El Índice de ciudades más seguras 2015, elaborado por The Economist, nos ofrece un esclarecedor panorama de la situación de las principales urbes del planeta. Una de las categorías temáticas evaluadas fue la denominada “seguridad personal”. Nos focalizaremos en ella para conocer cuál ha sido el desempeño de las urbes catalogadas por Naciones Unidas como “megaciudades”.

videovigilancia

TOKIO Y OSAKA: desarrollo humano y equidad social

Tokio, con sus 38 millones de habitantes, es la megaciudad más populosa del mundo y también una de las más seguras. La capital japonesa se ubica en el segundo lugar del ranking, si consideramos sus niveles de delincuencia y de actividades ilegales, así como el grado de compromiso de la policía con el orden público. Con un puntaje casi perfecto, de 89.31 sobre 100, solo es superada por Osaka -ubicada a 396 kilómetros, en la isla de Shikoku- que obtuvo un puntaje de 90.2. Con una cifra total que no llega a los 30 asesinatos por año, la tasa de criminalidad de Tokio es de apenas 0,2 homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes.

La gran pregunta que nos hacemos cómo mantienen estos dos importantes centros urbanos nipones un índice delictivo tan bajo. La Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (UNODC), en su Estudio Global de Homicidios 2013, ofrece una explicación: “La tasa de homicidio del país está asociada a una sociedad estable y próspera, con bajos niveles de inequidad y altos índices de desarrollo”. Los investigadores, añade ese informe, atribuyen también ese registro a los “niveles extremadamente bajos de posesión de armas (1 de cada 175 hogares)” y al “rechazo de la violencia luego de la Segunda Guerra Mundial”, así como al “estigma que significa ser arrestado por cualquier delito en la sociedad japonesa”.

LONDRES: videovigilancia, mapeo del delito y control ciudadano

Otro de los grandes ejemplos exitosos en materia de seguridad urbana es Londres, que registró tan solo 93 casos de homicidios entre enero y diciembre del año pasado, frente a los más de 200 que se habían producido en 2001. El índice de homicidios se ha reducido a 1,3 por cada 100.000 habitantes, prácticamente la mitad del registrado en 2001, que había sido de 2,5 por cada 100.000 habitantes. Una de las claves, según apuntan los especialistas, han sido las más de 10.000 cámaras de circuito cerrado (CCTV) instaladas en todo el perímetro de la ciudad.

Mientras tanto, en 2008 la Policía Metropolitana de Londres puso en marcha el novedoso sistema de información georreferenciada Crime Maps, que permite cualquier vecino acceder, a través de Internet, a las estadísticas de delincuencia de su distrito y comparar su evolución en el tiempo. El objetivo fue permitir un seguimiento y brindar al ciudadano una herramienta para evaluar la calidad del servicio que prestan las fuerzas de seguridad. La iniciativa iba en línea con el programa “Barrios más seguros” (Safer Neighbourhoods), destinado a involucrar a los residentes de cada zona de la ciudad en la prevención y persecución del delito en su comunidad.

RÍO DE JANEIRO: progresos y desafíos de la estrategia “pacificadora”

Si bien sus índices de criminalidad siguen siendo altos (23 homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes) y están lejos de satisfacer los estándares del Primer Mundo, es innegable el avance registrado en los últimos años. En el índice elaborado por The Economist, la Cidade Maravilhosa ocupa el discreto puesto 38° entre las 50 ciudades analizadas, aunque dentro de Latinoamérica, es la tercera urbe más segura, detrás de Lima y Santiago de Chile. Tal como ocurrió con los preparativos para la Copa del Mundo 2014, los Juegos Olímpicos de 2016 serán una vidriera fundamental para demostrar que Río se ha tomado en serio el desafío.

A la hora explicar el fuerte descenso del delito en la segunda metrópoli brasileña, la UNODC destaca la experiencia de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), presentes en las favelas cariocas desde 2008. “Los oficiales de las UPP reciben una educación y entrenamiento especializado, específicamente en materia de derechos humanos y modernas técnicas de vigilancia policial, con el objetivo de controlar a las bandas (criminales) y promover una seguridad sostenible a largo plazo”, destaca el Estudio Global de Homicidios 2013 de esa agencia especializada de Naciones Unidas.

En la estrategia de “pacificación” de las favelas, la aparición en escena de las UPP se produce recién en la tercera fase del proceso, una vez que el territorio ha sido recuperado y estabilizado, misión que cumple la Policía Militar del Estado de Río de Janeiro (PMERJ). Como señalaba Robson Rodríguez, exjefe policial de las UPP y actual consultor del Instituto Igarapé, en una nota de opinión publicada en el blog del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en noviembre de 2013, el reto de las UPP –con “atribuciones poco definidas” en su diseño original– es contar con “objetivos, metas, indicadores y sistemas de monitoreo definidos”, pues “sin una mayor formalización, existe el riesgo de que se transformen en una ocupación de hecho”.

LA RECETA DEL ÉXITO

El poder de la tecnología, junto con el compromiso de la Policía y el patrullaje de las calles son elementos claves de toda estrategia de seguridad efectiva, según concluye The Economist. Se requiere, al mismo tiempo, de un buen marco regulatorio para “mitigar los riesgos” que atentan contra la vida en comunidad, entre los cuales el informe menciona la portación de armas y el uso de estupefacientes. Por último, la reapropiación del espacio público por parte de los vecinos y un Estado presente con sus servicios sociales completan el menú ideal para una mejor convivencia ciudadana, en el marco del respeto y la concordia.