La muerte del líder del Estado Islámico abre un nuevo capítulo en la historia de este grupo extremista, en el contexto de una región cada vez más convulsionada e inestable. Escribe Omar Locatelli / Especial para DEFonline

El presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció que en la madrugada del sábado 26 de octubre un equipo de la Fuerza Delta y del Regimiento 75 de Rangers de su país había irrumpido en Barisha, en el noroeste de Siria, para capturar al líder de Estado Islámico (ISIS). Su objetivo, Abu Bakr al-Bagdadi, estaba encerrado en un complejo habitacional junto a familiares y terroristas de su organización. Luego de varios días de vigilancia, un consejero suyo descontento facilitó información sobre su ubicación, lo que puso en marcha la operación. El paradero de Baghdadi se conoció a partir de la información proporcionada a las fuerzas de seguridad iraquíes por uno de sus asistentes capturados, Ismael al-Ethawi.

Al-Ethwi era un facilitador de confianza que proporcionaba la logística para ayudar a Bagdadi a moverse entre casas seguras en el área de Idlib, provincia ubicada en el norte de Siria-. Por su interés en la acción, fue catalogado como un participante comprometido e incluso entusiasta en la misión de captura de su jefe. Proporcionó detalles personales esenciales del solitario líder terrorista, incluido el hecho de que siempre viajaba con un cinturón suicida para poder detonarse si era arrinconado. El informante era una persona de total confianza de Bagdadi, a tal punto que a veces acompañaba a miembros de la familia para obtener atención médica. Esta situación permitió determinar la correcta información sobre la ubicación de líder terrorista.

En conferencia de prensa, luego de la reunión que mantuvo con el vicepresidente Pence, el secretario de Defensa, Mark Esper, y miembros del equipo de seguridad nacional, denominó a la acción como una “incursión nocturna peligrosa y audaz” que se llevó a cabo “con gran estilo”. Para concluir, dijo que: “Bagdadi terminó huyendo de las fuerzas estadounidenses que avanzaban hacia un túnel sin salida y detonando un chaleco suicida, matándose él y tres de sus hijos.” Y agregó que no murió como un héroe, sino como un cobarde “llorando, gimiendo, gritando y trayendo niños con él para morir en una muerte segura”.

Desde que se iniciaron las operaciones militares en contra del grupo ISIS en 2014, la captura o el asesinato de Bagdadi fue una alta prioridad en todo momento. Tanto así que en agosto de 2019, el medio de noticias Amaq, vinculado al Estado Islámico, informó que Bagdadi ungió a un sucesor, Abdullah Qardash. No obstante, ISIS nunca confirmó la decisión de seleccionar un sucesor y algunas agencias han disputado la autenticidad de la declaración de Amaq. Al respecto, es lógico suponer que ISIS comenzó a prepararse para la muerte de Bagdadi hace mucho tiempo.

Abu Bakr al-Bagdadi en su última aparición pública, en abril de este año. / Imagen: AFP

Abdullah Qardash, el nuevo líder

En principio, la muerte de Bagdadi no implica el fin del Estado Islámico. Entre los campos de refugiados en Siria se mantiene un ejército en la sombra de detenidos del Estado Islámico, que se estima en unos 12.000 combatientes y decenas de miles de familiares, que estaría listo para atender el llamado de un nuevo líder.

Mientras el grupo extremista lucha por recuperar la influencia y el poder tanto en Siria como en Irak, el ascenso del sucesor de Bagdadi podría conducir a divisiones y luchas internas que debilitarían severamente al Estado Islámico. Del mismo modo, el nuevo liderazgo también tiene el potencial de revitalizar el objetivo inicial del grupo de volver a constituir un proto-estado.

Qardash, que tiene raíces turcomanas, se graduó de la universidad de Ciencias Islámicas en Mosul y pertenece al distrito mayoritariamente sunita de Tal Afar. Apodado “el profesor”, sirvió en el ejército de Saddam Hussein como oficial. Después de la invasión y ocupación de Irak, liderada por EE. UU., y la posterior captura del dictador iraquí en 2003, Qardash se unió a muchos otros sunitas iraquíes para recurrir al extremismo violento.



“El ascenso del sucesor de Bagdadi podría conducir a divisiones y luchas internas que debilitarían seriamente al Estado Islámico”.


Al igual que Bagdadi, Qardash fue encarcelado en Camp Bucca, cerca de la frontera entre Irak y Kuwait, después de haber sido capturado por las fuerzas estadounidenses. Debido a sus vínculos con Al-Qaeda, se desempeñó como comisario religioso y jurista general de la sharia (ley islámica). Qardash y muchos otros futuros militantes del ISIS se encontraron por primera vez con Bagdadi y se vieron influenciados por su radicalización. En la prisión, añadieron a su nombre la referencia a su lugar de nacimiento.

Qardash, a quien por su reconocida militancia armada se le agregó el sobrenombre de “Destructor”, ya tenía el control del funcionamiento diario de la organización, luego de la sucesiva captura y muerte de los anteriores lugartenientes de Bagdadi.

¿ISIS sigue actuando?

No obstante, la muerte del líder del Estado Islámico no necesariamente liberará al mundo del accionar de esa organización. Al respecto, el jefe del Comando Central de EE. UU., general Frank McKenzie, dijo que no se extinguiría la ideología del grupo militante, incluso cuando el Pentágono tratará de mantener la presión para reducir su liderazgo con ataques selectivos a Siria. “ISIS es, ante todo, una ideología. No nos hacemos ilusiones de que desaparecerá con la muerte de Baghadi”, aseguró McKenzie. Agregó, además, que “a medida que ISIS busca un nuevo líder, sus acciones serán desarticuladas; sin embargo, nunca seremos capaces de eliminarlo por completo”.

Para finalizar, McKenzie expresó: “No vemos un futuro sin sangre en Siria después de la muerte de Bagdadi”. Su expresión se basaba en que las fuerzas estadounidenses permanecerán en el campo petrolero Conoco y en la base de Green Village, en el este de Siria, para evitar que ISIS reclame las reservas del petróleo sirio en territorio ocupado por los kurdos. EE. UU. también permanecerá en la base de Al-Tanf, a lo largo de la frontera con Iraq y Jordania, con la excusa de eliminar las resistencias de ISIS y con la intención de monitorear el accionar de Irán y su apoyo con armamento al Hezbollah tanto en Siria como en Irak. Además, la presencia de EE. UU. en la zona de Deir ez-Zor es parte de su plan en Siria, denominado “Petróleo seguro”, que consiste en asegurar el empleo de los dividendos de un recurso estratégico en apoyo a los rebeldes de ambos grupos.

Mientras la violencia y la inestabilidad generalizada continúen extendiéndose por todo el mundo islámico, siempre habrá nuevas generaciones de extremistas y nuevos líderes para intensificar y tomar el mando de tales proyectos. Sería un error esperar que ISIS pierda su relevancia como resultado de la muerte de Bagdadi. De hecho, existe una posibilidad real de que la organización terrorista se vuelva incluso más peligrosa en el período posterior a Bagdadi.