Analizar las tendencias alimentarias actuales significa comprender las fuerzas que transforman la economía, los consumos y la vida cotidiana en los planos más concretos y también en el plano simbólico. Opina Mariela Mociulsky

¿Qué valores actuales se destacan hoy?

EFICIENTIZACIÓN: como respuesta a la demanda de “rendir mejor en la vida moderna”, lo que implica el control individual de la energía para diferentes aspectos de la vida (belleza, salud, vínculos, sociabilidad, sex appeal, tiempo y placer). Se valora generar, reponer o liberar energía, con la ayuda de productos y consumos específicos para responder eficientemente a las exigencias.

EMPOWERMENT: ante el debilitamiento de los garantes institucionales, la responsabilidad por el cuidado recae en la propia persona. Se valora la autoconfianza y autocontrol, el “Self Management”.

ESPONTANEIDAD: como defensa a tanta eficientización que “tecnologiza” a la persona, se busca expresar el lado humano que implica ser auténtico, honesto, original/único.

PRESERVACIÓN: como estrategia de supervivencia y amparo ante el aturdimiento, la vulnerabilidad y la fragmentación social, se valora el refugio en los vínculos más íntimos.

AUTOVALORACIÓN: para poder brindar la mejor versión de sí mismo, se valora todo lo que ayude a gestionar mejor la autoestima, el autoconocimiento, la autoayuda para “quererse”.

PLACER COTIDIANO: con un futuro más incierto en otras épocas en donde se esperaba recorrer el camino trazado para disfrutar al final del mismo, hoy se busca celebrar y exprimir intensamente cada instante, se valora la indulgencia y diversión que descomprime.

VITALIDAD: se busca estar en movimiento y vigente, se valora lograr una actitud optimista, vivaz, con disposición de energía física y anímica, la jovialidad y el dinamismo.

Con estos valores aspiracionales como guía, la demanda del consumidor se inscribe en un ciclo permanente de incorporación y eliminación de consumos y alimentos, para mantenerse productivos y deseables como sujetos que determinan tendencias.

1. Cambios en los hábitos alimentarios. La alimentación ocupa un rol fundamental en la búsqueda del propio bienestar, refleja una manera individual de cuidarse, prevenir y gratificarse. Surgen mayores exigencias en relación a la calidad y una valoración creciente de lo natural; lo orgánico; el origen y los componentes de los alimentos. También se manifiesta un mayor interés por los procesos de elaboración y conservación. El menú, en algunos casos, se convierte en una receta que detalla el modo de cocción, el origen de los elementos, los condimentos.

2. Practicidad. El ritmo de vida acelerado impone cambios en el modo de alimentarse: disminuyen las comidas formales y se elige el snack como alternativa. Crece el consumo de productos empaquetados y alimentos de preparación rápida. Se necesita ahorrar tiempo. Sin embargo, también se desea conservar energía y sentirse sano. Algunos Fast food por ejemplo

3. Cultura preventiva. Existe una preocupación creciente por lograr inmunidad a las enfermedades a través de vacunas, vitaminas y componentes de los alimentos (antioxidantes, minerales, oligoelementos, la fibra, etc.). El alimento comienza a ser percibido como posible reemplazo de la medicina proporcionando una ayuda para prevenir enfermedades.

4. Control. En los grupos más jóvenes y de mediana edad, la principal preocupación es la apariencia, el temor a la obesidad y la necesidad del cuidado del peso. Verse bien es el objetivo para sentirse bien.  En segmentos de mediana edad y mayores, la salud tiende a ser el principal motivador de cambios en los hábitos alimentarios. El control de la  presión sanguínea y el colesterol ocupan los primeros lugares dentro de las preocupaciones por la salud.

5. “Sensorialidad”. La conexión a través de los sentidos también representa un modo de bienestar que brinda descanso de la mente “pensar menos, sentir más”.

La necesidad de inmersión en la fantasía, el incremento de consumo de alcohol, son algunas de las tendencias relacionadas con la sensorialidad como búsqueda de momentos  de bienestar aunque sean fugaces.

6. Valoración de lo local/ regional. Se revalorizan estilos y estéticas locales como modo de expresión de la identidad en un mundo globalizado (marcas locales, sabores locales, valoración del origen y cultura. Alimentos que se consumen al estilo de un “consumo cultural”, productos que ayudan a vivir experiencias conociendo culturas diferentes.

7. Multifuncionalidad, exigencia, presión. La necesidad de realizar varias tareas al mismo tiempo en un mundo hiper eficiente hará de la portabilidad y la nutrición (la capacidad de brindar “energía para rendir”) un valor que se verá traducido en productos de alimentación y suplementos de dieta. También alimentos para el refuerzo de las funciones cerebrales con omega 9 y alimentos para el “stress management” (categorías indulgentes como el chocolate, que encuentran un nuevo posicionamiento comunicando una disminución del nivel de stress a través de la liberación de endorfinas).

8. Vuelta a lo casero. Encontramos en los consumidores la necesidad de volver a la sabiduría de las abuelas, sus comidas, lo artesanal y hecho a mano (incorporando algo de la practicidad actual) como contra tendencia que intenta combatir la velocidad “Slow life, slow food”. Una necesidad de volver a las fuentes, a una “vida más simple” con menos estímulos, lo netamente humano, como contratendencia que equilibra la rapidez,  multifuncionalidad, y eficientización que saturan. Un transporte a la infancia, abrigados en pasados segurizantes. Ingredientes ancestrales, frutas y frutos energizantes de la antigüedad.

En síntesis, la búsqueda del equilibrio entre lo saludable y la indulgencia. Alimentos sanos pero con sabor. Sabores más complejos, exóticos, globalizados y ecológicos. Sensorialidad y conexión a través de los sentidos que también representa un modo de bienestar que brinda descanso a la mente. Lo saludable explicado a los consumidores a través del producto, para qué sirve, cómo consumirlo, de qué se compone. Lo hedonista a través de nuevos sabores en productos y nuevos packagings y claims, el aporte de la fantasía y la invitación a un mundo de placer y conocimiento cultural al consumirlos.

Los ganadores de esta tendencia serán aquellas marcas y productos capaces de resolver esta tensión que viven los consumidores mediante productos de calidad sin olvidarse del aporte a la salud “física” ni del  del placer y el estado de ánimo.

La autora de esta columna es directora socia de Trendsity, consultora de investigación de mercado y tendencias.