El Informe Mundial sobre las Drogas 2013 ubica a Sudamérica como un creciente mercado de consumo de cocaína, en formas menos costosas como la “pasta base” y el “crack”.

La mayor preocupación del Informe Mundial de Drogas 2013 está dada por el número de nuevas drogas psicoactivas notificadas por los Estados miembros a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). El número de ese tipo de sustancia se elevó de 166 a finales de 2009 a 251 a mediados de 2012, un aumento de más del 50 por ciento. Por primera vez, el número de nuevas drogas psicoactivas supera el número total de sustancias bajo el control internacional que es de 234.  Este fenómeno presenta un reto enorme para el sistema de fiscalización internacional de drogas, debido al crecimiento infalible de estas sustancias, la velocidad y la creatividad del fenómeno.

Mientras tanto, el uso de las drogas tradicionales como la heroína y la cocaína parece estar disminuyendo en algunas partes del mundo. En Europa, el consumo de heroína parece estar disminuyendo. Mientras tanto, el mercado de la cocaína parece estar expandiéndose en América del Sur y las economías emergentes de Asia. El cannabis sigue siendo la sustancia ilícita más consumida en el mundo. Mientras que el consumo de cannabis claramente ha disminuido entre los jóvenes de Europa en la última década, hubo un ligero aumento en la prevalencia de consumidores de cannabis (180 millones o 3.9 por ciento de la población de 15 a 64 años) en comparación con las estimaciones previas en 2009.

Por su parte, la superficie mundial dedicada al cultivo de hoja de coca ascendió a 155.600 hectáreas en 2011, prácticamente sin cambios respecto del año anterior. Bolivia experimentó un descenso del 12% en el cultivo de hoja de coca, que la ONU atribuye a “los esfuerzos del Gobierno por erradicar los arbustos de coca, específicamente en los parques nacionales y otras áreas en las que el Gobierno prohíbe su cultivo”. Elogia asimismo la denominada política de “racionalización”, consistente en una reducción voluntaria que surge de las negociaciones con los campesinos cocaleros en aquellas áreas en las que las leyes nacionales permiten y regulan este tipo de cultivos. Mientras tanto, en Colombia se registró un leve incremento del área cultivada, aunque la ONU aclara que ha cambiado la metodología estadística respecto del anterior informe. En Perú, por su parte, la superficie cultivada total se redujo de 64.400 a 62.500 hectáreas.

Las estimaciones respecto de la producción de cocaína de máxima calidad oscilaron de 776 a 1.051 toneladas en 2011. Las mayores incautaciones de cocaína del mundo se siguieron registrando en Colombia (200 toneladas) y EE.UU. (94 toneladas). Sin embargo, ha habido indicios en los últimos años de que el mercado de cocaína se ha ido desplazando a varias regiones que antes no se asociaban al tráfico o al consumo. Esta droga es actualmente consumida por entre 13,9 y 20,7 millones de personas. En todo el planeta la ONU calcula que en 2011 se produjeron entre 776 y 1.051 toneladas de esta sustancia, una cifra que permanece estable frente a años anteriores. La demanda ha declinado de forma significativa en Norteamérica y se ha estabilizado en Europa, pero ha aumentado en América del Sur.

“Grandes cantidades de cocaína continúan siendo contrabandeadas desde Sudamérica, principalmente Colombia, hacia EE.UU., con Ecuador, México y los países de Centroamérica como lugares de tránsito”, advierte la ONU, que añade que “la ruta del Atlántico habría ganado importancia respecto de la del Pacífico”. El informe se detiene en un análisis de la situación estratégica de Brasil, que comparte amplia zona fronteriza con los tres mayores países proveedores de cocaína (Bolivia, Colombia y Perú), tiene una extensa línea costera hacia el Atlántico, registra “significativos niveles de consumo tanto de cocaína como de crack” y “cumple un rol importante en el mercado global de la cocaína”. En números concretos, se indica que en 2011 el 54% de la cocaína que circuló por territorio brasileño provino de Bolivia, mientras que el 38% tuvo como origen Perú y el 7,5%, en Colombia. “Brasil es también un punto de tránsito de los envíos de cocaína hacia el África Central y Occidental y hacia Europa, especialmente la Península Ibérica”, añade el informe, que atribuye este fenómeno a “los lazos culturales y lingüísticos con Portugal y los países lusófonos de África”.