Un entramado de intereses y la existencia de armas químicas complican la salida al conflicto interno que vive el país árabe.

 

Escribe Omar Locatelli (*)

El pasado 15 de marzo se cumplieron dos años de que los estudiantes sirios pintaran grafitis en la sureña ciudad de Dara’a, dando comienzo a uno de los conflictos más sangrientos del siglo XXI, que ya ha alcanzado las escalofriantes cifras de 70.000 muertos (entre civiles y militares) y cuatro millones de desplazados (en campos de refugiados en Líbano, Jordania, Turquía, Iraq, Egipto y la propia Siria). Además, se están invirtiendo casi 1500 millones de dólares en ayuda internacional (mil millones para los países limítrofes con campos de refugiados y el resto para los de Siria).

A las estudiantiles consignas contrarias al gobierno de Daraa, siguieron las protestas formales en la ciudad de Homs y posteriormente las de la centenaria Aleppo, capital económica del país. El presidente Bashar al-Assad, supuso que podría controlar las expresiones en su contra de la misma forma que lo había hecho su padre, Hafez al-Assad, en 1982 cuando aplacó una revolución interna en Homs, demoliendo diversos vecindarios y eliminando alrededor de 20.000 sirios.

La controversia tomó matices de guerra civil, cuando parte de sus fuerzas armadas desertaban de las acciones gubernamentales en notoria oposición a las decisiones de operar militarmente en contra de la población civil. Así se formó el “Ejército Libre de Siria”, con iniciales 30.000 efectivos (desertores) a órdenes del coronel Riad al-Asaad y Malik al-Kurdi, como segundo jefe. Además, contó con fuerzas populares insurgentes, tales como el Batallón al-Baraa, que combate en Damasco, y el Frente Ansar al-Jebhat al-Nusra li-Ahl al-Sham (“Apoyos del frente para la victoria del pueblo de Siria”, en castellano) en Aleppo, comandado por Abu Ibrahim. Este último está integrado por sirios, marroquíes, libios, tunecinos y libaneses vinculados a Al-Qaeda y considerado como “terrorista” por EE. UU.

Como dato aleatorio, el conflicto sumó la controversia religiosa al enfrentar tropas gubernamentales de confesión alawita (12% de la población), vinculadas a los shiítas, en contra de una mayoría sunita (60%) con el apoyo internacional de la misma confesión, que trata de evitar la preponderancia shiíta generada luego de la Primavera Árabe. Esta ruptura confesional, ocurrida en el siglo VII, ha escindido al Islam hasta el día de hoy, entre sunitas y chiitas.

SUPERPOSICIÓN DE CONFLICTOS

Al polemos original, se agrega que Siria es el tercer arsenal mundial de armas químicas, especialmente de gas sarín y VX, con facilidades de producción y almacenamiento en proximidades de las ciudades de Aleppo, Homs, Houla, Damasco y cerca del puerto de Latakia.

Como aditamento se suma el problema kurdo, quienes a pesar de ser la minoría étnica más grande en Medio Oriente, no se encuentra establecida en ninguna forma de Estado Nación. Su territorio original está dividido entre Turquía, Iraq, Irán y Siria, siendo entre 55 y 60 millones de personas (no existen censos rigurosos) de religión islámica sunita. El gobierno sirio apoya al PKK turco (Partido de los Trabajadores Kurdos), enfrentado al gobierno de Turquía, por lo que sus seguidores kurdos en Siria se enfrentan a la disyuntiva de combatir a favor de los rebeldes sirios de confesión sunita o seguir al gobierno sirio. Por el momento prevalece la tendencia del apoyo a los rebeldes, con la idea de que luego de su triunfo busquen su independencia como nación, ocupando mediante una revolución el suelo que habitan en las cuatro naciones. Entre los principales combatientes en el norte de Siria se encuentra el Frente Kurdo Islámico, los “Halcones de Merga Pesh”, los “Mártires de La Meca” y los denominados “Nietos de Saladino”. Además de los problemas mencionados, se presenta la insurrección de refugiados palestinos en Jordania, Líbano y en las fronteras israelíes, quienes según su confesión islámica favorecen el apoyo a alguno de los contendientes. Ello ha ocasionado una marcada cruzada anti suni en Líbano, por alianza de alawitas con Hezbollah (de confesión shiíta), ocasionando enfrentamiento armados en su frontera con Siria. Por último, el conflicto hace que se reúnan jihadistas islámicos sunitas en Siria para pelear contra los alawitas, con supuestas intenciones de formar una red tipo Al-Qaeda, de proyección internacional.

LAS POTENCIAS HEGEMÓNICAS Y SIRIA

El gobierno sirio tiene como principal aliado a Irán, quien junto con Hezbollah, la organización armada islamita libanesa, entre los tres constituyen una alianza regional de confesión shiíta, denominada por ciertos países occidentales como el “Eje del Mal”. Irán, más allá de ser su aliado político-regional, ejerce una neta influencia militar, por facilitar el entrenamiento, la doctrina y el apoyo logístico para una eventual proyección, a través de Hezbollah, sobre Israel.

Rusia, luego de Irán, tiene una larga vinculación económica de venta de armas. Es cliente nivel 3, pero no socio estratégico: provee aviones MIG, helicópteros de ataque y sistema de defensa aérea de alta tecnología. Ha firmado en 1980 un Tratado de Consultas en caso de amenaza a la Paz y de cooperación militar, que lo vincula militarmente a Siria. Además, tiene en el puerto sirio de Tartus una base de apoyo logístico, que facilita la salida rusa al Mediterráneo. Esta ciudad ya había sido asiento del 5to Escuadrón de la Flota Soviética del Mediterráneo.

Turquía su vecino más cercano, es quien lleva el peso de la controversia, pues los rebeldes la utilizan como frontera abierta, tanto para el ingreso de sus apoyos como para el egreso de sus refugiados. Originalmente fue su principal socio, en razón del Tratado de Libre Comercio firmado en el 2002, y en vigencia desde el 2007 hasta el inicio de la confrontación.

EE.UU. culpa a Siria de la muerte en 2005 del premier libanés Rafik Hariri, hecho que desequilibró el balance regional en Líbano, alejándolo de Occidente y reforzando el anterior vínculo sirio-libanés, que exigió la resolución 1559 de la ONU (septiembre de 2004) para sacar las tropas sirias del Líbano. Con la llegada del presidente Obama se cambia su política exterior intentando un acercamiento por oposición a la anterior. No obstante, el incidente en la embajada norteamericana en Libia eclipsó en su momento al conflicto. Hoy EE. UU. busca una solución política sin intervención militar propia mientras se evite el empleo de Armas Químicas en cualquier sentido.

En cuanto a Israel, mantiene un statu quo de hecho luego de su confrontación por las alturas del Golán en la Guerra de los Seis Días, ocupando los territorios conquistados sin ninguna reacción siria hasta el momento.

LOS PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS

Luego de las protestas contra las torturas a los estudiantes que hicieron un grafiti sobre el gobierno en Dara’a, el gobierno envió tanques a las ciudades rebeldes contra los manifestantes, sin realizar las reformas exigidas. En diciembre 2011 se organizó el “Ejército Libre de Siria” con desertores militares, policiales y civiles, con base de operaciones en Turquía. A su vez, comenzó a funcionar en Estambul el “Consejo Nacional Sirio” y el “Cuerpo para la Coordinación Nacional del cambio democrático en Siria”. Se incrementó la presión internacional de EE. UU. y la Unión Europea hasta el punto de llegar a la suspensión de la membresía dentro de la Liga Árabe para la salida del gobierno.

El 17 julio de 2012, la Comisión Internacional de la Cruz Roja (CICR) calificó al conflicto como una Guerra Civil, razón por la cual debe aplicarse el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Al día siguiente, un atentado con un coche bomba en el edificio de Seguridad Nacional, mató en Damasco al Ministro de Defensa Daoud Rajha y a su segundo Assef Shawkat, que era el confidente y cuñado del presidente. En el atentado sufrió graves heridas el hermano del presidente, Maher al-Assad. Este fue el punto de inflexión del conflicto. A partir de ese momento, no podría haber marcha atrás por ninguno de ambos bandos.

El 11 de noviembre de ese año, en Doha (Qatar), el Consejo Nacional Sirio, siguiendo la propuesta de EE. UU. de lograr una mayor y mejor representatividad, eligió nuevos miembros representativos, siendo electo presidente el Sheik Ahmad Moaz al-Khatib, antiguo imán y respetado como figura nacional moderada. También cambió su nombre por Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición y de la Revolución Siria, con representación de las 14 provincias sirias y la creación de un Consejo Revolucionario Militar y un Comité Ejecutivo. En este nuevo consejo hay 66 representantes, de los cuales nueve son de la oposición, cinco alawitas y hasta un asiento para la Hermandad Musulmana.

Como complemento del nuevo Consejo, 260 comandantes rebeldes eligieron a 30 representantes para integrar el Consejo Supremo Militar, que proclamó por consenso al brigadier general Salim Idriss (antiguo profesor de la Escuela de Guerra) como Jefe de Estado Mayor. La consigna fue “buscar el reemplazo de los comandos originales por gente que obedezca”, como primera consecuencia no deseada de una conducción militar anárquica, con pretensiones de conducción política sectorial acorde con el esfuerzo realizado.

A fin de diciembre, el representante de ONU, Ladhjar Brahimi, declaró que se necesitaría un gobierno de transición con autoridad ejecutiva para que gobierne por meses hasta las próximas elecciones. Además convocó a los representantes de EEUU y Rusia a una reunión en Ginebra, para colaborar en la creación de ese gobierno, reforzado por una fuerza de Mantenimiento de la Paz (Peacekeeping Force) para monitorear el cese del fuego.

A fin de enero de 2013, Siria denuncia que aviones israelíes atacaron un Centro de Investigación en los suburbios de Damasco, ocasionando dos víctimas, sin precisar el blanco buscado. Fuentes de EE. UU. dijeron que los aviones israelíes atacaron una columna siria que se dirigía al Líbano, transportando misiles SA-17 con destino a Hezbollah. El ejército libanés confirmó que 12 aviones israelíes ejecutaron dos incursiones aéreas sobre el espacio libanés sin mencionar ningún ataque. Israel solamente declaró que se arrogaba el derecho de Acciones Preventivas para evitar un desbalance armamentístico regional en favor de Hezbollah.

En febrero, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, anunció en su reunión en Roma con el líder de la oposición siria, Mouaz al-Khatib, que su país apoyará a la oposición con alimentos y medicina. Además, que enviará U$D 60 millones para apoyo de sanidad y educación a las áreas bajo control rebelde. El sheik, molesto, no agradeció el apoyo diciendo que “los rebeldes están hartos de quejas occidentales sobre extremistas en sus filas”, en clara referencia al frente Al-Nusra que opera en Aleppo. Agregó como final que “el verdadero enemigo es el régimen de Assad, pero que Occidente está más preocupado sólo por el largo de la barba de los combatientes”. Otras naciones europeas, como Reino Unido y Francia, analizan el levantamiento del embargo que pesa sobre Siria, para enviar armamento letal (vehículos blindados, visores nocturnos y chalecos blindados) en apoyo a los rebeldes. Arabia Saudita, al igual que los rebeldes, reclama una mayor intervención de EE. UU., que estaría analizando entrenar a los rebeldes en el terreno.

LAS ACCIONES MÁS RECIENTES

Mientras tanto, los rebeldes siguen avanzando y combatiendo. El 4 de marzo pasado, tomaron la ciudad de Raqqa, que se convirtió en a primera ciudad en poder completo de la oposición en el norte de Siria. También una fracción de rebeldes kurdos, denominada el Partido de Unión democrática y su milicia, que controlan el territorio norte y aprovechando un vacío de poder, tomaron los campos petroleros adyacentes a la ciudad de Ramalan, aduciendo que “por años ese petróleo fue robado sin que se beneficiara al pueblo kurdo”. En razón de ello van a determinar el futuro uso de las reservas petroleras del lugar.

A su vez, 21 observadores militares filipinos, pertenecientes a UNDOF (fuerza de ONU que monitorea el cese del fuego entre Israel y Siria en las Alturas del Golán) fueron capturados durante cuatro días por los rebeldes sirios, llamados Brigada de los Mártires de Yarmouk, como forma de presionar al gobierno sirio para que retirara sus tropas de la villa de Jamlah en el SE sirio. Como contrapartida Israel elevó al máximo el alerta de sus tropas en la región, incrementando el potencial de su famosa Brigada Golani, con la unidad de combate Oketz y con artillería remolcada.

A la complicada evolución militar se le agregan dos situaciones políticas internas dignas de mención. El sheik Ahmad Badr al-Deen Hassoun, reconocido suni pero cercano al gobierno sirio, exhortó a través de la TV y de los medios gráficos de su país “a todos los padres y madres en la patria para reclutar a sus hijos en el Ejército sirio para vencer una conspiración de enemigos extranjeros, incluyendo al árabe traidor, el sionista y los occidentales”. Esto puede leerse también como el primer reconocimiento de la falta de efectivos suficientes en apoyo del gobierno.

Por su parte, el líder de la oposición, sheik Moaz al-Katib, renunció el 24 marzo a su cargo, luego de que fuera electo Ghassan Hitto, candidato sirio-estadounidense apoyado por Qatar y la Hermandad Musulmana, para ser primer ministro de un gobierno de transición que comience a gobernar sobre los territorios liberados por los rebeldes. Al-Katib se declaró en contra de formar un gobierno de coalición, pues esa propuesta que además, incluía la reincorporación a la Liga Árabe y un mayor apoyo financiero, terminaría con Siria dividida en dos: una parte norte en manos rebeldes y otra en el sur bajo el régimen actual. EE.UU., a pedido del secretario general de ONU, investiga el supuesto empleo de armas químicas ocurrido en Khan al-Assal, cerca de Aleppo, donde murieron 26 personas, acusándose ambas partes de haber hecho uso de dichas armas.

Por último, en vistas a futuras operaciones de los rebeldes sobre la capital, EE.UU. y Jordania entrenan a los rebeldes para crear dos “zonas de amortiguación” (buffer zones) en la frontera sirio-jordana, de manera de asegurar el normal flujo de ayuda humanitaria. Además, el pasado 9 de abril, el líder del brazo armado de Al Qaeda en Irak, Abu Bakr Baghdadi, anunció la unión con el frente Al-Nusra, grupo rebelde que combate en el norte de Siria.

LA CAÍDA DE ASSAD: UNA MADEJA DE INTERESES

La caída del régimen de Assad no es tan simple como se podría esperar. Muchos intereses cruzados, internos y externos, hacen que la salida a la delicada situación siria sea como desarmar una bomba de tiempo.

En cuanto a las potencias más grandes, EE.UU. busca favorecer el aislamiento de Irán, sin intervención militar propia y tomando mayores precauciones que en Libia. La línea roja a franquear para una eventual intervención militar sería el empleo de armas químicas por parte de Siria o sus aliados. Por su lado, Rusia disminuiría su influencia comercial, poniéndose en duda la utilización del puerto de Tartus como base de abastecimiento. No obstante, favorecería su diálogo con Irán.

En el caso de Israel, una eventual caída del régimen de Assad dificultaría mantener el statu quo de las alturas del Golán, por enfrentar un gobierno de unidad con apoyo regional e internacional. Irán perdería un aliado y debilitaría su influencia en la región, cortando su vínculo con Hezbollah y facilitando la acción occidental en su contra. No obstante, tiene previsto un eventual Plan de contingencia con insurgentes. El vecino del norte, Turquía, reinstalaría su Tratado de Libre Comercio con Siria, incrementando su rol hegemónico regional y contribuyendo al aislamiento iraní. También incrementaría su diálogo con EE. UU. y su rol de mediador con Irán. Aunque buscan la reunión de los kurdos de ambos países, Irak no favorecería la instalación de una base de operaciones de suníes en Siria, para evitar acciones en su contra.

La derrota de Assad favorecería el poder suni en el gobierno sirio, lo que significa una disminución de la influencia política y militar de Hezbollah. El nuevo escenario facilitaría un nuevo balance de poder entre las diferentes confesiones. Esto tendría repercusiones para Arabia Saudita y los suníes del Golfo, quienes mantendrían el poder de su moderada hegemonía confesional dentro de la Liga Árabe. Favorecería también la disminución de la influencia de Irán y su intento de ser poder hegemónico. Se reduciría su apoyo de armamento a Hezbollah y a Hamas.

La salida de Bashar al-Assad del gobierno sirio facilitaría el acercamiento pro-occidental del país, alejándolo de Irán y de Hezbollah. La reunificación siria se haría bajo control suni, mejorando la relación de las minorías religiosas, entre ellas los kurdos.

FINAL ABIERTO

Al día de hoy, los combates no permiten determinar una voluntad que de manera manifiesta doblegue a la otra, a pesar de las 3.500 toneladas de armamento recibido por los rebeldes desde distintas fuentes. Además, cualquier resultado respecto de la investigación del empleo de Armas Químicas podría desatar un inminente final no previsto ni imaginado. Más aún, no obstante la elección de un forzado primer ministro, la oposición no encuentra una representación valedera que asuma la conducción política de la transición y de la reconstrucción posterior. A su vez, el gobierno de Assad supone que su situación le permite seguir en el poder y hasta prever elecciones con representación en 2014. Los rebeldes asumen que la masa de la población los apoya. Las potencias hegemónicas involucradas enfrentan sus intereses especulando soluciones que no afecten demasiado los propios y que no involucren mayores costos políticos y financieros.

Cualquiera fuere el caso, son más los interrogantes que enfrenta el pueblo sirio que las soluciones propuestas tanto por actores internos como externos. ¿Podrá el actual gobierno mantenerse en el poder o cómo podrá arreglar una salida sin juzgamiento? ¿Será necesario enviar una misión armada internacional, aún sin el consenso del Consejo de Seguridad y sin el apoyo de Rusia y China? ¿Dejará Irán que su principal aliado regional sucumba ante las presiones populares en instancias cercanas a una confrontación con Occidente? ¿Se extenderá el conflicto involucrando a Turquía, Arabia Saudita y Qatar, por un lado, y Hezbollah e Irán, por el otro? ¿Cuál será el rol de Turquía, la única potencia hegemónica islámica pro-occidental? ¿La OTAN reemplazará a la ONU? ¿Los rebeldes serán la base de un nuevo Al-Qaeda?

Insha’Allah (Quiera Dios) que prive la razón y la influencia del Secretario de ONU cuando expresó que “mantiene su posición de que la militarización del conflicto es contraproducente y que no conducirá a una solución”.

Cada día cobran mayor vigencia las palabras de Alcibíades en la obra “Timón de Atenas, de William Shakespeare: “Haré que la guerra engendre la paz, que la paz sostenga a la guerra y que cada una sirva de médico a la otra”.

(*) El autor es exagregado de Defensa argentino en Israel y experto en geopolítica de Medio Oriente