El comandante de la fuerza de élite de la Guardia Revolucionaria iraní fue
abatido en Bagdad, en un ataque ordenado por Donald Trump. ¿Quién fue y por qué era una figura tan influyente?

Qassem Suleimani, un experimentado militar que se encontraba desde hace 22
años al frente de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, era
considerado el cerebro detrás de las alianzas que le permitieron a Teherán
expandir su influencia en un vecindario muy convulsionado. Este general de 62
años, enemigo declarado de los EE.UU. y del “régimen sionista” –tal como la
dirigencia iraní se refiere a Israel–, funcionaba como una suerte de procónsul
iraní en el complejo ajedrez de conflictos regionales. Tal como afirmó el general
estadounidense Stanley McChrystal en una columna publicada en Foreign
Policy, “Suleimani ya no era un simple soldado, sino un estratega prágmatico y
calculador”.

Entre sus principales logros, cabe mencionar la consolidación del grupo
dirigente chiita que gobierna Irak desde la retirada de EE.UU.; el fortalecimiento
de la milicia libanesa Hezbollah fronteras adentro y su expansión hacia la
vecina Siria, donde la participación iraní fue clave para la derrota del Estado
Islámico y el resurgimiento del régimen de Bashar Al Assad, que hace apenas
un lustro parecía estar contra las cuerdas y ha vuelto a controlar la mayor parte
del territorio del país.

Procedente de una humilde familia de la provincia sudoriental de Kermán,
adhirió desde muy joven a la Revolución Islámica del ayatolá Khomeini e hizo
sus primeras armas en la guerra Irán-Irak (1980-1988). Este veterano de mil
batallas se movía con gran secretismo y evitaba exponerse públicamente.
Según el Departamento de Estado de EE.UU., se valía para sus traslados fuera
del país de la aerolínea comercial iraní Mahan Air, que lo ayudaba sortear los
procedimientos y controles habituales.


La figura de Suleimani fue clave en el fortalecimiento de Hezbollah
dentro y fuera del Líbano, en la consolidación del poder chiita en el Irak
post-Saddam y en el sostenimiento del régimen de Assad en Siria.


La suerte, sin embargo, le fue esquiva en la madrugada de este viernes 3 de
enero, cuando el vehículo en el que se desplazaba hacia el aeropuerto Bagdad
fue pulverizado por un ataque con drones ordenado por EE.UU. El asesinato de
Suleimani se produjo apenas dos días después del asalto y ocupación
temporaria de la embajada de EE.UU. en Bagdad, perpetrados por militantes
del grupo chiita iraquí Hashd al-Shaabi (“Fuerzas de Movilización Popular”). El
líder de esta agrupación, Abu Mahdi al-Muhandis, también murió en el ataque
que acabó con la vida de Suleimani.

Tras la muerte de Suleimani, el mundo se encuentra en vilo ante una posible respuesta de Irán ante Estados Unidos. Foto: Archivo DEF.

El general Suleimani una persona de estrecha confianza del jefe supremo iraní,
el ayatolá Alí Khamenei, y su poder era superior al de cualquier otro funcionario
del régimen. En un minucioso artículo publicado en septiembre de 2013, el
cronista de The New Yorker, Dexter Filkins, lo definió como “el agente iraní que
estaba moldeando un nuevo Medio Oriente” y lo describió como un avezado
político y una líder militar ocupado en eliminar rivales, en suministrar
armamento a sus aliados y en comandar una red de milicias a lo largo de toda
la región.

Su asesinato a manos de su mayor enemigo, EE.UU., acaba de convertirlo en
un nuevo “mártir” de la “guerra santa”, al que la República Islámica de Irán
despedirá con los honores de un jefe de Estado. Por lo pronto, el ayatolá
Khamenei, máxima autoridad política y religiosa del país, acaba de declarar
tres días de duelo nacional y afirmar, a través de su cuenta de Twitter, que “la
Jihad de la Resistencia no se detendrá y que la victoria final es el destino que
espera a los guerreros que emprenden este sagrado camino”.

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Mariano Roca
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Se desempeña desde 2006 como integrante de la redacción de la revista DEF y ha colaborado con distintos proyectos editoriales en TAEDA.