El 7,1 por ciento de los adolescentes, de entre 13 y 15 años, consume cigarrillos electrónicos en el país. Crece la preocupación en la comunidad médica, que exige mayor regulación estatal. Por Fernando Villa.

Los resultados preliminares de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ), llevada a cabo por la Secretaría de Salud, arroja resultados preocupantes respecto del consumo de vapeadores y otros tipos de cigarrillos electrónicos, como los calentadores de tabaco. Según cifras oficiales, el 14,4 por ciento de los estudiantes encuestados ha consumido alguna vez estos productos, que, actualmente, se encuentran prohibidos en el país.

La alerta nacional se suma a los recientes informes que se dieron a conocer en Estados Unidos, que informan más de 450 casos de enfermedades pulmonares crónicas a causa de los cigarrillos electrónicos, incluido el fallecimiento de cinco personas. “Lamentablemente, el presente no es sorprendente en vista de todos los químicos que contienen estos aparatos”, aseguró la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas y No Transmisibles, Verónica Schoj.

Schoj afirma que está comprobada la presencia cuatro grupos de sustancias tóxicas y compuestos cancerígenos, llamados carbonilos, compuestos orgánicos volátiles, nitrosaminas y metales pesados, dentro de los cartuchos de estos adminículos y sostiene que el principal foco de conflicto radica en que son atractivos y sirven como iniciación en el hábito de fumar en los más chicos. La directora también advierte que debe abandonarse el uso del término “vapear”, porque da una sensación equivocada de que es algo que produce menor daño en la salud.

Los calentadores de tabaco están en la mira de la Secretaria de Salud. Foto: Fernando Calzada.

Los casos estadounidenses que formaron parte de los últimos estudios presentaron, entre los síntomas, dificultad respiratoria, dolor torácico, náuseas, decaimiento y progresión a la insuficiencia respiratoria con necesidad de intubación y ventilación mecánica. Debido a todo eso y a la imposibilidad de identificar claramente una causa específica, el Centro de Control de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) de ese país han desaconsejado el uso de estos productos.

Leticia Limongi (MN 57470), neumóloga y miembro de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) y de la Asociación Argentina de Tabacología (ASAT), hace hincapié en que los casos que están saliendo a la luz constituyen neumonías químicas que, debido a la inhalación de las partículas que emanan los vaporizadores, producen daños en los tejidos y en las estructuras celulares de los pulmones.

Los especialistas aseguran que los dispositivos tienen fuerte penetración entre los jóvenes por sus diseños atractivos y su promoción libre en las redes sociales, a pesar de la Disposición 3226/11, emitida por ANMAT en 2011, que prohíbe la importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción del cigarrillo electrónico en todo el territorio nacional. “Son muy lindos y tecnológicos, lo que hace que cada vez más adolescentes incurran en su consumo”, sostiene Limongi.

En sintonía con esta afirmación, el coordinador del Programa Nacional de Control de Tabaco, Ignacio Drake, manifiesta que ya son varios los estudios que demuestran que los jóvenes que usan cigarrillos electrónicos tienen más probabilidades de comenzar a fumar otros productos, lo cual conlleva un mayor riesgo de volverse adicto a la nicotina y desarrollar las consecuencias para la salud asociadas a su consumo.

Otro dispositivo que se encuentra bajo la lupa es el que se conoce como “calentador”. Este aparato, que tiene la forma de un puntero láser y posee en su interior cápsulas con tabaco, nicotina y otras sustancias, es presentado por la industria tabacalera como un elemento de daño reducido y más saludable.

Fernando, un joven de 32 años que vive en la ciudad de Buenos Aires, posee uno de estos calentadores desde hace pocos meses y asegura haber sentido “mayores ganas de fumar” luego de haberlo probado. “Me lo recomendó un conocido que trabaja en la industria tabacalera porque, supuestamente, tiene un 95 por ciento menos de toxinas que los otros”, confiesa y resalta que, desde su iniciación, ya ha consumido 200 cápsulas.

Según los especialistas, los cigarrillos electrónicos no son considerados métodos válidos para dejar de fumar. Foto: Fernando Calzada.

Posicionar estos artículos como alternativa para dejar de fumar parte de una hipótesis falsa. La doctora Georgina Alberro (MN 98115), experta en tabacología y psicoteraupeuta, afirma que la medicina no lo considera un método válido para abandonar la adicción y que, lamentablemente, la mayoría de las personas que asisten a las consultas para comenzar los tratamientos “ya llegan consumiendo alguno de estos artefactos”.

“Más del 60 por ciento de los usuarios, según estadísticas europeas, lo consumen con el objetivo de dejar el hábito de fumar; sin embargo, solo el 15 por ciento de ellos logra abandonarlo por completo, lo cual representa un número muy bajo”, asegura Alberro y aclara que, por el momento, únicamente los sustitutos nicotínicos y los medicamentos por vía oral siguen siendo los mecanismos más efectivos y autorizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La cantidad real de nicotina que contienen los cartuchos de los vaporizadores no suele coincidir con la presentada en los envases. Según estudios recientes, se han detectado y reportado muchas diferencias entre la cantidad de nicotina señalada en las etiquetas de los cartuchos y la real. Al ser elementos que –a diferencia de los medicamentos farmacéuticos–, no están controlados, el problema es que los niveles suelen ser mucho más elevados que los utilizados para las acciones terapéuticas y pueden generar adicción y síntomas de abstinencia al interrumpir su uso.

Algunos de los daños asociados al uso de los cigarrillos electrónicos son los efectos respiratorios agudos, entre los que se aprecian un aumento del 18 por ciento de la resistencia de las vías aéreas y una disminución considerable de la fracción espirada de óxido nítrico, lo que genera inflamación en las vías aéreas.

Otro aspecto que alarma y convierte a los vapeadores en objeto de deseo y de fácil penetración entre los jóvenes es la variedad de aromas y sabores que poseen, algunos con claras reminiscencias infantiles, como los que tienen sabor a chicle. El problema radica en que los saborizantes dulces contienen diacetilo, una sustancia autorizada para la ingesta, no para la inhalación, y constituyen un factor de riesgo de bronquiolitis obliterante.

La falta de regulación y de controles gubernamentales representa otra de las preocupaciones de los especialistas. Los vacíos legales generados a raíz de esta problemática comienzan a crecer y exigen mayor compromiso del Estado nacional. “Hay que discutir fuertemente los procesos de fiscalización, porque, a pesar de la prohibición establecida, no hay un organismo que tenga la competencia para hacer cumplir esta reglamentación”, sostuvo Schoj al respecto.

Toda la comunidad médica coincide en responsabilizar a las tabacaleras por el consumo de los vapeadores y sus derivados. Es que, según los profesionales de la salud, la industria siempre lanza al mercado productos con un supuesto daño reducido que no es tal. “En los setenta, fueron los cigarrillos con filtro; diez años después, se lanzaron los light y se recomendaron incluso para el consumo en las embarazadas, aunque años más tarde la ciencia demostrara lo contrario”, comenta Schoj y apunta directamente contra el lobby empresarial.

Además de los usuarios de los vapeadores, quienes también se ven afectados por el aerosol producido son los conocidos como “fumadores pasivos”. Lo que ocurre es que, además de empeorar la calidad del aire, el falso vapor contiene partículas ultrafinas con propanodiol y glicerina, que se depositan en los pulmones y provocan lesiones y daños en la salud. Por eso, cabe destacar que el uso de este tipo de productos en lugares cerrados públicos o laborales se encuentra prohibido por la reglamentación de la Ley 26687.

Los datos de la EMTJ fueron presentados a la Comisión Nacional de Control de Tabaco, convocada por el Programa Nacional de Control con el objetivo de coordinar acciones para fortalecer el cumplimiento de la normativa vigente y concientizar a la población sobre los riesgos del consumo de estos productos, a la luz de las recientes muertes en la población joven de diferentes países alrededor del mundo.