“En el nombre de la yihad, la matanza de personas inocentes no es islámica. Necesitamos ganar los corazones de la gente y entonces podremos gobernarlos”, aseguró el mulá Akhtar Mohammad Mansour en su primer mensaje público.

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El mulá Akhtar Mohammad Mansour fue lugarteniente por varios años del escurridizo ex líder, el mulá Omar, quien sirvió como figura de unidad y líder espiritual para la insurgencia pese a su ausencia. Esta semana, los talibanes confirmaron que el mulá Omar había muerto hace algún tiempo. El Gobierno afgano dijo que falleció hace más de dos años.

Según analistas, la elección de Mansour podría ser un hecho prometedor para las conversaciones de paz si puede conseguir el respaldo de otras facciones de la fragmentada insurgencia.

“El enemigo no puede derrotarnos si mostramos unidad”, declaró en una grabación de audio entregada por miembros de los talibanes a periodistas. “Voy a usar toda mi energía para seguir a nuestro difunto mulá Omar y a su misión. Necesitamos ser pacientes y deberíamos tratar de ir a esos amigos que están infelices. Tendremos que convencerlos y sumarlos”, agregó.

Comandantes talibanes que asistieron a la reunión en que eligieron a Mansour como sucesor de Omar dijeron a Reuters que el hijo y el hermano de Omar habían abandonado la reunión, en protesta por la decisión. La discrepancia abierta dentro del centro del grupo remarca el desafío que enfrenta Mansour, que debe persuadir a los comandantes talibanes para unirse a las negociaciones de paz con el Gobierno afgano al mismo tiempo que Estado Islámico está elevando su actividad de reclutamiento en la región.

Dos grupos militantes afganos declararon el mes pasado que Omar había muerto y juraron lealtad a Estado Islámico. Mansour culpó de las divisiones entre los talibanes a “propaganda enemiga” y prometió que seguirá luchando por gobernar bajo la sharia, el código moral y legal islámico, y continuar la visión del mulá Omar.

También advirtió contra la matanza de civiles. Un informe de Naciones Unidas publicado a fines del año pasado sostiene que los insurgentes fueron responsables por cerca de un 75 por ciento de las muertes de civiles por segundo año consecutivo.

“En el nombre de la yihad, la matanza de personas inocentes no es islámica. Necesitamos ganar los corazones de la gente y entonces podremos gobernarlos”, comentó. Mansour confirmó que uno de sus lugartenientes es Sirajuddin Haqqani, hijo del renombrado líder yihadista Jalaluddin Haqqani, fundador de la temible red militante Haqqani, a la que se atribuye algunos de los ataques suicidas más mortíferos ocurridos en Afganistán.

Fuente: Reuters