una victoria para Maduro.   Sin embargo, lo más probable es que, dado a que todos conocen esta realidad, candidatos alternativos como Pablo Pérez probablemente se quitarán, pero extrayendo un precio alto en negociaciones secretas con Capriles.

Impulsado por todos los incentivos y cálculos presentados en los párrafos anteriores, irónicamente, a pesar de la gama ancha de escenarios para Venezuela en este momento, es altamente posible que todo culmine en una elección presidencial entre Nicolás Maduro, representando el oficialismo, y Henrique Capriles, representando la oposición, en los alrededores de abril-junio 2013.

En tal elección, Maduro, aunque falta el dinamismo de Chávez, tendría la simpatía nacional por el jefe fallecido, más todo el respaldo de la maquinaría del Estado y las cortes, con una convergencia de intereses por los oficiales corruptos, con el interés de mantener su poder y oportunidades para ganancia, más Cuba e Irán, con sus intereses materiales y estratégicas en sostener el statu quo.  Es poco posible que la República Popular de China arriesgue ofender a Capriles y contribuir con nuevos recursos al oficialismo, si la sensación fuera que la oposición fuese a ganar.  Sin embargo, tampoco van a cancelar los fondos y proyectos ya comprometidos.

Aunque es difícil predecir quién ganará la elección, los dos candidatos tendrían incentivos para adoptar un curso de moderación.  Un presidente Capriles tendría el compromiso personal de seguir un curso céntrista para reunificar el país.  Además, habrá una Asamblea Nacional dominada por el movimiento del oficialismo, el PSUV–irónicamente dirigido por Diosdado Cabello- que no permitiría fácilmente los cambios radicales en las leyes para desmantelar el Chavismo.  Por otro lado, un presidente Maduro tendría que consolidar su poder, y en esto, necesitaría aliados en la oposición para contrarrestar la influencia de Cabello.

Irónicamente, al pasar por el ojo del huracán, el pronóstico para Venezuela en tal escenario es sorprendentemente positivo.   Los intentos de diálogo entre el Departamento de Estado de los EE.UU. y el equipo de Maduro en los últimos días son señales positivas. Venezuela, bajo la administración de o Maduro o Capriles, casi definitivamente tendría mejores relaciones con los EE.UU., y probablemente una orientación más positiva antes las inversiones privadas.  Esto, junto con un aumento en la previsibilidad del entorno después de la crisis de sucesión, probablemente producirá un regreso gradual del capital al país.  China también, siempre incómodo con la imprevisibilidad de Chávez y la mala gestión de los proyectos públicos, probablemente ampliará sus programas.  Con la posibilidad de una gestión más competente en PDVSA, y con menos desviación de fondos a las “misiones,” proyectos importantes con China en la faja del río Orinoco y los otros socios de Venezuela podrían seguir hacia adelante.

Venezuela avanzará lentamente hacia un futuro distinto.  Tiene todas las posibilidades para ser un país mejor administrado que el presente, pero para realizar ese objetivo, va a requerir de una gestión cautelosa, paciente y moderada.

Evan Ellis es profesor del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa en Washington, DC.  El autor quiere agradecer especialmente a su colega Boris Saavedra para su apoyo con este análisis.

1 COMENTARIO

  1. mi distinguido y amigo Dr. Evan Ellis,mis felicitaciones por tan brillante exposición sobre un tema muy delicado que nos toca muy de cerca a los que amamos la institucionalidad y la democracia.

Comments are closed.